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Quiero Dejarme volar

Una típica novela de espionaje, formidablemente ambientada en los años de la guerra fría. El protagonista, un agente de la Scotland Yard, un hombre maduro y bien parecido, con dotes de donjuán, realizaba las misiones más estrafalarias, obteniendo siempre un resultado exitoso. Su labor consistía en enredarse con siniestros personajes del mundo del hampa y el terrorismo, a los fines de desarticular, los hilos, movidos desde las sombras, por políticos inescrupulosos ligados al comunismo. Entre tanta acción, el autor de la novela, mechaba, con astucia de zorro literario, complicaciones de índole amorosa. Alguna mujer de la Europa Oriental, aparecía con rostro angelical, para engatusar al héroe en cuestión. Las pocas páginas dedicadas a este nudo narrativo, servían para humanizar más al agente, emparentándolo, aún más, con los probables lectores. Antes de terminar la lectura de los tres primeros capítulos, y por tanto de apagar el barato velador que iluminaba mis noches, reparé en el tiraje de la edición del libro. Un número considerable. Es lo que la gente quiere leer, me exclamé con sumo convencimiento. Una historia sencilla, ágil, dinámica, con un poco de amor, mucha traición y con un saldo victorioso para el protagonista. Está bien, la cosa funciona así, pensé antes de dejarme vencer por el sueño. Claro que me gustaría que algunos de mis textos se transformen en éxitos literarios, pagando cualquier precio. Menos el de traicionarme a mí mismo como escritor, es decir, escribiendo para un supuesto público que condicione lo que deseo transmitir. Fue lo que finalmente analicé, para luego, ingresar en un plácido, y merecido descanso que se interrumpiría por un sueño extraño
yo estaba dentro de una cueva, al estilo cavernícola, comía, dormía, y tenía en la mano una gran lanza. De repente, veo una chica, con una especie de taparrabos, que fuera de la cueva, miraba detenidamente un árbol. Lo escrutaba, lo rodeaba. A mí me pareció hermosa. Sus cabellos negros al viento y una dulce mirada de niña, en un rostro de mujer. Me vinieron ganas de salir a buscarla. Más allá de una sensación primigenia, de contrariedad, una mezcla de temor y de dudas, finalmente opté por salir raudamente al encuentro con ella. La tomé de la mano, subí al árbol, y pude escoger los frutos, que tan detenidamente la chica miraba. Caminamos juntos, subimos colinas, atravesamos montañas y ríos. Magistralmente, con su compañía, me alejaba de la cueva, en la cuál me encontraba. Llegamos a una especie de campiña, y con diferentes objetos, que lanza en mano, fui consiguiendo, logré armar una casa, que nos diera guarida. Lentamente el campo que ocupábamos se fue poblando, de otras personas, que se iban asentando. Cuando pude observar con tranquilidad, conformábamos una comunidad, con cientos de integrantes. Con algunos de ellos, iniciamos una expedición. Tras llegar a un atalaya, pudimos ver, que bajo esa colina, se extendían diferentes castillos, de gran porte, que conformaban una especie de comunidad desconocida. Yo parado, en una gran piedra, agité mi lanza y exclamando gritos incomprensibles, dirigí a mis compañeros a la toma de esos castillos.
Fui criado y educado en una sociedad, con un caldo de cultivo excelente, para este tipo de lazos de amo-esclavo, que se fomentan a nivel social y familiar. Que te demarcan un rumbo claudicante, obediente y esclavizante. De todas maneras, debo eliminar ese concepto, porque mi deseo no consiste en pasar de esclavo a amo, mi deseo consiste en vivir libremente, con relaciones de respeto, en donde se valoren los principios de la claridad y la franqueza, sin temores totémicos, que me impidan avanzar, por una senda, en donde me pueda hacer cargo de lo que hago y lo que dejo de hacer, sin poner culpas, y sin vivir arrastrando conflictos irresueltos, que aten mi vuelo.
La nada, el dolor y las preguntas
¨ El hombre es el ser por el cual la nada vino al mundo. ¨

J. P. Sartre

Al salir de la sala caminé cabizbajo, no tanto por resignación como por responsabilidad, mis espaldas cargaban un peso, el cual sobrevino en forma repentina, de ahí mi poco acostumbrado andar, un tanto meditabundo y cansino en la apariencia, vital y desbordante de algarabía en relación a mi interioridad. Lo que me resultaba un poco penoso era el hecho de que realmente me estaba habituando con interesante apego a lo que hasta no hace mucho todos estábamos convencidos de que era mi vida. Quizá los dolores de cabeza jugaban el papel de síntomas, o los ligeros malestares estomacales que en el momento gamma decían presente, tenían la intención de transmitirme algún presagio. Un torrente de dudas, acompañaron, a las primeras inquietudes que se me habían hecho presentes¿ y los treinta y dos individuos con la misma particularidad, de qué modo reaccionaron, estarían enterados, hasta qué punto esto representaba un real peligro para la buena salud del sistema?, pero ¿qué representa el sistema, si de algún modo, falló a su lógica de invulnerabilidad?,¿ falló realmente?, ¿ qué seguridad puedo llegar a tener si, según parece estoy enfermo, por ende mis planteos serán erróneos?, y si son erróneos y ponen, por intermedio mío, en peligro a un estado de cosas, positiva para la generalidad, ¿por qué entonces optaron por decirme la verdad en vez de tomar otra actitud, como obviarme, evadirme, eliminarme?, ¿no será que el decirme la verdad representa una actitud camuflada?, ¿qué significan estas preguntas que no me las puedo contestar y sin embargo me las sigo haciendo?. Las preguntas, que en ese momento eran como clavos para un aspirante a fakir, seguían revoloteando en mi cabeza, pese a tratar de olvidarlos ingiriendo un vaso agua, se negaban a retirarse, algo me decía que yo era un número al que nadie había apostado nada y que en medio del juego aparecía repentinamente con todas las de ganar.                     
Literatura Extrema


Palabras, vocablos que se repiten inútilmente. Sí, nada más que conceder un profundo agradecimiento al existir, la perfecta respuesta que pretende el prestidigitador, claro que si es en forma crítica reirá a sus anchas.

Te preguntarás, porque lo hago entonces, que mensaje le puedo transmitir no solo a el, si no a mi mismo, él único, el verdadero, que estoy y sigo por su arte que la humanidad prestidigitada llama inercia o a caso el supuesto ser humano único e irrepetible creado a imagen y semejanza, vive enteramente ya sea positivas y negativas todas las experiencias que en conjunto se llaman vida.

O es mentira que todas las vaginas poseen flujo o que todos los cuerpos libran adrenalina o que todas las sensaciones son tan vivenciales como para no perdérselas, no te das cuenta que esta imagen, no reserva más que viles engaños que nos hacen disfrutar, tanto en las buenas como en las malas, lo que se nos brindo, sin que nadie lo haya exigido.
Sí, así de simple como suena, se preguntarán a cerca de los recuerdos, los sentimientos y demás, pero que placer tan póstumo y elegante siento al contestar que jamás estos me vencieron. Si poseen una esencia tan ordinaria como para estar presente en el sinnúmero de individuos, que más allá de que puedan adquirir bienes materiales, popularidad, lujo, confort o simplemente tranquilidad familiar, movilidad laboral, distracciones nocturnas o el poder apreciar el gusto de un exquisito alimento o el aroma de una mujer, como se pueden atrever a intentar conquistar a un fóbico de lo común, que además de ser analíticamente introspectivo se caracteriza por sus inocultables engreimientos de invencible. Lo más interesante es que las víctimas de su propia mediocridad, las cuales al no conseguir aquel conjunto de vulgaridades, se enfrentan al develamiento de la ilusión que es nada más ni menos que el enfrentamiento a la nada.

Claro dirás que todas las experiencias al confabularse con las circunstancias reservan ese gustito a particular que nos hace pensar por sobre la masa, como el ser elegido o único e irrepetible.

Pero que ingenua es la humanidad, que esencia barata, que misma advertencia se puede dilucidar proviene del ser.

Que grotesca ingenuidad, que maravillosa payasada es todo lo que observo y lo más triste de todo es que precisamente esto lo que te digo solo durará en ti el mismo fractal de tiempo que un orgasmo.

Y con todo esto por si tu zoncera es más profunda aún, te quiero decir que tomes tu existencia como el especialísimo particular que te consideres y vayas a persignarse ante las figuras que te indican el camino o te arrodilles ante esa fuerza que tu consideras especial y luego cuando acabes con la fausta pantomima, y con la más profunda convicción digas que lo que yo afirmo es una locura de un enfermo espiritual. Eso sí el día que lo que afirmo es una locura de un enfermo espiritual. Eso sí el día que te topes con un obstáculo y tu inteligencia no logre movilizar a la fé, no solo pido que te golpees por ser tan poco pensante ni tampoco solo exijo que te auto flageles por considerarte un objeto de alguna perdida ilusión. Además te rogaré que tomes esto texto y al acabar con el envíes una oración.

No se si para reír o para llorar, pero lo importante es que así aprenderás que solo tú puedes salvarte por lo menos aquí, que es el sitio de donde te escribo, igual a todos y cada uno de los sitios, reales o inimaginables.


MARIONETA (VERSO BLANCO)

Al ver asomar una pálida luz

Los temidos espectros en tierra reinaban

Bajo llantos y vestidos de sangre con fuerza me sacaron

Costumbres y modos sin detrimentos imponían

Sometido a vil debilidad, avance obstáculo tras obstáculo

Maniáticos de la procreación resultaron ser

Cada temor una queja despertaba, las ilusiones devenían en lúgubres noches

Conseguían saciar la gula de sus caprichos

Durante años coseche la importancia del dolor y ante tanta obscuridad una luz traicionó

Transitaban bastos senderos, levantaban con herejía ambiguas banderas

Mi lucha acrecentaba como cascada las piedras de argumentos

Nadie juzgaba a las pendencieras, ególatras y soberbias, diseminaban su hez

Con el mal mayor me topé y demostraron su inabarcable poder

Ser un líder como pena mayor, por pura perfidez

Pese a intentar un desertor del destino ser, jamás opción tuve

Disputas intestinas poseían y me otorgaron un mando

Mis temores, dudas y vergüenzas canjeados fueron

Oropeles, signos y uniformes a cambio recibí

Por mi deber, imposición mediante, mi alma recicle y bajo una máscara

Teñida de espanto y de dolor un cometido cumplí

A las miserables y abyectas criaturas nada les importo

Y como un ogro feroz mi imagen en la tierra se difundió

¿Quién podrá sacarme el espanto y el dolor, de haber sido una burda marioneta?

Recompensarme por tanto sacrificio ajeno, y aun tener que ver como los millones de insectos

Que dolor, espanto y responsabilidad me dieron, siguen viviendo amparadas bajo

Las bondades del sol.
El voto no se pide, se gana y mucho antes de las elecciones.

Existe cierta violencia discursiva que produce el escuchar a ciertos personajes de la política, que tuvieron responsabilidades de gobierno en diferentes frentes y pactos que alcanzaron el sillón de Ferré y que formaron parte de partidos, que fueron socios activos de los golpes de estado. No podemos quedarnos de brazos cruzados sin reaccionar, al menos discursivamente, antes quiénes no sólo se rasgan las vestiduras, sino que lisa y llanamente, se ríen en la cara de todos y cada uno de nosotros.
En política no existen los absolutos, mucho menos la ética (lamentablemente), pero para algunos existen las convicciones.
Ninguno de los que nos consideramos buenas personas o bien-nacidos, declararía alguna vez que viene trabajando por la pobreza, sin antes no realizar un informe detallado de lo que realizo para combatirla, mucho meno sí ha sido funcionario de gobierno, tanto el que suscriba o su cónyuge. 
Ninguno de nosotros, ocultaría su declaración jurada de bienes, y por convicciones defenderíamos cualquier gobierno que haya accedido por el voto popular, sosteniendo un proyecto nacional y popular,  más allá de aciertos y errores, pero nunca formaríamos parte de un partido golpista, y en tal caso, sí lo hicieron nuestras generaciones anteriores, pediríamos perdón público por los errores de nuestros abuelos antes de hablar de nuestros nietos.
No nos asustamos que utilicen a Dios, como utilizan a nuestra Virgen de Itatí y al Gaucho Gil, para crear lazos de identidad, aunque más no fuera por el color insignia de ciertos partidos, nos asustamos eso sí, que a través de la más virtuosa estrategia diabólica, de hacernos creer que el mal no existe, se intenten travestir de políticos preocupados por lo más fundamental, cuando nada hicieron y hasta se podría sospechar que se beneficiaron o usufructuaron de las mieles del poder, para provecho de unos pocos en desmedros de los más, que en tiempos de campaña dicen querer defender.
Lo más lamentable de todo, es que aún así, pidan a la ciudadanía que les confíe el voto. El voto no se pide, el voto se gana, a través del convencimiento de las acciones que uno realiza, no por la apelación a temores, a Dios, o a imperativos, como en su momento fue el pavor que generaban las votas de los militares, algo que debe producir nostalgia en muchos y que lo intentan regenerar, por intermedio de palabras tan falaces, que suenan como disparos de fusiles en las entrañas más profundas, que no son ni más ni menos que el burlarse de la esperanza de los pobres, sin ningún tipo de prurito o de incomodidad, a los efectos de garrapiñar algún votito más.

Hombres y mujeres que aparecen en tiempos de elecciones, pidiendo lo que nunca devolveran, porque solo viven de esa oportunidad demoniaca de robar esperanzas, expectativas e ilusiones, como satanas susurra la mala accion en los oidos de sus victimas, cada tanto y puntillosamente.
Mientras menos se hable de el, mas ventajas tendra, como la maldad de un ser humano o la mentira de un politico falso.
De la libertad y otras yerbas


El precio de la libertad, no tiene que ver con ser autónomo o independiente. Ganarse el pan, por intermedio de un sueldo, es sumamente digno, deja de serlo, cuando el que paga, requiere sexo a cambio, que le ceben un mate (sí es que uno no fue contratado para eso) o que se entreguen a algo, de lo que uno no esta convencido. Uno también puede ser autónomo, pero agachar la cabeza ante el primordial inversor, tampoco es señal de haber adquirido libertad.

En definitiva, es una cuestión de elección, allí radica la verdadera libertad. Muchos optan por lustrar zapatos, y son designados ministros, subsecretarios o legisladores. Las vacilaciones que detentan, ante cada paso que deben dar, los develan, pero bueno sí son felices así, bienvenido sea.
Los que buscamos otra cosa, más allá de no saber sí llegamos a fin de mes y descubrir a grandes personas, como es mí caso, que entienden la situación, al menos podemos escribir con total sinceridad, lo que nos ocurre, sin tener que consagrarnos a lo que nos dicten.
Carece de absoluto sentido que hablemos de los muchos que no comen ni trabajan. Ni siquiera pueden leer el número de la boleta que tienen que meter en la urna, menos podrán comprender un texto, estos extranjeros dentro de la propia tierra, destinados a servir y satisfacer los deseos, de quienes tenemos la oportunidad de saber que existe la civilización.
Habrá que dirigirse a quienes se suicidan o se exilian, ya que si bien ambos se evaden, lo hacen en la medida de ser concientes que habitan en la barbarie. Tamaña empresa la de convencer a los que piensan en quitarse la vida, más allá de sugerirle un psiquiatra, nada garantiza que la promesa cristiana del edén celestial o la cruda realidad de la nada que hay más allá de la muerte, prevalezca una sobre otra. Una apuesta límite, como las muchas que se hacen en los tantos casinos de nuestra tierra, rojo o negro, lo que quedo del sueldo. Claro que de las deudas se sale, o al menos uno se puede esconder de sus acreedores, el suicida sin embargo, se juega su última carta. Escapa de su infierno individual que también es un infierno social (Durkheim, está bien es verano, y leer no paga, un tipo francés, que no tenía nada mejor que hacer, en realidad en Francia desde hace mucho, leer paga y muy bien, llevo a cabo un estudio sociológico sobre el suicido, y concluyo que tal acto es social y no individual). Esta gente que se mata, más allá de las habas que se cuezan en sus hogares, debe cansarse también del infierno correntino, llamas ígneas como conseguir trabajo por obra y gracia de la palanca, soportar el inmodificable curso de los acontecimientos de una sociedad conservadora, en definitiva, se debe hartar que no exista la posibilidad de realizase como persona, sin transar con el sinfín de indignidades por todos conocidas.
Un mundo que miente, descaradamente, que pide lo que no es, que no se cansa de exhibir esa faceta hipócrita, pérfidamente engañosa, ese dogma inspirado en las mejores argumentaciones para el engaño.
Y todo para que, para escuchar esa voz interna, que sabe que me esta mintiendo, que me provoca, con su supuesta dulzura, de que no hay que pensar en estas cosas, sólo en mañana, en lo mejor, en el bien, en todos esos conceptos, que esa misma voz ha fabricado, que no existen.
Un bálsamo para el ardor del alma, sería directamente, no sentirlo, no tenerlo, no padecerlo, esa misma sensación que otros describieron como náusea, que la filmaron con el color de una pastilla, un error en el sistema, una burla del prestidigitador, una continúa invitación a dejarlo todo, a pensar que nada será tan duro, tan cruel, tan desamorado.
Y no se trata ni de escupir mierda, ni vomitar negativismo, ni mirar medios vasos, vendría a ser como una enfermedad, uno no elige esto, sucede, no sé si antes de que uno nazca, en el algún momento, y mucho menos pueden existir culpables, retaceos, no probar con tratamientos, no haberse enamorado o no haber tenido los padres adecuados, quizá solo sean partes que no son la suma del todo.
Algo similar le ocurre al que se va de la tierra que lo vio nacer. Por lo general, huye con destino a una gran ciudad. No tanto por las luces de la metrópoli, ni siquiera en tren de alcanzar oportunidades laborales. El que se exilia, busca un lugar, donde el zapatero, el florero, el laburante, el día de mañana, por cierto talento y una dosis de suerte, pueda alcanzar la añorada realización. En Buenos Aires, abundan estos casos, y no necesariamente, porque sean más los habitantes. Ayer uno pudo haber estado vendiendo churros o chipa en una estación de tren del conurbano, y mañana, quién sabe, por ahí consigue un préstamo y se pone una pyme, o quizá pegue en una convocatoria de las tantas que realizan fundaciones y asociaciones, que no están para lavar los subsidios de los políticos.
Las soluciones o respuestas, sólo provienen de las sociedades que desean y anhelan cambios, pero para ello, primero hay que saber que existen otros modos, otras formas de vida, que los infiernos cotidianos, claro que se precisa, para sortear este segundo eslabón, el conocimiento o las ganas de ello, y como se dijo, esta es un simple muestra, que demostrará el poco interés que existe, en una sociedad determinada, de replantearse al menos, aspectos críticos que manifiestan, en conjunto sus ciudadanos.
“Pareciera que aquellos que optan por el frío de las cadenas, pretenden vivir en un estado ilusorio, en paisajes de fábulas, decoradas por siniestras metáforas. Ese laberinto plagado de mentiras, minado de falacias y forjado por el engaño, amenaza con ser el hábitat por naturaleza del hombre de los tiempos que corren. El Hombre libre no pretende alzarse con una verdad, no se cree en ellas, no es patrimonio o intención utilizar la crítica como finalidad, se anhela la concreción de efectivas respuestas a oportunos problemas. No es deseo de liberto de alma, el abanderarse en perspectivas políticas, económicas o religiosas, se apoyamo la frase definir es limitar. No se busca las banas luces de las cámaras, ni la gloria de la eternidad, la lucha de un ser libre no posee objetivos determinados o alcanzables. La Libertad ronda, como cuál aparición fantasmagórica por sobre una cruel realidad, para cuando el fantasma tome entidad, será demasiado tarde, tal como acostumbra a llegar quien tiene la posibilidad y la desecha, por miedo, temor o falta de arrojo
La Venta de Humo en la política

La mano del hombre, entre tantas cosas, ha obtenido en la técnica, un brazo imprescindible, que le permite recrear o regenerar lo natural, por intermedio de artificios o simulaciones. Jean Baudrillard, un ensayista Francés, describe en sus diferentes textos, de que manera lo artificial, la reproducción de lo natural, se transformó en nuestra actualidad, en lo real, en lo auténtico, en lo valedero.

 

En la guerra del Golfo, el primer ataque a Irak, Baudrillard, despertó del ensueño a los cronistas y al público, señalando que tal conflicto bélico no se había producido, lo que en realidad hubo de ocurrir, fue un teatro de operaciones de simulacro, meramente virtual.

 

Claro que al lector común, esta apreciación le sonó como música para sus oídos. Existía un culpable, el águila imperial, que pérfidamente engañaba al mundo. Lamentablemente para esos lectores de billiken, para el ensayista Francés, para los conceptos que vertía, él análisis era más amplio, contemplaba las conductas del hombre contemporáneo, del ciudadano común de hoy en día.                

 

Los que prenden hasta el hartazgo los fuegos artificiales, para festejar la natividad de Jesucristo o el año nuevo, en realidad lo hacen por el mero hecho de hacerlo. Porque es una tradición, porque al otro día no se trabaja, porque se come y se toma mucho. Porque se ven esas caras que sólo en ese tipo de cenas se observan. 

La realidad se oculta detrás de máscaras, como las del carnaval, que nosotros mismos ayudamos a consolidar. Nuestra actitud cómplice, fomentada y difundida por mercenarios de la comunicación, nos sentencian a eternizarnos en este mundo de fábula y mentiras.   

Baudrillard, narra que el sida es una enfermedad paradigmática, dado que en el acto íntimo de una relación sexual, uno debe intermediar con un preservativo, al hacer el amor sin protección, podemos contraer una enfermedad terminal cómo traer un hijo al mundo. La técnica siempre es determinante en estos tiempos que corren. No deseo ir muy lejos, pero sin los recursos tecnológicos, quizá no escribiría esto.

El problema no son los fuegos artificiales, existen y quién se divierte con ellos adelante, lo único que hay que tener en claro es que duran muy poco, y largan mucho humo. Cómo los políticos con alta presencia mediática y sin propuestas, cómo los eméritos doctos que defecan en la ética, cómo los artistas e intelectuales que brillan por la mera provocación o por el roce social, cómo los miles de súbditos que por unas migajas no conocen lo que es la libertad.

A algunos tontos, puede que nos llegue una cierta molestia, por el estado virtual de las cosas, pese a ello, somos rehenes del sistema de salidas temporarias, que nos brinden la certeza que nunca podremos obtener pero que estamos condenados a buscar. Abrazando la tecnología que nos costará el exterminio de nuestros recursos naturales, construimos redes sociales, virtuales, donde, más allá de la comunicación y de la exposición pretendemos mposibles, como tomar cervezas, comer rosquetas, fumar cigarrillos, pertenecer a grupos, militar causas, todo, por intermedio de un click.

Cuando en una determinada mayoría, el amor real, duele tanto, que se prefiere establecer un vínculo cibernético, manteniendo sexo y despertando en los protagonistas sentimientos serios, por más que no existan intercambios de fluidos, esa mayoría genera una realidad, antes inexistente, que debe ser considerada como tal, independientemente de lo que parezca a ojos de quiénes se manifiestan en la vida con otros parámetros.

Los griegos que nos legaron la democracia, consideraban natural no sólo la homosexualidad, sino que se sospecha (al menos etimológicamente) que la pedofilia era socialmente estimulada. Foucault murió de Sida, dejándonos como herencia sus textos.

Quizá nuestros sistemas actuales, que nos movilizan a vivir tras una pantalla, desde la sexualidad, hasta el amor, pasando por la militancia política, sea una manifestación clara, de que en realidad lo que no controlamos, o se ha salido de nuestro control o de nuestras intenciones concientes, es un sistema de político, administradas por meros oportunistas que ni siquiera reconocen que no se pueden controlar ellos mismos y por tanto difícilmente, desde lo conciente, puedan cambiar las cosas para bien en nuestra comunidad.

No solo quemando algo se produce humo, o mediante hielo seco, tambien fumando y mas alla de que el tango lo defina como un placer, se sabe mediante la ciencia que el costo tras una bocana es muy alto para la salud de quien lo haga, por mas que en el momento de hacerlo no lo parezca. Como la politica y los politicos vendedores de humo, duran un ratito por mas que para ellos sea una eternidad.
Doña Norma

La mujer corneadora, tiene diferente estima social, que el hombre que ha decidido romper el contrato marital, moralmente. Síntoma indisimulable del machismo recalcitrante, que sostiene en parte el cariz cultural de nuestra sociedad. La primera es una golfa, una prostituta, una mujerzuela que padece ninfomanía. El hombre, en cambio, y tal como lo afirmamos, merece hasta una mirada de congratulación, esta bien y es lógico, que pueda discernir entre la institución del matrimonio y sus deseos sexuales, que se concretan, por lo general, con jovencitas recién salidas de la adolescencia.

Se infiere de tal mecanismo de pensamiento, que la mujer es un objeto, según el panóptico (el edificio transparente, desde donde todo se podía ver, creado en teoría por Bentham) donde se acodan las autoridades sociales, una mina no puede engañar a su marido, por más que este no la satisfaga sexualmente, la golpee, la humille o no la quiera. Independientemente de las razones o evidencias que la fémina posea, terminará siendo una ligera, bombacha veloz e interminables epítetos irreproducibles.

Una de las razones por las que no existe, una expresión feminista, o de defensa de problemas de género fuerte o afianzado como en otros lugares del país, en nuestra provincia, consiste en que la mujer es por lo general más machista que el propio hombre. “Que tenga noma sus guaynas”, es una frase muy escuchada en casas de cincuentonas, que preparan lustros antes, la celebración de las bodas de plata. Las mujeres corneadoras, desaparecen de los lugares que frecuentaban, muchas optan por irse fronteras fuera, para evitar las miradas ignominiosas y lacerantes, que le pueden propinar, escapando del mote de “locas” que las perseguirán hasta el fin de sus días.

La asociación, burda y precaria, con respecto a la mina infiel, es que si lo cago a su marido una vez, es porque le gustan los miembros de toda clase y en todo momento. Por más que suene ordinario, lamentablemente, es así, y mucho peor.

El paroxismo de la estupidez, lleva a cabo la propia mujer golpeada, que acepta tal situación, cuál si fuera un karma divino en su vida, o poniendo como excusa, para no denunciar al animal (no hay otro término que defina a esta clase de casi-sujetos) las relaciones que este tendría con el poder de turno, para salir indemne del problema.

La mina que sale con un tipo casado, no posee obstáculos recriminatorios, se transforma en un elemento más de la realidad socialmente aceptada. Lo que no sabe, en su momento, la por lo general, joven damisela, es que se pone, ella sola, el cartel de objeto. Al sumar años, y por tanto, ante el decaimiento natural de su figura, percibe lo tragicómico de su papel, pese a que haya podido solucionar problemas materiales (económicos), se reconoce como una estampa secundaria, a la que le hubieron de prometer un primer lugar, que nunca llegó. Claro, al mirarse al espejo y observarse de tal forma, ya hubieron de pasar una buena cantidad de años, y el círculo vicioso se vuelve a iniciar, teniéndola a la mentada, en el lugar de víctima y no como otrora, en la posición de victimaria.
A grandes rasgos, podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el amor, es decir el deseo profundo de estar y sentir hacia alguien, una fuerza no regulada por la razón, nunca ha sido demasiado tomada en cuenta como eje de la cuestión humana.
Se necesita un golpe de Timón

Las convicciones políticas y la militancia impresa en días y días que se transforman en años, no se modifican por una decisión antojadiza o por una frase despectiva lanzada al boleo, sin embargo tampoco deja de ser cierto que el pragmatismo de la política muchas veces nos impulsa a estar en una vereda por horror a estar en la otra. Luego del urnazo que metimos en octubre, creo que somos muchos los que agotamos nuestras expectativas y le pusimos un plazo; diciembre de 2015.
Viene pesando más aquello de que Amado provenga de donde proviene, mientras muchos seguimos en el mismo lugar, en el barro peronista que nos hace morochos, embarrados y con olor a transpiración en la piel. Son demasiados días y lugares los ocupados por sectores bendecidos por la herencia que no contagian, sino que al contrario generan rechazo, son demasiados errores, tácticos y estratégicos en tan poco tiempo. Lamentablemente somos cada día más los que nos damos cuenta de esta sintonía, de este cambio de horizonte o de rumbo que no nos tiene contemplados, o al menos, no como lo pensamos, lo imaginamos y lo sentimos desde nuestro corazón peronista. Como diría ella, y nunca lo hubiera pensado él, demasiado concheto de barrio norte o puerto madero, demasiado aburguesamiento en las primeras líneas o quizá la falta o la ausencia del compañero.
Nos reservamos el derecho de que nos dejen sorprender y den o dé el golpe de timón necesario, aquél que se pego en la crisis del campo, cuando le pusimos el pecho los convencidos y de bajo, para sostener a más de un pelotudo que hoy se cree de paladar negro y que en aquel entonces cortaba rutas en una Hilux.

Sin mediar o no en la razonabilidad del paro, el siguiente es mi homenaje a los que trabajan cuatro horas por día y tienen tres meses de vacaciones, con el siguiente cuento corto intitulado “Lecciones de Vida”.

Por un segundo se sintió mayor, lo más asombroso era que ni siquiera era parecido a su padre. No llevaba el delantal que lo delatara como médico, tenía un overol, reinaba en su taller mecánico.

-¡Haber Gómez Miranda, cuente a toda la clase la diferencia entre una célula procariota y otra eucariota.¡

La pregunta, en tono intimidatorio, alejó del mundo imaginario a Fabricio, todos sus compañeros lo miraban, un silencio sepulcral, imponía un clima espeso, que se cortaba con una pluma.


Pensó en ser sincero, inmediatamente se le ocurrió una muy buena excusa, sin embargo, débilmente, musitó:

-Las células son tan diferentes como el motor de un Ford comparado con un Fiat.



La clase estalló en una risa nerviosa, que fue vertida al unísono, tal como si fuera un coro demoníaco.

¡Silencio, Silencio, Silencio. El último de la tríada, fue pronunciado, más lenta y severamente. La profesora, pese a su firmeza, tuvo que reprimir una risa interna, que le brotó íntimamente, ante la irreverente respuesta de su alumno.

Caía el sol otoñal, la sala de docentes derrochaba un aroma a fresas y lavanda, producto de los esfuerzos de Mary, la señora de limpieza. Las blancas paredes del lugar, no desentonaban con los guardapolvos que descansaban en el perchero. Una mancha de tinta, en uno de los bolsillos, símil a una lunar, sin embargo, se transformaba en la excepción de la regla.

La puerta se abrió, entraron Emilce y Gladis. La primera se hubo de sentar en el sillón más mullido y alto, era la preceptora. Gladis, optó por permanecer parada, tenía ganas de fumar, sí bien hace tiempo había dejado el hábito, sus nervios no le permitían alcanzar la calma.

Hay que amonestarlo, de alguna manera tiene que aprender, yo estoy cansada de advertirle, de habarle bien. Además fácilmente consigue la complicidad del resto del alumnado y después de eso, es muy difícil, volver con la normalidad de la clase.

Finalmente lo pudo decir, sin que su crispación le jugara una mala pasada, temía por algún fallido, o por introducir alguna palabra inadecuada, esas que tan habitualmente usaba cuando conversaba con su hermana.

Mira Gladis, en la reunión del consejo que hicimos hace poco, yo dije claramente, cada docente es responsable de su aula. Comente, incluso lo que me había dicho el supervisor del Ministerio. “Nada de expulsiones o de sanciones fuertes, ya terminó esa política educativa”.

Una gota de transpiración, amenazaba con descorrer el maquillaje de Emilce, que más allá de su ceño fruncido, al citar a su superior, tuvo que padecer un escalofrío, que misteriosamente le recorrió el cuerpo.


Ludmila se sobresaltó al escuchar el timbre del recreo. Tomó rápidamente su mochila, y de un bolsillo interno, saco, sigilosamente, el atado de cigarrillos. Yamila, la miró y río de manera cómplice. En segundos, ambas estaban en el baño.

Los sanitarios no estaban limpios, huellas de zapatillas, que dejaban surcos negros, más los cestos de basura, abarrotados de papeles, contribuían en grado sumo a la suciedad.



El humo empezaba a ganar lugar, en ese preciso instante, apareció Mary, con un balde azul y diversos productos de limpieza.

-¡Chicas, sí no lo apagan ahora, llamo a la preceptora¡. Tal como si fueran sus hijas, a la Señora de limpieza, antes de lanzar la frase, se le comprimió el pecho, al notar que las púberes se hacían daño con la nicotina.

-No porfi, porfi no digas nada, se van a enterar nuestros viejos. Ludmila y Yamila, casi abrazaban a Mary, clamando piedad.

Peor va a ser que no aprendan ahora, y que se den cuenta de lo mal que hacen, cuando sea demasiado tarde. Afirmó, con la mirada en alto, la señora de limpieza, que recordó su primer embarazo, cuando no era más que una adolescente, producto del primer hervor hormonal, y de la ignorancia de no saber, que tras la relación, podía concebir un hijo.

Ludmila, pensó en sacar de su bolsillo un billete de cinco pesos y ofrecérselo a la Señora de limpieza, para que no delatara la fechoría que estaba llevando a cabo junto a su amiga. Sin embargo, al observar el rostro y al escuchar el tono maternal, con el que Mary se hubo de dirigir a ellas, desistió de la idea y optó por agachar la cabeza y salir del sanitario.

Yamila había pensado en responder agresivamente a la Señora de limpieza, en definitiva no era más que una simple empleada, como las muchas que trabajaban en su casa, de condición humilde, que nada tenía que enseñarle a ella, por más que sus acciones pudieran ser recriminables. Sin embargo, al observar la actitud de Ludmila, que emprendía de manera culposa y obediente la retirada, se convenció de que su actitud no sería ni compartida ni conveniente en tal momento. Mordiéndose los labios, tiró el cigarrillo a medio comenzar en el bidé y salió tras su amiga.

Febo asomaba, no era un día más para el colegio, para la ciudadanía, sin embargo, el calendario sólo marcaba la víspera de un feriado. Se entonaban las estrofas del himno, la bandera, a lo alto del mástil, ondeaba caprichosamente por los designios del viento. Una estela de nubes, brindaban un blanquecino color al firmamento. Elevándose los acordes, provenientes de las jóvenes y no tan jóvenes gargantas allí reunidas, sólo perturbadas por voces bajas, de cuchicheo, de ciertos irreverentes, que se sumaban a las revoloteos de pájaros que en todo y en nada, tenían que ver con la marcha de la historia. La tiza descansaba, en los lustrosos pisos de las aulas, los verdes pizarrones, a medio borrar, se aprestaban a seguir recibiendo, garabatos incomprensibles para la madera, pero indispensables para el alumnado. Fabricio, no olvidaría aquel día. Décadas después, en su consultorio clínico, de tanto en tanto, recordaba el momento preciso en el cuál se hubo de enamorar, de su mujer y madre de sus hijos. Pese a que tal acontecimiento fortuito, de conocer a su amada en la escuela, no era más que un azaroso designio, muy dentro suyo, sabía que muchas otras cosas, que no dependían de la suerte, le debía a la institución, que en la adolescencia, tantos actos de rebeldía le hubo de despertar. A Emilce le sobraba el tiempo, más allá de que tenía que cuidar celosamente, la delicada salud de su anciana madre, el vasto campo de provincia, en donde se encontraba afincada, le devolvía una y otra vez, caprichosamente, a los días de su vida en que había oficiado de directora de su amada escuela. Los rostros de Gladis, Mary, el profesor de música, que siempre llegaba tarde, la de matemáticas, que terminaba, cinco minutos antes sus lecciones, y demás educandos que hubieron de pasar por su vida profesional, le recreaban, permanentemente, la etapa profesional de su vida, en donde había sido enteramente feliz. Para lidiar, con los dolores, la incomodidad y el sufrimiento, que a diario le tenía que mitigar a su enfermiza madre, los recuerdos, de toda naturaleza que convivían con Emilce, le permitían sobrellevar, la magnánima tarea que la vida le había impuesto en tal momento. Ella precisamente, que durante tantos años, hubo de aleccionar, sin que le aleccionaran, ahora a la distancia, aprendía, una dura, pero esencial lección. Corregía, mentalmente, todas las equivocaciones en las que hubo de incurrir, en sus largos años de directora, y día a día se preparaba con la esperanza de regresar, con mayor amor para entregar, y con una sabiduría más sedimentada para ofrecer.


Ludmila no lo pensó dos veces, cuando la reconoció, inmediatamente, a través de esa mirada desafiante, le ofreció que se quedará en su casa unos días, hasta que ordenara sus pensamientos. A Yamila, las cosas no le habían salido tan bien en su recorrido por la vida. La amistad que hubo de cultivar en la escuela, le ofrecía una oportunidad para recomponerse de tantos golpes.



Lloró largamente al ver a Ludmila, sus recuerdos se agolpaban unos tras otros, se emocionó al escuchar la mano que le tendía su amiga, se tranquilizó al saber que tenía un lugar, que no todo estaba perdido. Se sentó en el cómodo sillón de tres piezas, pidió un vaso de agua, y eligió no encender un cigarrillo, pese a los nervios. Sí bien, no recordó a Mary, la señora de limpieza, no fumó porque el living, otorgaba un cálido y protector aroma a jazmines.

La escuela número 32, del tradicional barrio de la ciudad, precisaba que pintaran su fachada, si bien hace tiempo que figuraba en los planes de altos funcionarios, realizar la tarea, todavía la misma, por motivos desconocidos, no podía llevarse a cabo.

En una de las más descuidadas aulas, uno de los tantos alumnos que celebraban el fin de curso, había dejado escrito, sobre la pizarra blanca, con marcador negro la siguiente frase: “ No quiero darte las gracias, porque aún me resta aprender, espero algún día sentirlo, y volver, no sólo a verte, sino también a escribir, cuanto me has dejado de enseñanza, en este largo camino de vivir”.

Mary, pese a su ancianidad, seguía con su labor, más allá de que ese fuera su último año en la institución. Al entrar en el aula, con todos los productos de limpieza, dispuesta a dejar todo impecable, se detuvo para leer la frase escrita en la pizarra. En un primer momento, pensó que era un insulto o una declaración de amor más, la vida y la escuela, la sorprendieron con tal sentencia. A Mary, se le escapó una lágrima, sintió que algo había aprendido, pese a su avanzada edad. Decidió no borrar la frase, para que los alumnos del año entrante, fueran recibidos con semejante expresión.