Un Recuerdo Mentiroso o una fantasía real


En compañía de interminables mates, y de diferentes clases de chamamé, las casas humildes o ranchos, adornados con pancartas, carteles o banderas, nos recibían con grandeza y admiración a los visitantes. Yo, un regordete, en la preadolescencia, era tratado de Ud. por cientos de ancianos, con el rostro surcado y con la dignidad aniquilada, que simplemente eran llamados hombres de campo. En el medio del calor y de la llanura, asomaban pueblos fantasmas, que parecían olvidados, hasta por el mismísimo dios. De repente una mujer anciana, ataviada con una especie de delantal, me tomó de la mano. Su rostro denotaba un parecido, a la típica cara de las monjas de clausura. Vos vas a ser quién pueda, me hubo de decir al oído la señora.
Me levanté con ganas de orinar. Sin noción del tiempo, recordaba el sueño que había tenido. La boca pastosa y una picazón generalizada en todo el cuerpo me hubieron de acompañar al baño. Al culminar con la necesidad fisiológica, realicé una práctica no muy habitual. Me dirigí al espejo y me escruté larga y detenidamente. Saliendo del estado de soñolencia, intentaba rescatar los más mínimos detalles de las imágenes con las cuales había soñado. La mujer llevaba un pañuelo de color rojo. El chamamé que sonaba en esa ranchada era uno llamado Pedro Canoero. Yo llevaba puesta una remera blanca, de manga larga. Cuando la mujer me habló, me miraba fijamente a los ojos. Al concluir con el racconto pormenorizado, me dirigí a la pieza, en donde reposaba el reloj despertador y que oficiaba como vestidor. Los números rojos del aparato eran contundentes, cuatro y cinco. Hube de dar varias vueltas en la cama antes de conciliar el sueño. Lo último que pensé, antes de quedarme dormido, fue que tenía un rico material para llevarlo a la terapia. 
Me divertía contemplar a los transeúntes, sus peculiares características y la diversidad del género humano, que una simple calle denotaba a quien quisiera verlo. Se podía observar también, la cruenta y desigual, distribución de ingresos que nos otorgábamos como país. Una de las muestras más cabales de esto último, se percibía, de acuerdo al calzado de la gente. Los menos beneficiados por el estado-sanguijuela, caminaban las calles con zapatitos de goma, revestidos con un cuero barato, más semejante a la cuerina. En las mujeres los tacos del mismo material, daban una peor imagen, quizá, por el principio tan mentado de coquetería femenina.
No podía escaparme, por más que quisiera, de mis responsabilidades, de mis problemas, de mi hambruna, de lo que habría querido ser, lo que soñaba y no lo era, esa suerte de alma penitente triste, desechada, victimizadas.

Lo mejor, era recluirme en proyectos, en ideas, en propuestas, en fantasías incumplibles, que sólo me daban felicidad al pensarlas redactarlas, pero con eso me bastaba, para mi homeopática dosis de felicidad, indispensable para no suicidarme.
En este sentido la propuesta estaba direccionada para que las administraciones públicas, tanto provinciales como la nacional, adquieran trabajadores bajo concurso. Donde el valor  primordial se constituya en la capacitación y el mérito. Mi propia experiencia me hubo de otorgar la tragedia que significaba el toparme a diario con las formas del nepotismo y el amiguismo. Incapaces de hecho y de derecho, que jamás podrían pasar un simple examen de lecto-escritura, nadaban en la abundancia del caldo de cultivo de nuestros problemas, que se hacían carne en las oficinas y dependencias del estado.         
Dentro de esta política, para inculcar y generar una meritocracia, se desprendían varios proyectos en consonancia. Desde instaurar becas gratuitas para aquellos estudiantes medios que promediarán niveles de excelencia, pasando por menguar las presiones impositivas a los más cumplidores, llegando a la distinción por intermedio de la orden de la idoneidad a todos los que se destacaran en cualquier ámbito o rama en el fuero internacional. Claro que también establecería medidas de contrapeso, para aleccionar con reprimendas concretas a quienes no rindieran en sus estudios, proponiendo un pago voluntario, a los que evadieran o se distrajeran de sus obligaciones fiscales, aumentando la presión y los controles y tratando de que perdieran espacio en el ambiente público a los que solamente esgrimieran una cara bonita o una catarata de agresiones como oferta cultural a la ciudadanía.

Los fundamentos de la presente iniciativa tenían relación con muchísimas cosas, entre ellas las siguientes: El trabajo en la administración pública, semejaba a una universidad especializada en hechos de corrupción. Nadie asumía en un mejor cargo o puesto por currículum o por mérito. Los ascensos se daban por un rinde superlativo en pleitesía hacia los jefes o en la mera obsecuencia rayana con el esclavismo. Alguno, en calidad de mano derecha del político, podía ostentar un ambo de segunda marca italiana, lo cuál ya representaba que se encontraba en las proximidades del poder.

Cómo si fuera un sueño, un recuerdo del pasado, o un deseo del futuro, inalcanzable e imposible, sucedió lo siguiente no se si en mi cabeza, en un papel o en la realidad.

Todo se hubo de originar con la autoinculpación por parte de una ex secretaria de estado, aristocrática y glamorosa mujer, que privada de su libertad y ante la muerte reciente de su nonagenario e histórico padre, activó el ventilador, mediante una carta de lectores en un matutino nacional. Tras el explosivo suceso, tres o cuatro secretarios de ex ministros, habían salido, en una suerte de pequeña catarata de arrepentidos, a declarar en los tribunales y en los canales de televisión, como se repartían los billetes ensobrados. Lo que más impacto me produjo, fue la utilización que hubo de realizar un funcionario del banco nación. Este talentoso funcionario, devino en escritor y presentó un libro en donde, amparado en la ficción relataba, con valiosa descripción, para la causa no para la literatura, quiénes y cuanto se repartían en la bautizada segunda década infame. Esa situación, lo recuerdo con virulencia, me despertó una serie de sentimientos y de sensaciones. Obviamente su libro, cuyo nombre no recuerdo, se había agotado a los pocos días, y el hombre desfilaba, promocionando su pluma, por más que a nadie le interesara, en todos los micrófonos habidos y por haber.
El reparto de un dinero que según lo que se comentaba y lo que decían entre los mismísimos legisladores, formaba parte de una partida que se asignaba a los bloques políticos. Es decir que cada partido con representación parlamentaria, se organizaba ajustado a lo indicado por el reglamento de la cámara. Por tanto en estos cuerpos se elegían autoridades, se fijaban reuniones, para fijar la postura unificada que tendrían al tratar un tema en el recinto y por ende contaban con un dinero, debidamente asentado, para gastos varios que incluían desde almuerzos hasta papelería. Alguna vez un presidente del bloque del partido oficialista, había decidido repartir entre los miembros integrantes de este una suma que apenas llegaba a las cuatro cifras. Obviamente que se pedían facturas para descargar este reparto. En juntar los tickets, consistía el trabajo de los asesores o secretarios. Nadie o muy pocos de los que trabajaron en aquella época podían llegar a desconocer este manejo. Incluso a mí me parecía lo más normal del mundo.
Nadie podía decir que un determinado legislador, al hacer uso de esos fondos, para por ejemplo, llevar a cenar a un restaurante caro, a una determinada persona, para asesorarse sobre cuestiones de estado, no estaba realizando política. Claro que lo objetable sería la razón o la necesidad de gastar del erario público más de doscientos pesos por un vino en una comida. O la zona gris en donde se ingresaba, sí no decía abiertamente, que de este dinero extra, también podía hacer uso el legislador. Pero todo estaba en tela de juicio. La Justicia, los medios de comunicación, la supuesta honestidad con la cuál salían los supuestos arrepentidos. No eran tiempos en donde la claridad alumbrara en forma prístina.
Mucho menos para mí, que no podía discernir con claridad si se trataba de algo ficticio, de un recuerdo, sueño o deseo, por eso sólo me limite a escribirlo.


       ¿ Y vos como lo haces?
        Bien podría plantearse también, como garchas, como cojes o una marejada de epítetos que intenten jugar en el limite de lo guarango con lo provocativo.
        Es innegable que uno busca provocar, ni siquiera una respuesta, menos aun una reacción, tan simplemente un testimonio de vida, un cosquilleo que produzca al menos felicidad al sistema victimario; que propone en el mejor de los casos la violencia del silencio, vendría a ser como lanzar una piedra o cascote, una intifada ante el régimen que condiciona e impone sus conservadoras reglas y formas a cada rato, en cada esquina.
        La propuesta en este sentido es indagarnos sobre nuestra intimidad sexual, el como lo hacemos habla mucho de lo que somos y pensamos como cuerpo social.
        Obviamente que no se trata de nada pseudo científico, ni siquiera exhaustivo, para ello precisaríamos datos estadísticos, provenientes de estudios de campo, a los efectos de validar o refutar una hipótesis que lancemos como tesitura.
        Meterla sin sacarla hasta acabar, desde una perspectiva masculina, habla a las claras de cosificación de la mujer, de saciar solamente el impulso eyaculatorio, fuerte y decisivo pero tan solo instintivo, primario, casi animalesco. Si bien no nos han ensenado, pero el hacer el amor, es un poco mas que practicar sexo o lisa y llanamente coger( este mismo termino para definir el acto sexual esta relacionado con el sometimiento del uno con el otro, agarrar, pillarlo, tenerlo).
        También se definen ejes conceptuales, con lo que sucede en las alcobas, precisamente el eje nodal del acabar, del instante placentero tras la salida del semen, es un icono de nuestro mundo occidental, tiene mucho que ver con el apretar un botón y que algo suceda, cambiar un canal de televisión, comunicarte con alguien a través de la computadora, hacer funcionar una maquina industrial, inocularte un remedio para una enfermedad, nada tan diferente a lograr esas cosquillas en el pene que nos llevan a expulsar esa sustancia gomosa que nos hace un poco feliz, al menos por ese instante.
        Claro que nuestro mundo occidentalizado funciona así, y por ello apretando un poco mas el pedal nos estrellamos contra algo, nos jugamos todo por sentir esa emoción, que también dura lo mismo que el polvo, a mas de tantos kilómetros por hora, esa adrenalina que nos lleva al limite de invertir todo lo que tenemos y lo que podríamos tener por segundos de heroicidad inmortal. Como esos segundos tras una sobredosis de diferentes sustancias o esos pocos minutos de felicidad pura que sentimos al pasarnos con el alcohol hasta antes que nos termine controlando, todo se resuelve con un botón, en un hazmerreír, todo es tan solo un instante efímero y profundo, pero a la vez insustancial.
        Lastima que la vida dura bastante más que ese desperdigado manojo de segundos por los cuales somos enteramente felices sin cuestionarnos nada.
        Como la relación sexual, que es mas que el acabar eyaculatorio, sin necesidad de caer en el concepto oriental de que el arte amatorio, es un poco mas que un modus vivendi (probablemente lo sea pero impracticable en nuestro aquí y ahora occidental) lo cierto es que es bastante mas que intercambio de fluidos y desde ese lugar nos habla, del como somos no desde nuestra individualidad sino desde nuestro yo social.
        Arriesgando bastante, pienso en voz alta, soltándome hasta de fundamentos, deberíamos hablar mucho mas de como lo hacemos, quizás hasta nos descubramos mas solidarios. Precisamente el serlo no tiene que ver con donar órganos, solo o necesariamente, de hecho somos una de las provincias más donantes pero también existen denuncias de tráfico de los mismos, otro tanto ocurre con nuestra noción amatoria. Porque amemos, devotamente, una iglesia de dios, sus fiestas y liturgia no implica que seamos un pueblo que derroche amor.
        Por estas y tantas cosas es indispensable que hablemos de sexo, el silencio o la indiferencia alimentan los preconceptos, los prejuicios, hasta las leyendas sexuales.
        En el barrio, en la periferia las guaynas o pibas, son mas permeables a nuestros pedidos mas oscuros o recónditos, la chupan mejor, se la tragan, te dan besos negros, el culo, lo que le pidas, sin reciprocidad, menos amor, la libertad sexual al parecer surge merced a la precarizacion de patrimonio, es decir menos tenes, menos te educas, mas cerca de lo instintivo estas y eso gusta, eso defina el supuesto deseo de plenitud de estar sexualmente con la mas puta, la mas guarra, la mas atrevida, la que mas hace y menos pide, sobre todo, compromiso.
        El hacerte cargo de lo que ocurre después del sexo, es lo que nos civiliza, después del goce, del clímax, es como la culpa, que sentimos tras el acto sucio, pecaminoso, eso dice nuestra cultura. El deber ser de la alcoba es eso, hacer el amor, para conservar la especie, es una tarea que nos honra socialmente, por eso hacerlo con la esposa o mujer, después de tener hijos, es no solo aburrido, sino también insípido, a parte difícilmente desatemos nuestra lujuria ante la doña, no son como las otras mujeres, esas bocas están para besar a los niños, no para el pete, en el mejor de los casos esos culos están para vestir buenos jean no para entrarle por colectora y sacarla embarrada.
        Y si de culos hablamos, los carentes de celulitis, los parados son lo de los travestis, que cada vez son más los que se visibilizan ejerciendo la prostitucion, y que según afirman usan mas el pene que la boca y la cola, para con, en su mayoría, clientes casados, desesperados por ser penetrados por tipos con tetas.
        Seria bueno hablar para erradicar estos preconceptos, como tantos otros, para que nuestros hijos amen sexualmente y también puedan gozar, cuando así lo decidan, o traer otros seres al mundo cuando lo deseen, descubrir o aproximarnos a entender si el hombre esta mas inclinado a la bisexualidad de lo que pensamos, comprobar por ellos mismos la existencia de los supuestos puntos g, acabar mas allá de un lechazo, de un orgasmo, o de una emoción sexual, encontrarse con un otro y descubrir entre ambos esa reciprocidad sin pruritos ni sociales, ni religiosos ni de ninguna naturaleza.
        Si la pulsión sexual, se reprime y queda en el confesionario, en el baúl de los pensamientos oscuros, derivara en el menor de los males en adulterio, cuando no en pedofilia, en sexo de mala calidad, en el acabar adentro de algo sin que nos interese lo que pase con el otro, una suerte de bolsa recipendiaria, una falta total y absoluta de humanidad, una acabada muestra de desamor, el fin de los días.
        Muchos dicen "hay que tener mas sexo" no creo que pase por cantidad, volviendo a arriesgar hasta creería que se coje mucho mas de lo que pensamos, lo que se necesita es hablar sobre ello, hablar con quien lo tengamos que hablar claro esta, no con la abuelita nonagenaria o con el sacerdote ultraconservador, con nuestras respectivas parejas, intercambiar información entre amigos, socializar via redes sociales ( o acaso no están plagadas las cuentas de fotos exhibicionistas) hablar de como cojemos, de como tenemos sexo, de como hacemos el amor, nos va a liberar de ciertas ataduras, de la hipocresía de cuando nos trincamos a la prima, a la chinita del barrio, al putito peluquero, de lo mal que nos chupa la patrona o del porque no se la queremos chupar, tantas cosas que nos determinan en el aquí y en el ahora.
        Que la sexualidad, totémica, sacra y oscurantista vista como pecaminosa es tan solo un sistema cultural que nos quiere infelices, obedientes y procreadores, tal como si fuéramos conejos.
        Que independientemente de la edad que tengas, de tu condición, de tu genero, de tu genitalidad, de con quien o con quienes lo hagas, de que te impulse el amor, la procreación o la sexualidad o combinación de las tres o de dos, puedas aumentar tu calidad de vida sexual, compartir la experiencia vivida, para que mas sepamos de ello, sin pruritos, sin oscurantismos, ni tampoco perversión.
        Extrañamente lo que tiene un origen natural y por ende libertario, es permanentemente perseguido e incluso obligado a permanecer encerrado, el sexo bien entendido, y ese es el camino que tenemos que transitar, deber ser maravilloso seguramente, sin condicionamientos terminara en amor y luego en procreación. Pero el orden esta invertido y nos exigen disfrutar, nos obligan a, toda una contradicción en si misma, por ello necesitamos este primer paso de una larga zaga, como el encuentro con un otro, no se inicia con la genitalidad, si con algo sugerido, una mirada, un gesto, una insinuación, un beso, o en definitiva como vos lo digas, lo sientas y lo vivencies, que es en definitiva lo fundante y lo mas importante.

Diarrea de Palabras


Serenidad, concepto tan alejado de lo tortuosamente teórico como cercano a lo útilmente práctico. La actitud de manifestarse en forma seria y adecuada ante los seductores tentáculos que momentos anteriores hubo de ofrecer la condición humana. En el reino de la Satisfacción, tal como el vulgo lo había apodado, la condición de existente estaba vinculada con la naturaleza de las limitaciones. De esta manera, y gracias a la productiva relación con la técnica (cuando hablamos de productiva, rescatamos el fundamental hecho de equilibrar las relaciones de fuerza del hombre para con sus logros externos, o producciones artificiales) se estableció un beneficioso artilugio social, conocido como estado de derecho en la antigua civilización, antes del develamiento del Ser.
No significaba mayor importancia la posibilidad de que tal vez, él mismo Dios, haya sido la construcción teórica de otros individuos, empujados por el fervor de la sociedad y libidinosamente pretendido por lo general de la necesidad. Tampoco lo injusto que hubo de ser su mundo, lo soberbio de su mensaje (al mandar a su hijo, como pobre, al valle de lágrimas) y lo aterrador de sus tiempos (en dos mil años un solo diluvio y un primogénito).
Hasta que punto lo real o lo básicamente perceptible, es patrimonio de uno en cuanto sujeto y en que momento este estado de cosas empieza a ser terreno de lo percibido. Sin ir más lejos, los elementos percibidos pueden llegar a dirigir el centro de nuestra atención. Decimos el centro de nuestra atención puesto que nuestro organismo, compuesto por varios órganos funcionales, que a su vez dependen de múltiples constituyentes coordinados, funciona de una manera tal que reúne toda la serie de informaciones escogidas con el fin de, o la obligación, de tomar algún tipo de determinación. La cuestión empieza a consumarse cuando uno toma disparadores secundarios. Estos que no forman parte de escala axiológica alguna, son elementos presentes que actúan inmediatamente sobre lo percibido, ya que por más que tengan una morada anterior a algún tipo de objeto, él actuar ante el fenómeno, se sitúan en una instancia posterior de tiempo, dentro del sujeto claro está.

Es preciso reconocer que el desarrollo analítico de la temática llegó a un punto tal en el que se deben escoger tópicos universales. Si partimos de lugares individuales, se deben explicar todos y cada uno de ellos y esta tarea resultaría imposible si las conexiones de lo mismos se deja de lado, al introducirse uno en el campo de  las conexiones inocentemente se adentro en los dominios de lo universal. Por ello avanzar tras el obligado sitio se convierte en una necesidad y no en una opción.

Razón, sensaciones, conciencia, espíritu, esencia, voluntad, instinto, intención, ser. Términos que cobijan grandes construcciones teóricas pacientemente redactadas como impacientemente leídas y analizadas. De todas maneras a un ser humano tipo no le alcanzaría el tiempo material como para vincularse estrechamente (esto implicaría el leer los tratados escritos en la lengua original, como así también los trabajos de los más renombrados comentadores, escribir pensamientos originales al respecto, dar a conocer la novedad, ser escuchado, entendido e interrogado) con siquiera dos de una acotada lista de conceptos. Sin considerar por supuesto el hecho de que de la teoría a la práctica hay un gran trecho, que difícilmente, más en las condiciones anteriormente descriptas, pueda transitar en el lapso de la existencia física de un ser humano común.                              
Os has considerado, simples palurdos de tu edénico sitio, quiero que sepas que no levanto la voz como para el reclamo de una porción de tierra, no me interesa lo que pueda llegar a cosechar en tan escabroso lugar, yo anunció el advenimiento inminente de mi lucha, por razones morales, pues sé que el término no te causa simpatía, ni por soberbia, ya que no tengo nada que demostrar, lo hago por dignidad, cosa tan alejada de tus dominios. No me perturba él tener que evangelizar a cientos de babayos, dócilmente amaestrados por tu petulante arrogancia, sí, me causa cierta molestia, el saber que tras tu redención, no existirá parámetro alguno como para clasificarme. Y escucha lo que  digo, sí puedes oírme, lastimera parturienta engalanada de arrojos sentimentales, el fruto de tu prostituido vientre pasará al cobijo de mi pontificado himen, él cuál aguarda un ceremonioso y respetable desgarramiento, proveniente de la sensatez de la razón y no de la inequidad de la pasión. Yo iré develando tus estériles misterios, sujetos al poder corruptor de tu detestable apariencia. El hombre es como el agua, no se sabe bien de donde vino, cambia fácilmente de estado, a veces se muestra calmo otras embravecido, puede saberse dulce o amargo, ser decisivo o no en el ambiente. Pero no sólo es necesario sino constituye un continuo discurrir sin sentido inherente, ya que estos forman parte de construcciones relacionadas pero independientes, como el caso de un mar, en el cuál el sol y la arena, pueden crear una playa, pues esta originariamente constituye un sitio donde existen carpas, mesas, sillas y otros utensilios que dan un sentido al agua y su finalidad. Resulta pues innegable que el hombre, en cuanto tal, es sólo en la medida de la coherencia de su entidad, formado por su ser y las exigencias de este, que forjan su dimensión real. El hombre, oasis en la niñez, océano en la juventud, río en la madurez y  agua de pozo en la vejez.



Os dais cuenta de las cosas que tengo que hacer para que me tengáis respeto

Los estructuralistas nos han ensañado, de que manera funciona la modernidad, hay que participar como lo pensó Platón en su momento, pero viviendo en la clandestinidad.

Esto es, elegir un par de objetivos, independientemente de que sean altruistas, ideológicos o materialistas, ir por ellos con diferentes envases, con trajes disímiles, aplicar y agudizar la astucia, y en el trayecto, tratar de no angustiarse mucho y buscar la risa.
Golpeemos juntos pero marchemos separados, decía Lenin. Me escindo en diferentes vertientes, pero el fin sigue siendo el mismo; vivir en una realidad, con parámetros que escapen las cadenas que nos vienen sometiendo. Los índices de pobreza, inseguridad, desigualdad, tienen más que ver con la falta de elementos reflexivos que padece la clase media, que con la economía, los gobiernos de turno, la arrogancia del progresismo o la estrechez de los conservadores.
Las ideologías, no han germinado y las divisiones políticas se dan de acuerdo a los capangas o líderes que tengan determinado grupo de lacayos como lustrabotas.
Lamentablemente, a los que podríamos denominar progresistas, independientes, o que no comulgan explícitamente o implícitamente con este modelo cultural ( no tienen una dependencia laboral del estado, profesionales, o personas con posibilidades de prepararse) les ocurre un fenómeno que los aísla de la problemática. Muchos optan por irse a otras tierras (nuestra provincia tiene más de la mitad de su población, en otros lugares del país) y no sólo son estudiantes que viven en capital, los más son trabajadores de la construcción, bordadoras y personas que mediante el esfuerzo y el sacrificio, progresan en el conurbano bonaerense o en localidades de provincias cercanas. Los que se quedan, se aíslan o se abstraen, involucrándose en temas que le atañen al mundo o al país, y no a nuestra tierra. Un caso muy paradigmático, es lo sucedido en la dictadura, que desemboca en una disputa de intelectuales, periodistas y hombres interesados en ver sí somos de izquierda o de derecha. El bosque les tapa el árbol, y por su propio deseo de huída, de no querer ver lo que nos sucede, se olvidan que en Corrientes vivimos en un estado feudal, aquí todavía no llegó la revolución francesa, es imposible pensar en los términos políticos que se piensan en la capital o en el mundo. Acá no existe el mercado, ni siquiera un régimen de informalidad, estamos en la etapa del trueque, y no lo digo yo, sino que lo afirman economistas locales. Entre los que se van y están afuera y entre los que se quedan y viven otra realidad, triunfa el pensamiento y la cultura feudal. 
Obviamente que los políticos son los mayores responsables, de esta realidad, nefasta, que vivimos, pero daremos un gran paso sí los ciudadanos, o los que pretendemos serlo, empezamos a cambiar desde nosotros mismos. Sí no le pedimos favores sexuales a las mujeres que trabajan bajo nuestra administración, sí blanqueamos el rompimiento de un matrimonio, sí aceptamos una inclinación sexual determinada, sí pensamos que la autoridad se funda en la razón y en los argumentos y no en los uniformes o en los apellidos, sí en definitiva nos nutrimos más de lo interno que de lo externo, estaremos dando un gran paso.                 
La verdad que somos una generación con muchas dificultades, la apertura democrática trajo además de los consabidos derechos consagrados de la libertad, la problemática del libertinaje, es decir, además de los excluidos sociales, las víctimas de los malos gobiernos, tenemos las víctimas culturales, los hijos del liberalismo conceptual que dejo sin referencias ni espirituales ni filosóficas a toda nuestra camada, sólo dejo la estela del individualismo y la superficialidad. En Corrientes, esto se observa con un fenómeno muy claro, que es la condición de estudiante, que adquieren los jóvenes, mucho de ellos no estudian, o hacen que estudian, pero no se esfuerzan en superarse, ni en pararse ante la vida con una utopía de una provincia mejor, viven hasta más de los 40 en la casa de los padres, con los ánimos y las expectativas negadas, con un conformismo inoculado por la casta de feudales que nos gobiernan, que están chochos con la generación de jóvenes que pintan paredes para las campañas y reparten volantes, pero no discuten la cosa pública, porque ni siquiera tienen ganas de hacerse cargo de sus vidas, por tanto estamos trabajando sobre esta dura realidad, que tardará años en modificarse, pero es en definitiva la madre de todas las batallas.    
Las acciones de los hombres no se deben medir por los resultados, lo importante es la forma, o la condición, en la que se llega a ellos. El desafío pasa por mantenernos y consolidarnos, en la forma y en los métodos que aplicamos, independientemente de lo que obtengamos, que como sitial mayor, se traduce en lograr un mínimo cambio en las pautas culturales y sociales. Resulte, como resulte, esta es una partida larga, y particularmente, soy de los que mueren de pie, cómo los árboles.   
Te Necesito de Vuelta
¿Cuántos encabezados amorosos, religiosos e intrafamiliares tendrán esta frase conceptual que encabeza el texto?, y ¿cuantos más lo seguirán teniendo?, nadie lo podrá responder y a casi nadie le importe tampoco, ahora bien, de maduro cae que somos seres conmocionados por necesidades, urgidos por tantas cosas que no tienen ni forma, ni valor, ni siquiera nombre.
Insisto con recalcar que el espíritu, en un sentido eufemístico, es decir fantasmagórico, para definir todo aquello que no es lo concreto, lo tangible, lo corpóreo, posee diferentes tipos de dolencias que no necesariamente se resuelven con lo dogmático de una religión, con lo azaroso de campos energéticos y demás aspectos sumamente trillados por advenedizos, profetas, metafísicos y demás seres que respetablemente definen una forma de hacer, de sentir y de pensar las cosas.
Tampoco creo que esas dolencias, puedan ser abordadas desde un absoluto por la psicología y todas sus ramas y vertientes, quizá tengan que ver con la esencia misma de las cosas y nuestra existencialidad no manifiesta desde lo espiritual.
Y tenemos la obligación de empezar a definir lo que consideramos “espiritual” no por lo contrafáctico, sino por su significación, mejor incluso en el día a día corriente. En lo que podría ser marcar tarjeta para un obrero, llevarle el café al superior, preparar el balance para el contador, hacer el escrito para el abogado y determinar el tratamiento para el médico.
Otros, colegas, ya se han encargado de tantas cosas, como por ejemplo, definir el objeto del escritor, del pensante u hombre de la cultura, la imagen por antonomasia, el fetiche simbólico, uno frente al papel, antes era aún más contundente, una lapicera, bolígrafo o birome reposando en la hoja en blanco; ahora es de alguna manera diferente, estamos frente a la computadora, frente al ordenador, o incluso con el teléfono inteligente entre las manos y podemos estar haciendo cualquier cosa (desde jugar, interactuar, leer, mirar porno, etc) hasta incluso ese acto vandálico de intentar pensar sin ser pensado, cuestionarnos una vez más el porque del arrojo a la existencia, las condiciones y no parecer quejosos, ni histéricos y sobrevivir con ello, al mundo, a los otros y por sobre todo a nosotros mismos.
Aquí aparece lo espiritual, cuando nos vienen esas ganas irrefrenables, inconfundibles de encargarnos de aquello que no tiene mucho sentido en el aquí y en el ahora, pero que sin embargo constituye el genoma del pensamiento humano. Tan importante y decisivo como inútil e inalcanzable, el embarcarse, sin embaucarse en estos extremos, debe ser lo que genera adrenalina, mental, como lo debe ser ir a alta velocidad, tomar en exceso o consumir sustancias. Nada para escandalizarse o sí, o acaso para que existen los parques de diversiones con esos juegos mecánicos que nos llevan a ese abismo por ese instante, precisamente para ello, para condensar la experiencia de la vida, en un segundo, en un fractal, que todo termine, en el aquí y en el ahora.
Es lo mismo que con el sexo, el momento de mayor placer, dura tan sólo eso, ni una imagen ni pensamiento, a lo sumo un ahh, un suspiro, que después lo queramos perpetuar construyendo amor, o trayendo un hijo al mundo, ya es él problema del que hablamos, es decir un problema de todos, esa mezcla, esos abismos, esos extremos, esas oscilaciones, somos ese gran todo, que en verdad es una inmensa nada.
Disquisiciones, reflexiones o masturbaciones mentales, lo cierto es que se acusa la necesidad de tener lo que nunca se ha tenido.
Y sí algo existe en esta tierra que no hemos tenido nunca, debe ser precisamente algo de nuestra experiencia personal y mundana, que hemos vivido por segundos y que han quedado en esa galería de los mejores recuerdos, en nuestro anecdotario que sólo están allí como un elemento de esa construcción temporal definida como pasado, que jamás volveremos a sentirla tal cuál la hubimos de vivir.
El sabor de aquellos labios primerizos, la sonrisa del ser querido que no esta, el grito de gol en la final de un campeonato, el paseo idílico en el parque, volvemos a ese parque de diversiones, se constituyen en la referencia, en el recuerdo grato y perfecto, precisamente porque no podemos revivirlo tal cuál fue, y quizá lo que exista después de la muerte sea un poco esto (sí tenemos un sentido “de recompensa” tras la vida, que mejor que revivir sólo lo bueno que nos ha tocado, de lo contrario en caso de pensar el más allá como sentencias a cumplir, seguramente los gusanos tendrán pensado un trato mejor)  y en definitiva cuando expresamos un “te necesito” supuestamente hacia un otro corpóreo (con nombre y apellido, y ropa y todo lo demás) en verdad nos estamos diciendo a nosotros mismos que nos necesitamos, eso que fuimos en un instante alguna vez, en determinada circunstancia, aquella sonrisa, esa satisfacción tan pura, los motivos y las razones, no tienen que venir al caso, dado que de eso se encargan otras actividades.
El pensar la necesidad de un nosotros mismos en el pasado, no por el pasado mismo, ni tampoco por las causas de ese momento feliz, sino por la inercia de pensar una salida ante tanto absurdo o dolor espiritual, no evocándonos ni a nosotros ni al momento, sino reconstruyéndonos en esa necesidad de volver a ser lo que fuimos, sin dejar de ser lo que somos, sin criticarnos, ni recriminarnos nada, sin esperar recompensa, ni premio, ni aplauso, tan solo hacer esa síntesis, esa recopilación de únicamente buenos momentos, no por los momentos, sino por nuestra satisfacción espiritual o al menos para que no duela el alma.
Después de escribir esto y de tantas vueltas, entiendo porque en el parque de diversiones, cuando era chico, me divertía tanto dando vueltas en la calesita, recién después de tanto tiempo, de tantas vueltas lo he entendido, y para ello tuve que ver a mi hijo divirtiéndose igual en la calesita, dando vueltas, tan sólo eso y quizá para la humanidad seamos lo mismo, incontables dando vueltas, como la tierra en su eje, como el sol, como una vuelta, como tantas vueltas, de vuelta.
Esa necesidad no es más que una vuelta que busca arremolinar otras palabras para definir lo mismo con otro grupo de conexiones un tanto más inconexas, otra vez, la necesidad de vuelta, y de vueltas.

  
La Pauta publicitaria oficial, el recuerdo de Hernán para no repetir errores.

Como todo dolor, se prefiere no recordarlo, es decir meterlo en el buzón de lo olvidable y seguir. Pero parece ser necesario, nuevamente las discusiones sobre calidad periodística se nutren en base a la distribución de la pauta publicitaria oficial. Y uno cuando, pese a una supuesta no-vejez o relativa juventud, ya ha dado muchas batallas, tiene que recordar, ni siquiera a alguien o a varios, sino a uno mismo, es decir recordarse que lucho, lucha y luchará por transparentar la distribución de la pauta, por la dignidad del trabajo comunicacional, por elevar su calidad institucional, para que el público sepa quién le habla, desde que lugar ideológico y económico, y para en definitiva tener una ley que fije algunos parámetros más o menos claros con respecto a esto.
Pienso y me acuerdo de cosas, y de lo que más me acuerdo es de este muchacho, de este pibe, empresario, periodista, o como lo quieras llamar, si queres un sujeto de derechos y obligaciones, padre de familia, menor de 30 años, que murió misteriosamente y tantas cosas más, pero por sobre todo, se me vienen muchas imágenes de familiares de muertos en tragedias y siempre me llama la atención que utilizan la frase “que la muerte de…..sirva para….” Es como que en medio del dolor, el familiar más cercano de la víctima saca fuerza de vaya uno saber donde y desea trocar ese inmenso dolor en una utilidad pública, en que sirva para algo.  
De más esta decir que uno no fue ni amigo, ni familiar de Hernán, pero de que tuvo algo que ver su muerto con el tema de la pauta publicitaria, cae de maduro.
Podemos dudar de la justicia, en todo caso será una preocupación de sus familiares y amigos, sobre el fallo de los jueces (mi abuelo siempre decía “los jueces están para fallar” utilizando este término en su acepción de falluto, garca, mentiroso, etc) pero los que algo tenemos que ver con la actividad comunicacional no podemos dejar que la muerte de Hernán sólo quede en policiales.
Con frases hechas, lugares comunes, lecturas de solapa, y sobredosis de síntesis de noticiero, alertan, peticionan, claman, pican el seso de la opinión pública, la fuerzan a definiciones, a emitir un comentario ante tanta saliva invertida. Con la voluptuosidad de una mujer de curvas generosas, se exhiben en ropa ligera, sin la misma, con un dedo sobre la comisura de los labios, obligando al lector, al escucha, al navegante a tomar posición. Casi sin intención, como alguna adolescente abotagada de medidas extremas en trasero y seno, inocentemente, transmiten la virginidad provechosa, que consiste en no pensar, no reflexionar, no buscar información, solamente emitir, saliva o fluido, sea para intentar penetrar a la modelo en llamas, o al modelo de mundo, también en llamas.
Muy pocos se molestaron en reconocer determinados genocidios, sin ir más lejos, luego de quinientos años, recién se empieza a hablar de la feroz conquista española, lo mismo ocurrió con las patriotas batallas del General Roca, luego de que la oligarquía, oliera demasiado a bosta y con ello se viniera a menos, nos dimos cuenta, que a merced de las mejoras tierras en manos de patricios, quedaron decena de miles de cadáveres, como reacción, lo más novedoso, fue que se puso de moda el nombre Lautaro.
Más acá en el tiempo, el genocidio Armenio, el monte Ararat, lejos y diáfano, regado de dolor y de aberración.    
Algún razonador extremo, y original, podrá pensar ¿Es válido que el hombre mate por libertad?, San Martín, respondió blandiendo su espada, que la entrego a Rosas, en diferentes batallas, una sola en nuestro territorio (San Lorenzo) y si bien todo hace pensar, que aquellas disputas eran dentro de reglas de juego claras, (es decir que no se mataban a inocentes) queda aún una pregunta ¿por qué nuestro país no tiene negros?, muy a pesar de los sanmartinianos, todo parece indicar que murieron por nuestra libertad.
Como evitar Malvinas, una guerra donde no fueron precisamente los generales o los hijos de estos, a la gélida isla, la defendieron morochitos del norte, en su mayoría correntinos y chaqueños.
Continuaremos con los hombres de color, que según las últimas estimaciones científicas, habrían sido de tal tez oscura, los primeros, nuestros orígenes más inmediatos que nos separaron del mono, a pesar de la iglesia.
Hutus y Tutsis en Ruanda, se mataron a más no poder, recién las naciones unidas actúo cuando el cansancio rindió a los asesinos.
Pretendemos entrar en foco desde otro lugar, ¿para que interrogar si Fulgencio Batista era tan o más nefasto de lo que fue? ¿ Para que preguntarse cuán terroristas son los que atacan escudados en civiles?. No vale la pena, por más que esta sea la tradición.
Pero más allá de mencionar injusticias internacionales, volvamos a Hernán, recordaba nuestra batalla comunicacional por este mismo, Hernán estaba más vivo que nunca y empezaba a ser un hombre de poder, nosotros perseguíamos transparencia y convicciones, Hernan perseguía otras cosas.
Nosotros le escribíamos lo siguiente al Gobierno de Arturo, en Agosto de  2006.

“El ejecutivo provincial, sea por acción u omisión, estaría incumpliendo la Convención Americana de Derechos Humanos y la Declaración Interamericana de principios de libertad de expresión, en virtud de un manejo discrecional en la asignación de pauta oficial a los diferentes medios de comunicación que se desarrollan en el territorio de la provincia. Pocas voces se alzan sobre este tema, algunos callan por complicidad, la mayoría opta por el silencio, ante la esperanza de recibir aunque más no fuere una pequeña dádiva y otros enmudecen por temor a ser perseguidos. La pregunta cae de maduro ¿Habrá que esperar que los cambios surjan desde la discrecionalidad del poder o en algún momento prevalecerá el sentido común que sostienen las normas?    

Las presiones indirectas que utilizan los gobiernos para interferir con la libertad e independencia de los medios de comunicación, tienen su eje en la distribución de la publicidad oficial. Esta práctica consiste en asignar o retirar pautas publicitarias en función de objetivos personales o políticos, esto es usar recursos que el estado posee para comunicar temas de interés público con el fin de beneficiar a medios de comunicación amigos o para castigar a los críticos.
La convención Americana de Derechos Humanos prohíbe la restricción del derecho de expresión por vías o medios indirectos. Del mismo modo, la declaración interamericana de principios de libertad de expresión, establece que la utilización del poder del estado y los recursos de la hacienda pública; la concesión de prebendas arancelarias; la asignación arbitraria y discriminatoria de publicidad oficial y créditos oficiales; el otorgamiento de frecuencias de radio y televisión, entre otros con el objetivo de presionar y castigar o premiar y privilegiar a los comunicadores sociales y a los medios de comunicación en función de sus líneas informativas, atentan contra la libertad de expresión y deben estar expresamente prohibidos por ley.
El efecto inhibitorio es particularmente fuerte en países como el nuestro, donde la publicidad oficial es esencial para la supervivencia financiera de muchos medios de comunicación, sobre todo a nivel provincial. El juego de presiones a través de la pauta también se multiplica frente a la actual precarización laboral de los periodistas y el sistema de loteos de medios (periodistas negociando pautas).
En una sociedad democrática los ciudadanos, deben y tienen derecho a conocer las actividades oficiales, las políticas de gobierno y los servicios que presta el estado. Esto se funda en el principio republicano de los principios de actos de gobierno. En este mismo sentido, la publicidad oficial es un mecanismo que sirve para dar transparencia a las acciones del gobierno y las instituciones.
Por este motivo, la publicidad oficial debe ser clara, objetiva, fácil de entender por la población, útil y relevante. El gobierno debe usar los medios, soportes y formatos que mejor garanticen el acceso y la difusión de la información, a la mayoría de la población, de acuerdo al propósito y características de cada campaña.
La asignación de publicidad oficial en los diferentes medios de comunicación debe responder a criterios claros y transparentes. Debe buscarse la efectividad del mensaje, esto es que el mensaje efectivamente llega a las audiencias que busca impactar y la racionalidad en el uso de los fondos públicos. Los criterios podrían ser; perfil del medio, precios, medición de circulación (para gráficos) audiencia (televisión, radio e internet).
Los funcionarios políticos, como los secretarios de medios, pueden estar involucrados en el momento de decidir los objetivos y características generales de las campañas, pero deberían dejar el diseño y el manejo diario a especialistas idóneos para la tarea.
Es preciso resaltar que los ciudadanos tienen derecho a conocer los gastos efectuados en publicidad oficial que se financien con fondos públicos. La ley debe establecer por un lado mecanismos que promuevan la transparencia en el otorgamiento de estos fondos y por el otro que garanticen el acceso de esta información por parte del público en general, tal como lo establece el espíritu de nuestra carta magna.
Como puede observar el lector, nada de esto ocurre en Corrientes, no ya por el no cumplimiento de los artículos de convenciones internacionales, normas nacionales y provinciales, simplemente basta con la república y el libertador para ser un mega amigo del poder, y escribir de tanto en tanto con nombre de un filosofo oriental, para fumar en pipa, encendida con billetes públicos”.
Hernán ya estaba decidiendo quiénes percibirían pauta y quiénes no, nosotros sí alguna esperanza teníamos con lo que publicamos anteriormente la hubimos de perder.


Pero Hernán, ronda en el ámbito de la comunicación correntina. No se trata de una cuestión esotérica, por más que algunos abonen a estas prácticas y le den crédito a las mismas en muchas circunstancias del misterio de la vida, se trata de una herencia, de una huella indeleble que la muerte del joven ha dejado, entre tantas cosas, en su partida.
 De ese 10% que no fuimos parte de la tan mentada orgía publicitaria (con censura, aprietes y demás acciones facciosas desde el poder Arturista) no sólo que tenemos el derecho moral de recordarlo, sino que también nos asiste el derecho a reclamo, para que el estado provincial, o los municipios de la provincia, definan de una buena vez por todas y sin ambages, sus respectivas políticas publicitarias desde la organicidad de una ley, u ordenanza.
No sólo que en tiempo y forma presentamos ante la legislatura un foro de medios, para avanzar en una lógica normativa (cómo las que tienen provincias como la de Tierra del Fuego) que estipule una referencia de cuánto y cómo tendría que aportar el estado a los medios de comunicación de acuerdo a las características del medio (su formato, su penetración en el público, su estructura formal de trabajadores, etc), sino que además fuimos parte de la historia más negra de los apremios y censuras de un gobierno como el de Arturo a u medio de prensa.
La distribución de la pauta publicitaria es y debe ser una política de estado, no una actividad plagada de potenciales Hernanes, que desean volver a gestar una orgía publicitaria, o en el mejor de los casos, cobrar mucho y trabajar poco. Los habrá seguramente, y en demasía, pero los gobernantes, provinciales o municipales, tienen que mostrar el tino necesario, para no embolsar a todos “los gatos en la bolsa de las liebres”, ni siquiera por aquellos “justos que pagan por pecadores” sino para no bastardear una actividad, necesariamente vinculada con lo institucional una gestión que se precie de  transparente y posea el objetivo de fortalecer la institucionalidad, dará un gran paso, no sólo para la comunicación correntina, sino también para la provincia en sí en caso de empezar a dar la discusión por una ordenanza o ley de distribución de publicidad oficial.
Y más allá de la justicia y de jueces, Hernán descansará en paz, entre tantas cosas.



Escoria pedante deja de pensar

Se debería crear un padrón único de “jefes políticos” a quiénes se le podrán otorgar estas facultades especiales y por más que entre en coalición con los derechos más elementales, habrá que buscar la manera de poner en blanco sobre negro esta realidad, dado que sí no lo hacemos, corremos el riego de caer en el error de aquellos dictadores africanos que contrataban a notables de la Sorbona, para que redactasen las cartas magnas de sus países, a modelo de la francesa, mientras en las calles continuaba la antropofagia (recordar la matanza entre tribus Hutus y Tutsi en Ruanda hace menos de quince años). 
En relación a los empleos públicos se concederán a todas las personas bajo el sistema del mérito...”. Se debería blanquear la situación y establecer que en los empleos públicos, la prioridad la poseen los familiares, hasta cuarto grado, de los diversos funcionarios.
Implementación de un Sanedrín o Concejo Vitalicio. Tal como existe en la vecina república de Chile, donde los ex presidentes y hombres notables (ex miembros de la corte suprema, por lo general) se adjudican un escaño vitalicio en el senado. En nuestra provincia nos evitaríamos muchos problemas políticos, sí se crea una institución similar, que no tenga las mismas atribuciones que la legislatura, y que funcione a título honorífico, compuesto por ex gobernadores de la provincia que vuelquen sus experiencias, conocimientos y capacidades en tal ámbito, en vez de que entorpezcan las gestiones que ya no poseen en mano.
Igual eviten este tipo de cuestiones, eviten pensar, azomar el pescuezo por encima de la autoridad familiar, religiosa, o escolar, eviten ser por más que les fluya y les salga, eviten que esa escoria maléfica contamine nuestras calles.

Eviten el suicidio, Camus tenía razón con aquello de “lo elemental de la filosofía es resolver sí la vida tiene sentido vivirla o no”, en este caso soy más escolástico, la mejor salida es abrirse al amor, no es muy simpático existir amargado como un Kierkeegard, un Nietszche o un Ciorán, tampoco enloquecerse como un Hölderlin o un Rimbaud.



Los estructuralistas nos han ensañado, de que manera funciona la modernidad, hay que participar como lo pensó Platón en su momento, pero viviendo en la clandestinidad.

Esto es, elegir un par de objetivos, independientemente de que sean altruistas, ideológicos o materialistas, ir por ellos con diferentes envases, con trajes disímiles, aplicar y agudizar la astucia, y en el trayecto, tratar de no angustiarse mucho y buscar la risa.
 Incluso, a través del dinero, se pueden comprar voluntades para aprobar una ley, dado que una ley, es algo abstracto y no material y por tanto no se puede comprar. Lo que sí se puede adquirir es la voluntad momentánea, en este caso de un legislador, para que ante un proyecto determinado, se pronuncie en un sentido. Claro, que ante esta hipótesis, nos encontramos ante la situación engañosa, que nos brinda, el tratar de adquirir algo abstracto (en este caso la voluntad). Para ejemplificarlo de otra manera, estaríamos en el mismo momento engañoso, en que un hombre, al mantener relaciones sexuales con una meretriz, escucha que esta le susurra al oído, “te amo”.



Los que pagan, por intentar obtener algo abstracto, se están comprando un problema.

Optan por adquirir una meta a corto plazo, (en los ejemplos, aprobar una ley, hacer el amor) obstaculizando la finalidad natural, por las cuales se movilizan las cuestiones trascendentes.



Es decir, sí se compra en forma temporaria la voluntad de un legislador, también se puede adquirir el resultado de una elección (mediante prebendas, medios, etc), pero nunca se logrará tener, la legitimidad (no por algo en la actualidad se encuentra tan cuestionada), la gloria ( no por algo, en nuestro país, nuestros ex mandatarios son tan vilipendiados) desnaturalizando, en definitiva, el sentido esencial de las cosas . Además, la obtención temporaria de algo abstracto, por intermedio del dinero, garantiza el presente, pero no el futuro.

La aparición del dinero, como reemplazante, de los verdaderos móviles de la discusión política (ideología, propuestas, modelos de país, proyectos, etc) más allá de la gravedad moral, concierta una mecánica, en donde, las posiciones y las disputas políticas, se concentran en quienes controlan los recursos, para ver quién paga a quién.

De eso se trata todo, diríamos que sí o al menos casi todo, para casi toda la gran mayoría, el resto o pierden las cosas buscando las razones o evadirse de esta realidad.