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Se necesitan más políticos

A horas de un nuevo año electoral, el corso político, se inicia también, con quiénes se disfrazan de candidatos a todo, a los efectos de estar presentes en la movida política, con fines varios.

Hablamos siempre a favor de, como aporte hacia, nunca en desmedro de, que se entienda, sobre todo para una arena política que en este 2017 amenaza con poblarse aún más de deportistas, cantantes y famosos, nada contra ellos, pero se precisa también de los políticos tradicionales, de los que contagian con ideología, los que no le temen a un debate, los que construyen en una rosca, en el barrio, en el barro y también en el café.


Otro de los tantos signos del imperialismo cultural que padecemos, y que nunca nos hemos propuesto plantear es aquello de que los políticos tradicionales, son todos chorros, corruptos, mafiosos, desalmados. Seguramente existieron varios, y existirán, pero no necesariamente actores, deportistas y famosos, por el sólo hecho de ser tal, vienen por naturaleza beatificados y por horas de estar en los medios, recogen besos y votos ante las multitudes, para luego, en caso de no estar preparados, el trillado gestionar se convierte en el reparto de aspirinas de los poderes de turno que manejan como títeres a los afamados devenidos en políticos.
Un político de raza, desnuda su ideología la pone arriba de la mesa, debate, confronta, se calienta, putea, hace todo lo que todos los seres humanos hacemos un día común en nuestras vidas.
En un momento de la historia, el poder detrás del poder (que obviamente se disfraza de los distintos partidos en los que supuestamente se pueda encontrar), se encargó de encajetarnos esa versión edulcorada del político, ese tipo prolijo, bien vestido, que habla en propositivo, que parece más un líder espiritual mahometano que un tipo que va por el poder con todo lo que implica.
Se nos quiere seguir vendiendo, que los que manejen nuestros destinos políticos, no van al baño, toman agua mineral y no tienen ni odios, ni rencores, ni envidias, ni revanchas.
El éxito cosechado en otras arenas, las deportivas, culturales y del espectáculo, los sitúa eternamente en el sitio de tipos elegidos por cierta deidad que los hace impolutos, perfectos, al punto que ni siquiera la tentación no ya de robar, sino de putear a alguien ni se les presenta.
Son los especímenes del estado de los filósofos Platónico, en la versión del exitismo banal, pueril y decante.
La política necesita, de los políticos que están en el comité, en la básica, de los que se enojan, de los que debaten, discuten, proponen, se la juegan, por lo que piensan, o lo que sienten, tarea del elector es descubrir quiénes están por lo que les conviene (una “virtud” del verdadero político es su capacidad camaelónica), el verdadero político es el que le dice al encuestador que es lo que tiene que hacer y no al revés, el verdadero político es el que le maneja al comunicador la entrevista y no al revés, el verdadero político es el que le pone los puntos a los sectores empresarios y no al revés, el verdadero político es el que le dice a sus votantes, lo que cree por más que no le convenga, el verdadero político es el que armoniza la singularidad en la diversidad, administrando el equilibrio de la balanza.
En filosofía hay un principio de máxima que reza “es más importante la formulación de la pregunta, que la respuesta en si”.
¿Existen quiénes hacen política o pretenden hacerla desde otro lugar, con proyectos, con propuestas, con presencia concreta en distritos electorales, con un concepto político claro, para resurgir la finalidad colectiva de la actividad política, con un sistema concreto de presencia del estado en aquellos lugares donde los sectores más marginales así lo precisan, con una visión a largo, mediano y corto plazo?

¿No será hora que esos señores que manejan los partidos políticos en vez de ganar en quebrantos futuros (alguien que tiene lealtad a un deporte, solo podrá serle fiel a la victoria por la victoria misma, lo mismo que un famoso o reconocido, quién sólo se debe a su éxito) y en continuar horadando lo democrático, estimulen la participación de quiénes puedan dotar a la democracia de sentido, y con ello salvar de su extinción, o agonía en la que podría estar sumida?



Debemos conmemorar el día del pobre.


Episódicamente nos acordamos del pobre, ideal para pegarle al gobierno de turno que no nos simpatiza y que tampoco se ha encargado del tema, especial para cada muerte de obispo realizar una recolección más por menos y expiar nuestras culpas, sensacional para generar miedo a quienes sometemos amenazándolos con sumirlos a tal condición si amenazan con no seguir engordándonos. En el payasesco calendario de efemérides que conmemora días tan variopintos y sustanciales para el reverdecer de la humanidad, como el día del árbol, de la argolla gaucha o del relincho amanerado, bien podría ser un excelente proyecto a tiro de decreto para algún gobernador o la iniciativa parlamentaria para un legislador, siempre pensando al pobre para ser usado.
Señalar esto mismo no significa estar en contra de quienes militan alegremente por los derechos de las hormigas californianas, entendiendo que la misma, por el afamado efecto mariposa, replicará en que si no las cuidamos, nuestros hijos incrementarán sus chances de contraer fiebre tifoidea y con ello, aumentar el calentamiento global y al fin al cabo, acortar el final de nuestros días.
Es una cuestión de energías, un ejemplo bastará, al menos para nosotros, para intentar aclarar lo que expresamos.
Se dice del filósofo alemán Martín Heidegger, acusado por muchos de ser colaboracionista o directamente pro-nazi, de que al ser consultado que hacía mientras sus conciudadanos masacraban seres humanos, se encontraba “releyendo a los presocráticos”.  Seguramente no le cabe la misma responsabilidad a quién metía a las personas en las cámaras de gas que al que con responsabilidades académicas trascendió por sus conocimientos y su creatividad ontológica. Algo similar ocurrió con nuestro proceso de reorganización nacional, o la dictadura cívico-militar, no es lo mismo el peso que le cabe al que sostuvo la picana, que al que cantó alegremente los goles de Kempes en el mundial.
Sí por determinados caprichos de los medios de comunicación está en boga la discusión acerca del porcentaje de pobres en nuestro país (cómo si esto resolviese algo además, en los siempre democráticos medios de comunicación, siempre son citados los mismos operadores de poder o de espacios a quiénes no le interesa menguar el número de pobres o han fracasado estrepitosamente en el intento), cualquiera que habite, más nuestra región (históricamente postergada dentro del concierto nacional), o Latinoamérica (a excepción de la Ciudad de Buenos Aires, en relación a Occidente) no puede desconocer la existencia, cabal y exponencial de pobres que nos rodean, nos orillan, nos claman y nos desnudan en nuestra ausencia total de capacidad y de interés por tener una comunidad algo más justa o ecuánime.
Quién tenga la posibilidad de polarizar sus utilitarios de alta gama para no ser alcanzados por los rayos del sol, ni por la mirada del pobre, como el que siendo vecino, convive a metros de la pobreza del otro, puede crearse o construirse hasta un muro, para tapar lo evidente, sin que ello signifique que desaparezca.
Es decir en el reino del libre albedrío, quiénes no hemos sentido la picazón en el estómago por necesidad, a quiénes nunca nos ha llovido más adentro que afuera, a los que desconocemos la tristeza de no ser dignos para encontrar el sustento diario, podemos contar con el derecho campante, y ramplón de luchar por los derechos fundamentales de los koalas oceánicos o de los felinos asiáticos (con el éxito asegurado de que justamente se los consideren seres sintientes, casi en plenitud de derechos, como el viajar en medios públicos de transporte), sin que esto signifique ser más ni menos que nadie, considerando incluso que dando esta disputa estamos colaborando, en ese todo tiene que  ver con todo, con la armonía mundial para tener un mundo más justo. Nadie quiere señalar que esto, es una moda tilinga de los que solo se deberían encargar los habitantes de los países nórdicos, y quién así piense debería ser reprimido severamente, en las redes sociales como por intermedio de algún organismo que vele por los derechos de que cada cual se caliente por lo que le interese, predicando incluso que así construye un mundo mejor.
Simplemente deslizamos, mencionamos, sucintamente, casi con vergüenza, pidiendo permiso, que en las iluminadas mentes de nuestros hacedores, que en los cálidos corazones que habitan dentro de nuestra clase dirigente, el pobre tenga su lugar en el calendario.
Al menos ese día, por esa avidez por pertenecer, compartiremos la foto en nuestro muro, donaremos algún centavo más, sin un claro interés político o religioso, y lo que en verdad sería lo más importante, más allá de las ironías, que se piense en el pobre, en su condición, en cómo hacer para que no sean tantos a los que a diario y a expensas de nuestra calidad de vida, les privamos de tantas cosas, como de su dignidad y hasta de un día en el calendario.
De lo contrario, continuaremos como hasta ahora, en un tratamiento o de gestión de la pobreza, concepto que peligrosa y antidemocráticamente a desplazado incluso al gobierno o al ejercicio del poder.
“Podemos constatar en qué medida es pernicioso otro slogan de moda, el que sugiere que hay que gestionar el estado como una empresa. Entendemos que lo que quiere decir es que debemos tratar sus diferentes servicios con la única perspectiva de la rentabilidad material. La rentabilidad es solo una de las  vertientes de la empresa, y que la otra son las ventajas simbólicas que obtienen los que trabajan en ella. Pero además el estado no es simplemente una taquilla de servicios. Posee un poder simbólico propio, porque ocupa el lugar de dios, cierto que no como objeto de culto, pero si como garante de la legalidad y de la palabra dada…El objetivo del estado no es la rentabilidad sino el bienestar de la población. Esta diferencia en los fines a los que se apunta incluye también a las administraciones y a las instituciones como escuelas y hospitales” (Tzvetan Todorov, Los enemigos íntimos de la democracia)
Hablamos de la verdad de Perogrullo que la política de un tiempo a esta parte, perdió una batalla, en la que continúa tristemente derrotada, en la lona, con pocas expectativas de franca recuperación. Tratase del cautiverio en donde la política ha sido sometida, por consultores, marketineros y un ejército de profesionales que en el afán del vil metal, han asestado un duro golpe a la institucionalidad.
Ese concepto, ladino, afrancesado, perverso  y todos los adjetivos calificativos que puedan ser aceptados por la Real academia, que le caben a la “Gestión”. Dícese de la anti-política, de todo lo representativo a lo antidemocrático, a lo vinculado a los años oscuros, a la violencia dictatorial, que nos lleva a los llantos de los torturados, a la mueca de horror de algún desaparecido, sólo representa, lo diabólico de venderle a la gente, algo que no es, timar al ciudadano, estafarlo en su buena y mala fe, tratarlo de estúpido, de tarado, de imbécil o mejor de idiota en su primigenio sentido griego (los que no se interesaban en asuntos público).
Debería corresponderle cárcel moral (vendría a ser un nuevo concepto de penalidad social más efectivo que el actual y anárquico escrache que lo expondremos en otra oportunidad), al funcionario que pretendiera hablar de gestión, travistiendo bajo ese eufemismo, su obligación, su responsabilidad, la justificación de su sueldo, el deber ser con su comunidad y su razón de ser como hombre en el sentido más amplio.
Es como sí el médico nos dijera que le tenemos que agradecer, tras haberle pagado y tras habernos diagnosticado, una cosa es que le demos las gracias otra que nos la pida, que nos haga sentir que además de todo, le seguimos debiendo, en este caso las gracias. Es como si vinieran todos los maestros y profesores (desde el jardín) de algún hijo recién recibido, supongamos de abogado, y nos pidieran que le hiciéramos un asado a cada uno de ellos, por haber sido condición necesaria del título de grado de nuestro vástago. O para terminar con el arbitrio de ejemplos, sí cada uno de nuestros patrones, se instalara un domingo en el sillón de nuestro hogar, para cambiar los canales del televisor, dado que nos da trabajo los días hábiles.
Esta canallada que se impuso por una lógica cultural que se propuso poner de rodillas a la política, tiene a sus defensores a ultranza que son esos petimetres que no tienen inconvenientes en cambiarse de calza para dar a entender una supuesta identidad política que la cambian al primer viento.
Expliquemos entonces, no ya lo que pensamos o creemos, sino lo que nuestros antecesores, nos han legado como las funciones misma del estado.
Podemos dar el salto a Hegel, en “La Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas” cuando afirma “La esencia del estado es lo universal en y para sí, lo racional de la voluntad, pero que en tanto está sabiéndose y actuándose es subjetividad simplemente y en tanto realidad efectiva es un único individuo. Con referencia al extremo de la singularidad como multitud de individuos, su obra consiste en general en algo doble: por una parte, en sostener a estos individuos como personas y por tanto en hacer del derecho una realidad efectivamente necesaria, promover luego el bienestar de aquellos individuos (bienestar que cada uno procura para sí en primer término, pero que tiene simplemente un lado universal) proteger a la familia y dirigir a la sociedad civil…Con respecto a la libertad política, o sea la libertad en sentido de la participación formal en los asuntos del estado por parte de la voluntad y actividad de los individuos que, por lo demás, tienen como tarea principal los fines particulares y los negocios de la sociedad civil, se debe advertir que por una parte, se ha hecho corriente llamar constitución solamente a aquel aspecto del estado que se refiere a una tal participación de esos individuos en los asuntos generales, y se ha hecho también corriente considerar como estado sin constitución a aquel que no da lugar formalmente a esa participación”.
Al menos un día, debería ser para el pobre, con el viejo y perverso cuento de que todos los días trabajamos por ellos, constituyéndolos en el centro de nuestras supuestas preocupaciones, hemos logrado que las mascotas de los más pudientes vivan mejor y gocen con mayor plenitud de sus derechos que los hijos de los pobres, y el estado, aumenta su complicidad, en esta aberración.








Blasquismo Latinoamericano.

Vicente Blasco Ibáñez, en lo que resulte tal vez una de sus tantas actividades no tan conocidas, fundó colonias agrícolas en el interior Argentino, una de ellas, “Nueva Valencia”, ubicada a escasos kilómetros desde donde esto se suscribe. Internarse en la pasión que generó su derrotero literario-político, es ámbito de historiadores y académicos, de observadores iberoamericanos y de hombres de tertulia política. Sin embargo, para el público masivo, y sin temor a ser injustos con la intensidad social y colectiva con la que vivió, además exitosamente para los términos resultadistas, podríamos afirmar que luchó incansablemente contra todo tipo de tutela, de representatividad y de delegación. Menuda lucha, pues en la arena política, el principio de soberanía indelegable, debía ser refrendado en las calles, mediante la convocatoria de su periódico, que salía la mitad que los tradicionales y que hablaba el lenguaje de los no contemplados o incluidos. Parapetarse frente a la monarquía, en los términos políticos y literarios, en los que lo hizo (expresando que el país de Don Quijote, se había transformado en su asno glotón, producto de los monarcas por ejemplo), propugnar por el laicismo y escribir un libro entero (La araña negra) describiendo, sin contemplación el espíritu conquistador de lo Jesuita y bosquejar un republicanismo sin hacer eje en lo electoral, debió ser más que suficiente, para este Valenciano, que además le puso el cuerpo y dinero, a los emprendimientos agrícolas-colectivos señalados y lejos de su Europa natal, como para refundar todo lo que se unificaba en las pretensiones, altruistas y altisonantes de don Vicente.
Tal como existe una lectura, de que la filosofía de la liberación, es producto de un maridaje de concepciones neomarxistas y heideggerianas, por tanto vendría a ser una suerte de hijo latinoamericanista de padres europeos, no menos cierto, y por tanto arriesgado en lo teórico, es que existe desde hace tiempo un Blasquismo Latinoamericano.
Desde las Repúblicas, hasta las revoluciones en Latinoamericana, nunca tuvieron como eje central el “purismo” electoral. Muchos sistemas que se preciaban hasta de democráticos, augurando una supuesta igualdad de derechos y de posibilidades, ni siquiera en la práctica aseguraban que todos pudiesen votar (en Argentina la ley del voto universal, no contemplaba a las mujeres), como sí además sólo en el ejercicio del voto, se pudiese tener lo mejor que en teoría propusiera o dispusiera una República.       
A contrasentido de lo intentara el propio Vicente, y que posiblemente en forma inconsciente hubiese pretendido germinar en estas pampas, la tutela, la representatividad, la delegación, y por ende el camino fino, ante la subordinación y la dependencia a una lógica de amo-esclavo, está a la vuelta de la esquina en nuestras calles.
Hasta a los aviones le ponemos la nafta, justa, no sólo porque nunca alcanza, sino porque creemos que alguien siempre nos salvará, que finalmente la responsabilidad de nuestra existencia, tiene que ver con un orden divino, cósmico, con forma o rostro, paternal o maternal, con una mano ancha que nos columpia en lo estatal y en lo salvífico. Posiblemente en Latinoamérica sea más fácil demostrar fáctica, que teóricamente, la existencia de dios, de lo contrario, viviríamos con mayor asiduidad accidentes evitables o estados anárquicos en virtud de la impensada tolerancia ante tanta desigualdad e injusticia en la tierra.
También tuvo razón Vicente con respecto a lo Jesuita, en una opinión compartida con Napoleón, en relación a la orden religiosa, pero respecto a lo generado por estas tierras, toda aquella impronta, ya es indiscernible de nuestro acervo cultural y espiritual.
Los conceptos educativos y laborales, están profundamente vinculados con el trabajo de lo Jesuita, de lo contrario, tal vez hubiésemos retardado años o décadas el avance-retroceso de lo tecnológico-ciencista.

Fundar un Blasquismo Latinoamericano, y aquí radica la provocación intelectual del texto, sería propender, basado en las razones del afamado antimonárquico, a un sistema de monarquía constitucional en la Nueva Valencia (es decir en estas tierra Latinoamericanas), para luego de tal experiencia (aprendizaje mediante de llevar a cabo el ejercicio de la soberanía en la acción)  poder llevar a cabo una república con valores democráticos, asequibles, realizables y no meramente semánticos.
  
¿Y sí probamos con una monarquía constitucional?
Posiblemente la sacralización, el haber totemizado lo democrático, haberlo trasladado a un ámbito puramente simbólico, etéreo e impracticable, tras las tragedias mediante de toda una generación que pensó, en su momento acertadamente, en forma agonal que era la dictadura, la opresión, el totalitarismo, contra la democracia, la libertad y las posibilidades de ser humanos, sea gran parte del grave y acuciante problema político, que estructuralmente nos socava en nuestra condición de hombres de bien. Ya es tiempo que nos convenzamos, que no sería descabellado pensar que todo el sistema mediante el cual hemos edificado nuestras promesas, expectativas, como aciertos y fracasos, no ha dejado de ser un castillo de arena, incapaz de sortear el desgaste natural, del ir y venir de un mar embravecido como de una ventisca, siempre amenazante, conculcante y socavante de aquello que vanamente prometió sin cumplir, siquiera parcialmente. La pobreza y la marginalidad que seguimos arrastrando, desde tiempos en donde la democracia prometía alimentar, curar y educar, no es más que una gangrena que amenaza con un día hacernos levantar en la peor de las anarquías, cuando el hombre desnudo en sus más bajos instintos, instale, ipso-facto, la ley del más fuerte, la última ratio, que es la violencia, como devolución o vomito ante tanta crueldad, indiferencia y promesa perversamente sostenida.
¿Por qué hablar de monarquía, si nuestros inicios como estado-nación la han desechado?. Posiblemente por ello, por reconocer de una vez por todas que hemos fracasado en trazarnos esos objetivos libertarios. ¿Acaso no tenemos dinastías políticas, que travestidas en la carcasa democrática, nos gobiernan, fabulesca y burlonamente, mediante marqueses y duques que nos imponen, su sesgo dinástico, por intermedio del nepotismo, la arrogancia, de sus creencias en sangre azul, que nos obligan a ratificarla cada 4 años?.
Por supuesto que se necesitarían, argumentos como los siguientes:
En su obra “Democracia, el dios que fallo” Hans Hermann Hoppe expresa con claridad académica y meridiana: Si el “estado” es el monopolista de la “jurisdicción” lo que hará es, más bien, “causar y provocar conflictos” precisamente para imponer su monopolio. La historia de los estados “no es otra cosa que la historia de los millones de víctimas inocentes del Estado, ciento setenta millones en el siglo XX”. El paso de la monarquía a la democracia implica que el «propietario» de un monopolio hereditario -príncipe o rey- es derrocado y cambiado, no por una democracia directa, sino por otro monopolio: el de los «custodios» o representantes democráticos temporales. El rey, por lo menos, tendrá baja preferencia temporal y no explotará exageradamente a sus “súbditos” ni su patrimonio, ya que tiene que conservar su “reino”. Los políticos habituales del modelo del Estado democrático actual compiten, no para producir un bien, sino para producir “males” como el aumento de: 1) los impuestos, 2) del dinero fiduciario, 3) del papel moneda inflacionario, 4) de la deuda pública, 5) de la inseguridad jurídica por el exceso de legislación, y 6) las guerras, que se han convertido en ideológicas y totales desde la intromisión de los EEUU en la Guerra Mundial I hasta la Guerra de Irak II. “Del mismo modo, la democracia determina la disminución del ahorro, y la confiscación de los ingresos personales y su redistribución”.  O como tantos, otros, pero no estamos en el ámbito académico.
Quizá, tal como lo creen, afinados lectores de Rousseau, o  seguidores de Vicente Blasco Ibáñez (quien fundó en Riachuelo “Nueva Valencia) la soberanía no se delega y por tanto se deba hacer tronar el escarmiento mediante una movilización popular (como las de agrupaciones recientes, quiénes se asumen anti-sistema, dentro de un sistema que no tolera siquiera la sola mención para tal posibilidad) para reclamar en este caso, el derecho a la autodeterminación, para que en una consulta popular, este extremo de la Argentina, vuelva a ser parte de la corona española y además de ser por consiguiente, parte de la comunidad económica europea (con todo lo que significaría) blanqueemos, nuestro sistema político, así nuestra clase gobernante, empoderada, no necesite traficar con la mentira, ni con la impostura, ni robar con inflar presupuestos de canapés o escriturar mansiones días que no existen en el calendario gregoriano.   
Se debería crear un padrón único de “jefes políticos” a quiénes se le podrán otorgar estas facultades especiales y por más que entre en coalición con los derechos más elementales, habrá que buscar la manera de poner en blanco sobre negro esta realidad, dado que sí no lo hacemos, corremos el riesgo de caer en el error de aquellos dictadores africanos que contrataban a notables de la Sorbona, para que redactasen las cartas magnas de sus países, a modelo de la francesa, mientras en las calles continuaba la antropofagia (recordar la matanza entre tribus Hutus y Tutsi en Ruanda hace menos de quince años).

Un mundo que miente, descaradamente, que pide lo que no es, que no se cansa de exhibir esa faceta hipócrita, pérfidamente engañosa, ese dogma inspirado en las mejores argumentaciones para el engaño, en lo que se trasviste lo democrático, para el beneficio, a costa de la marginalidad de millones, de unos pocos.

Y la realidad es que, mal que le pese a Blasco Ibáñez, confesó republicano y anti-monárquico Español, anti-clerical y anti-jesuita, es usado hoy en nuestras tierras, de la cual pretendió crear una nueva Valencia, para legitimar aquello por lo que combatió. Sería al menos consecuente, con sus ideas que nosotros develemos lo que somos y reconozcamos nuestros límites. Imitando a Fidel, en lo mejor que dio de su revolución, que se nos prive de la supuesta posibilidad de elegir, o en verdad de legitimar a nuestros marqueses, posiblemente nos haga valorar nuestra libertad política conculcada, anestesiada, robada.

Sin ánimo de darle ninguna lección o sugerencia a nadie, pero y sobre todo los republicanistas Españoles, deberían prestarle más atención a la consideración secundaria que le brinda el autor a lo electoral, o partir de ello, precisamente, construir su tercer república. Sí en la actualidad, no son iguales ante la ley, por pasar de un sistema al otro, no lo serán mágicamente, sería acorde, que los que se llamen republicanos, adopten la posibilidad de que el voto de los que menos tienen, o menos asistidos o contemplados por el estado hayan sido, valga más (una especie de voto censista, que nosotros dimos en llama compensatorio) que el de aquellos que tuvieron oportunidades o posibilidades de educarse, de trabajar o sanar. De lo contrario, perderán nuevamente, un autor propio, exportando sus consideraciones, antes que ponerlas en el escenario de la política actual y real.
Quizá se nos ocurra aquello de hacer uso de nuestra soberanía, y con ello, casi sin querer, repartamos y demos de nuevo las cartas, de lo contrario, este juego, con estas reglas, ya sabemos cómo termina y terminara; vos y yo, perdiendo siempre.


Salvemos la política antes que condenar a las chicas del San José.

Por más que no estemos de acuerdo, o que incluso trabajemos como para lo contrario, lo cierto es que la gran mayoría (que es en definitiva lo que sostiene la legitimidad de lo político) aún se maneja con una lógica binaria,  con un blanco o negro, substrato explicativo de lo que se dio en llamar la grieta (posiciones políticas agonales que surgieron como táctica de gobiernos de sesgos populistas o progresistas) que muchas veces nos condena al diagnóstico de ser una sociedad bifronte o bipolar. En nuestra pequeña aldea, en la comarca, en la estancia chica, en las cuatro avenidas indelebles en nuestras cabezas , un ritual típicamente adolescente, llevado a cabo por hijas de quiénes creen tener títulos nobiliarios (al punto que hasta poseen casi una ley educativa propia, habiendo retardado como en ningún otro lugar, salvo Córdoba, la posibilidad de que estudien hombres y mujeres, la implementación sin castigo, culpa ni oscurantismo de la ley de educación sexual y no dejando en claro nunca el sistema de inscripción, que como mínimo debería ser transparente y requerir una cuota especial para los padres, que sean altos funcionarios del estado, y que abonen en proporcionen a lo que ganan o enajenan del propio estado, al que además le exigen que le enseñen gratis a sus niñas) desato tal malestar en la alcurnia, que la misma se esparció en los medios de comunicación. Los que tuvieron que dar espacio a la noticia, al ceño fruncido de los señores de la sociedad que necesitaban el reflejo del escándalo en los matutinos locales, como para que la reprimenda en casa, tenga mayor dramatismo. Igual las chicas se casarán con quiénes sigan garantizando que las castas se mantengan y que los muchos (esos que llenan las misas, que caminan las procesiones, que aportan, crean  o no, por imposición constitucional, y que nunca podrán mandar a sus vástagos al colegio eclesial, porque el ingreso es en verdad una clara muestra, del cerco como para pertenecer al círculo rojo social, a la familia política, judicial o estatal) que se sacrifican para que esos pocos vivan muy bien, crean en la justicia de la vida eterna y se ganen el paraíso etéreo, a cambio del valle de lágrimas, de la crotera, contante y sonante, en nombre de dios y las buenas costumbres, que aquellos pocos no respetan, ni respetarán. Y es esto, lo que en plena ebullición hormonal, nos están diciendo estas pobres cristianas, que en un acto de humanismo, reaccionan, natural y sanamente, ante tanto dogma, ante tanta imposición, ante el crucifijo usado como cinturón de castidad. Están vomitando años de conceptos que les fueron inoculados. Las caretas que usaron para disfrazarse, la usarán con purpurina y lentejuelas en carnaval. Se gastarán, autos y casas en trajes, que las pibas de barrio, las que están fuera de la avenida, compartirán sólo en fotos de red social, serán reinas y bastoneras, en concursos, réplicas de las inscripciones oscurantistas del colegio del que provienen, de los ingresos al judicial en donde podrán terminar trabajando, manidos, turbios, sospechados, calibrados en la camándula. El paseo por el punto neurálgico de la Ciudad, el pleno de las cuatro avenidas, más luego la repercusión mediática de la travesura, les da la razón. Son las dueñas de corrientes, o sus padres, por ende lo serán en un futuro próximo, o al menos de la correntinidad. Usan caretas más por una cuestión conceptual, carnavalesca, que por temor a una supuesta infracción o a ser descubiertas. Son lo que han mamado, lo que siguen mamando y lo serán en la continuidad de una mamada que es mucho más que una metáfora de índole sexual. Están más allá del género, de la clase, son la condición. Son las mujeres deseadas, las profesionales exitosas, las esposas ejemplares y que estoicamente, están preparadas a sostener las formas de una sociedad de las que son amas y señoras. Sí salpicar con algo de orina, al otro con quién se compartieron años, de una disputa de estudiantina, termina siendo una agresión, casi punible por algún código de convivencias y replicado severamente por medios de comunicación que escriben decisión la primera con s en sus tapas (alguien alguna vez  me señalo, como queriéndome adoctrinarme que mis párrafos eran muy largos y mis puntuaciones muy escasas. Claro, que sí, no creo que escribir sea transmitir un mensaje, si creyera eso, me comunicaría en morse. Para mi escribir es pensar en otro plano, es ir y venir, al compás de una musicalidad, a la que no me gusta ni corregirla, ni tampoco cercenarla con puntos y comas, en pos de una supuesta economía del lenguaje, o de clarificar algo, como la humanidad misma que de claridad no tienen, por suerte, una coma) estamos más que perdidos.
Prueba cabal de que estamos perdidos, es que esos mismos medios de comunicación, mientras compartían la indignación social por las chicas del Sanjo, daban prensa a la reforma política que caía en el Senado e informaba, que uno de sus protagonistas, el Ministro del Interior, visitaría la ciudad tomada por asalto por las gurisas.
Menos mal que cayó la cosmética propuesta de cambiemos en la cámara alta. No tanto porque tal cosa signifique un triunfo para los senadores de la provincia gobernada por Gildo Insfrán hace 24 años, o el resto de sus pares que la frenaron. Sino más que nada, que los cambios de forma, terminan  sedimentando el fondo, que es en verdad lo que debería ser cambiado. Combatir el principio de Lampedusa, que maquiavélicamente planteaba cambiar todo para que nada cambie.
Lo que debería ser trabajado, o lo que deberíamos rescatar, es el artículo 38 de la constitución nacional. Todos sabemos que de la gran mayoría de artículos que no se cumplen (extrañamente el artículo 2, por ejemplo, se sostiene a rajatabla) este al menos,  desde el funcionariado, es decir por todos los irresponsables que son parte del problema, reconocen como injustificadamente incumplible; casi en un sincericidio masivo, afirman que los partidos políticos, están muertos, en vías de extinción o son sellos de goma, carentes de legitimidad real y hasta simbólica. La propuesta, o lo que pensamos, antes que perseguir con el puntero, o con la biblia a jovenzuelas en ebullición hormonal, para luego hacerles bullyng mediático, es precisamente trabajar sobre esto mismo. Por ende que las fuerzas vivas de la comunidad, también lo hagan es al menos una exclamación de deseo, una cuestión de fe.
Sería más que necesario, claro como lo decimos nosotros desde el barrio (como teorizamos con el cupo generacional, con el voto compensatorio, como planteamos la reforma por plebiscito y declaramos, en idea y letra, el Vera como patrimonio histórico entre tantas travesuras) nos pasa lo del adagio de “que va a cantar bien, sí vive acá a la vuelta” y tenemos que tolerar (es decir pagarle de nuestros impuestos, mediante las convocatorias de cultura o de escuelas de gobierno), que cada vivo que viene desde las ciudades con más luces, a repetirnos consignas perimidas y que se sacan de google, también salga en los medios que replican las chicas tirando orina y los orinados por Rimbaud que acabamos de señalar, pagados por nuestro gobierno que va para adelante.
El estado, debería, realizar una afiliación masiva a todos los habitantes que se transforman en ciudadanos. Es decir a medida que ingresan al padrón electoral, mediante un algoritmo, la totalidad de los ingresantes, debe ser divida por la cantidad de partidos existentes. Es decir si ingresan en las próximas elecciones, 30.000 nuevos votantes, deberían ser divididos por la cantidad de partidos, supongamos 100. La afiliación compulsiva, debe ser una carga pública, para salvar a los partidos. Para generarles afiliados automatizados, que podrán  salirse de tal condición a los seis meses. En ese tiempo los partidos podrán convencer a sus afiliados obligados por el azar a permanecer en ellos o convencer a otros. De esta manera se terminaría el cerco cerrado, el gueto, la pyme en las que se transformaros los partidos. Caería el festival de afiliaciones truchas en la que hemos caído, de acuerdo a lo que confiesan los propios encumbrados hombres de la justicia electoral.
Por supuesto que esta propuesta, está fundamentada con tantas citas, como razones. Por supuesto que esta propuesta no conseguirá la traducibilidad de ser ley, porque no buscamos esa finalidad, dado que aún estamos más prestos a pensar en cómo festejan el término de año nuestros adolescentes.

La política se la dejamos a sus padres, que a su vez, se la dejan a los que sacian sus intereses personales. La política está condenada a ser el presidio mediante el cual una gran minoría vive muy bien, correcta, moral y culturalmente, mientras usted, hace lo que puede, son su vida, con su economía, con su diversión; y ojo con reaccionar y mal, terminará preso, en el mejor de los casos, sin empleo, se lo dijimos no es una cuestión de clase, sino de condición, hasta que usted no sé libere de sus cadenas de esclavo, de sus cuatro avenidas inscriptas a fuego en su mente, ellos seguirán mando, como dios quiere y manda, o en verdad, como le dicen ellos y usted, les cree. ¿Hasta cuándo?.

El poder es para pocos, entre la candidatura de Trump y un legítimo rodeo.

Uno de los legados más preciados de los griegos, de los tantos que la humanidad le debe, es sin duda la instauración de lo que se da en llamar gobierno del pueblo (recordemos que en Grecia existía la esclavitud y no todos los habitantes eran ciudadanos), patraña efectista que perdura, extrañamente en los tiempos actuales, de vacío de ideas, de proyectos y de crisis constantes de legitimidad representativa. Tiempos crispados, o mediatizados, en donde es considerado antidemocrático el luchar por la democracia, desde afuera de los castillos de representatividad, rodearlos, en forma natural, como amenazante para lo legítimo de lo representativo, como quiénes pueden representar las partes más oscuras y hasta violentas y agresivas de todo un colectivo social que se manifieste en una candidatura determinada en un país occidental.

Sostener durante siglos que el pueblo gobierna a través de representantes consagrados por voto popular, debe ser una de los engaños mejor construido por las clases dominantes, para tener a gusto y placer el manejo de la cosa pública y del coso del público.
Huelga destacar sin embargo, que nada mejor le ha ocurrido a esta humanidad, a nivel político, que lo que se conoce como democracia, de todas maneras, ello no implica que esta sea perfecta o pasible de críticas que la pongan frente al espejo de su realidad.
Hace veinte años, era aceptable que nos dijeran que antes que la dictadura, esta democracia era más que una fiesta cívica, o el paso previo a lo perfecto. Sin embargo, se acumulan décadas, en donde esta incertidumbre democrática, se pretende sostener bajo pretensiones académicas como “democracia inacaba” u otros eufemismos que intentan que las próximas generaciones, es decir dentro de algunos lustros y sin que ya le podamos decir a ellos que lo democrático es lo mejor, ante la dictadura (que será una cuestión historicista en tal momento) puedan llevarse puesta, esta simulación de elegir, cuando en verdad, es un pérfido sistema enquistado por los intereses de una minoría que nos impele a optar entre los que ellos deciden que tenemos que, y aquí cambian el concepto, “elegir”, de acuerdo a lo que establece lo que entiende como “la democracia”.

El problema es que los que están afuera cada vez creen menos en esto, más cuenta se dan, de que son víctimas de una jugarreta, sostenida en el horror que fueron los años en los que no había democracia, pero ya son tres las  generaciones que nacen y se desarrollan en el juego de esta falacia representativa, y la clase dirigente, o la gran mayoría de ella, sólo se preocupa en gozar del placer orgiástico, de que esas listas conformadas por la arbitrariedad de unos pocos en el poder, se pongan en los cuartos oscuros, y que por obligación se convoque a la ciudadanía a optar entre los elegidos por los que tienen el poder, que no varían o muy poco, tanto estos como aquellos.
Algún día, esperemos, deseamos y trabajamos para evitarlo, se darán cuenta, llegará alguien, apoyado por cientos o miles (los números ya lo tienen, darse cuenta se dan cada vez más, sólo les resta organizarse y actuar) y echará a un parlamentario, formalmente representante de ese pueblo que se lo demanda, desde su propio lugar de trabajo, tendrá a esos miles que apoyarán la gesta, a contrario del echado quién sólo tendrá o tiene el apoyo de quién lo puso, sí este tipo de acciones se repiten el mismo día en el mismo lugar, en al menos 50 instituciones representativas, esa fantasía o pesadilla traerá un millón de situaciones inimaginables, posiblemente fatídicas o fraticidas, pero será una consecuencia casi natural de lo que venimos planteando desde hace tiempo, la crisis de representatividad se va agravando, elección a elección y nuestros políticos lo mejor que pueden hacer es tomar cartas en el asunto, detenerse en el clímax orgiástico  que piensan, sienten y desean eterno, este sistema violado, ultrajado y vejado, ya parió la criatura producto del oprobio, se debe trabajar en consecuencia de lo contrario los tiempos de placer y goce pueden estar contados, para todos y todas.
Narra el cuento infantil, “El Flautista de Hamelín” que en tal lugar, ocurrió una invasión de ratas, tan alarmante y masiva que hasta los felinos huían despavoridos, ante tal circunstancia, los hombres notables del pueblo se reunieron y ofrecieron cien monedas de oro, para quién pudiera librar a la comarca de la plaga. Un flautista se presentó y aseguró que se encargaría del asunto. Haciendo sonar su instrumento, melódica y dulcemente, las ratas salían al encuentro de la música siguiendo al flautista. Este al recorrer todos los espacios del pueblo, se dirigió a un río lejano, y llevó a todas las ratas a la muerte por ahogo.
Solucionado el problema, el flautista fue en busca de su pago o recompensa. Los hombres notables, rieron con soberbia y adustez, no dieron las cien monedas de oro prometidas a quién simplemente tocó la flauta, según las palabras de estos.
El engañado, saco su instrumento y mediante otra melodía, hizo que todos los niños de la comarca salieran a su encuentro, en tal momento, los llevó para siempre muy lejos de Hamelín, dejando a esta vacía de ratas y de niños.
La moraleja que transmite la narración, destinada a imprimir en los niños el valor de la palabra y lo que genera su incumplimiento, se destaca, como en tantos otros textos inmortales, de los primeros años (como la invisibilidad de lo esencial en el principito, la importancia del esfuerzo y el largo plazo en los tres chanchitos, y el respeto a la palabra del mayor en caperucita roja), por la claridad de su mensaje y también por las posibles segundas lecturas que ofrece, una construcción metafórica básica pero a la vez profunda.
En Hamelín no preocupaba solamente la invasión de ratas, en realidad la mortificación primordial de los hombres del pueblo, era que ellos mismos no podían solucionar un problema que había surgido en donde vivían, ofertaron las cien monedas, no tanto para que se vayan los roedores, sino más que nada, para ver de qué manera obraría el que lograra el cometido.
La recompensa no estaba sujeta a la desratización, sino al accionar que librara el desratizador. Esperaban un raticida, una quema generalizada, una desinfección, recibieron música, y por más que el efecto fue el adecuado, no pagaron porque no creyeron en el método, por tanto mucho menos confiaron en la virtud de la flautista, demostrada luego, cuando ante el incumplimiento se lleva a los niños.
La democracia, no es un sistema cultural o un modo democrático de organizarnos y no hemos hecho mucho más que esto mismo, habilitar, condicionadamente que algunos se presenten a elecciones, y de esos presentados, que los habilitados para votar, en una ficticia igualdad de condiciones, elijan a quién los gobierne.
Esta es la criatura parida. Quién nos alumbre que la revolución no está en las calles, ni en los rodeos, ni en las asonadas. La revolución, está en agitar, profundizar, evidenciar e hiperbolizar las contradicciones de un sistema que dice representarnos y hacer valer, los derechos de los que menos tienen o de las minorías. Enrostrar que esto mismo es ficto, inexistente y tal vez innecesario, o no tan necesario.
Más allá de partidos, creemos que la candidatura de Donald Trump, refleja con claridad meridiana el desafío crucial de nuestras democracias occidentales. Hemos visto desde hace años, como distintos partidos, de ideologías varias, por intermedio de hombres y mujeres, más o menos dotados de carisma, como acompañados de grandes estrategias de mercadotecnia, pregonaron incansable como falsamente, los ideales irrealizables de una democracia inacaba, incierta, incumplible, un embuste a la razón, un timo a la expectativa, un juego perverso a la ilusión de los más humildes.
En tiempos en donde la incertidumbre, institucional como existencial, no es asumida, sino que se la pretende, ocultar, esconder o negar, generándonos para ello, relatos ficticios que más temprano que tarde, se terminan desmoronando como castillos de arena en la mar, produciendo mayores dolores, pobreza y exclusión, dejamos firmemente asentado que el tiempo del ahora, es, el establecer, sin ambages, ni anestesia que el mundo o el manejo del mismo (en lo que consiste la política) precisa de resoluciones urgentes que determinen patrones claros, prístinos y contundentes. Y que estos no pueden aguardar eternamente, que se abran las compuertas de un castillo, sea este medieval, monárquico o parlamentario.
Siglos atrás los intelectuales al terminar sus extensos tratados, debían convencer a sus patrocinadores para la publicación de los mismos. Esperar que la generación de estudiosos se convenciera que la ruptura fuera posible y que tomaran la decisión de instrumentar el accionar, de llevar la palabra al hecho.

Hoy nos alcanza con subir ciertas consideraciones de momento, a las redes sociales, que otros tanto le den compartir, me gusta o comenten a lo sumo Mola Mogollón y el descascaramiento va cobrando una fuerza ineluctable que nos conducirá, más temprano que tarde a un nuevo estado de cosas, mediante esa revolución que anida en la mente, en la palabra, en el concepto, en el lenguaje. 

Del Acto al Pasaje.

Yo estuve ahí, sí en ese infierno, del que pensaba alguna vez salir. Los horizontes están ocluidos. Las lágrimas, en vez de rodar, ascienden, pavorosamente a su vertedero. Ninguna acción producirá ruptura. Las fronteras están disueltas. En el marasmo de sensaciones, el aquelarre de los tiempos difuminados, siquiera brinda norte alguno. Tempestad eterna. El absurdo es la vana razón de una esperanza, avergonzada, que ante tanto dolor, se apiada de la expectativa y desaparece.
La sobredimensión del sentido, lo entendible y razonable en su máxima expresión. Eso era, es y será todo. Lo accesorio seguirá a lo principal. Era obvio, luego de tanta intensidad.
¿Y vos crees que me puede importar lo que vos opinas? Mi doctrina es tu temor, tu queja constante y reprimida. Tus pesadillas, tu enajenación que no puede ser disuelta ni por tus adicciones ni por los químicos, menos aún por la acumulación de material.
Que ruin pretensión, esa gloria etérea de conversar, tal vez discutir, o hermanarte, con aquellos que reposan en una biblioteca, cincelados, sus nombres también en el vacuo bronce de la historia.
Esta retahíla de palabras, son lo único que sostienen al autor con su textualidad. Cada uno de nosotros tiene varias textualidades que conforman su existencia. Algunas son más preponderantes que otras. En verdad, oscilan, se van tensando, en un juego vertiginoso.
Existen momentos en los que uno está vivenciando la eternidad de su finitud, los hechos son secundarios, siempre. Además que en verdad son interpretaciones, o variaciones, modificaciones de lo sustancioso.
No podemos asumir que nunca acabará, que nunca acabamos, que en la pretenciosa pulsión de eternizar el goce, banalizamos el pasaje al acto, disolvemos esa divisoria fronteriza. Vivimos en el acto puro, del deseo cumplido que ya sabe que no en vano volverá a pretender, algo que de todas maneras alcanzará.
Ni el útero es un diván, ni dios es papa. Una eyaculación se transforma en semántica. El miedo al símbolo invoca a la disciplina, al régimen de la autoridad. No cumplir, transgredir, con solo pensar, genera culpa, que somete a la violencia instintiva de ser puramente acto.
Cuando entendamos, desde la fosa barrosa, en el horroroso muladar, de una angustia profunda, que debemos hacer en verdad, el camino inverso. Del acto al pasaje. No al revés, como indican los libros que inventaron nuestras histerias.
Enloqueceremos sanando, privándonos del doble rasero de una humanidad que se excita inhumanamente en sus contradicciones más profundas.
Cuando descubramos que no tiene parangón el placer masturbatorio, como regreso del acto, desistiendo de dar alumbramiento a una vida, por jugos coitales mezclados, posiblemente tengamos derecho a decir que vale la pena vivir.
Si no llegamos a entender que la muerte, es el no cese de los acontecimientos, la conciencia en su variación, nunca tendremos posibilidad de temerle realmente.
Nos da miedo la intuición incomprobable que esto seguirá ad infinitum.
Hacerse cargo de la vida no es nada sencillo, por ello nos enfocamos y nos cegamos ante la vacuidad insostenible de esa muerte, de ese suicidio del pensamiento de creer que no depende de nosotros. La primera y la última eyaculación, son iguales, idénticas. Las diferencias, a las que nos aferramos nos brindan la multiplicidad de creernos, individuos y diferenciados.
Intempestivamente  encuentro que no hay voluntad, menos razón o pretensión en estas palabras vertidas a lo comunicacional. Tal vez sean la manifestación de la tempestad de la que imaginamos siempre escapar, o de la que creemos guarecernos, pese a tener la frente empapada, tanto de agua, como de sudor temerario y de esas sales que humedecerán el vertedero de donde saldrán nuestros sucesores, siempre en la misma posición, en la misma condición.  



Desde la Universidad Nacional de Honduras solicitan al Ministro Avelluto por filósofo Argentino.

La Decana de la UNAH, Rosamalía Ordoñez, junto al Presidente de la Escuela de Filosofía del mencionado País, centroamericano, extendieron una misiva, dirigida al Ministro de Cultura de la Nación Argentina, para que el filósofo Francisco Tomás González Cabañas, recientemente llegado de la presentación de su último ensayo "La democracia Incierta" en Madrid, acto que aglutinó cinco catedráticos de diversas universidades Europeas, pueda estar presente en el congreso de filosofía política que organizan desde la Universidad Nacional de Honduras, para octubre próximo.