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Disquisiciones estivales

Siempre hube de pensar que nuestras tragedias griegas sociales, nuestros desatinos económicos y nuestras barbaries jurídicas, se debían a las normativas espurias y subyacentes, de los dictados obsoletos y pantagruélicos, que provenían de un sistema de pensamiento, que arrastrábamos desde las épocas medievales.
Presentaría una propuesta y no cejaría hasta conseguirlo, para que las administraciones públicas, tanto provinciales como la nacional, adquieran trabajadores bajo concurso. Donde el valor primordial se constituya en la capacitación y el mérito. Mi propia experiencia me hubo de otorgar la tragedia que significaba el toparme a diario con las formas del nepotismo y el amiguismo. Incapaces de hecho y de derecho, que jamás podrían pasar un simple examen de lecto-escritura, nadaban en la abundancia del caldo de cultivo de nuestros problemas, que se hacían carne en las oficinas y dependencias del estado.
Dentro de esta política, para inculcar y generar una meritocracia, se desprendían varios proyectos en consonancia. Desde instaurar becas gratuitas para aquellos estudiantes medios que promediarán niveles de excelencia, pasando por menguar las presiones impositivas a los más cumplidores, llegando a la distinción por intermedio de la orden de la idoneidad a todos los que se destacaran en cualquier ámbito o rama en el fuero internacional. Claro que también establecería medidas de contrapeso, para aleccionar con reprimendas concretas a quienes no rindieran en sus estudios, proponiendo un pago voluntario, a los que evadieran o se distrajeran de sus obligaciones fiscales, aumentando la presión y los controles y tratando de que perdieran espacio en el ambiente público a los que solamente esgrimieran una cara bonita o una catarata de agresiones como oferta cultural a la ciudadanía.
Otro de los puntos problemáticos, que se evidenciaba específicamente en el ámbito jurídico, consistía en lo abarrotado y confuso de nuestro compendio normativo. Poseíamos más de veinticinco mil leyes, superpuestas, inconexas y en muchos casos caídas en desuetudo. Los teóricos del derecho bautizaron cómo inflación normativa al mal que nos sentenciaba a un cúmulo desordenado y anquilosado de equívocos, en que se había transformado nuestra jurisprudencia. Si bien databa de años la redacción de un digesto jurídico, a los fines de organizar tamaña incoherencia, la realidad indicaba que lo único que había sucedido era que continuábamos esperando. Iba a emprender una acción contundente y progresiva, de ir derogando muchas leyes que ya no tenían sentido de ser. La lucha contra la langosta, o la desratización de las áreas urbanas eran los paradigmas de centenas de normas de similares características, vetustas y anacrónicas.
donde los sectores pudientes, amuchados en countrys, se colgaban de la luz para no pagarla, en donde los medios de comunicación más poderosos cerraban filas con los hombres políticos para prestidigitar los asuntos públicos, en donde el taxista que pudiera llevarme a donde pidiera trasladarme, me estafaría enzoquetándome una moneda falsa, todo estaba preparado para que lo anormal se transformara en normalidad y viceversa. Sesiones terapéuticas mediante, me ayudaron a observar, que la invitación que sentía por dar un repentino salto al estrellato, en realidad tenían más que ver, con la necesidad que acarreaba desde la infancia de sentirme querido, de buscar a la madre, que figurativamente existía, más no así en la comprensión y en la vivencia diaria. Típicos boicots, que justificaban el dinero que le otorgaba a mi analista, cuando magistralmente me los desmarañaba. Al tiempo del cimbronazo que no fue tal, y que con ayuda terapéutica pude controlar, me sentí tranquilo y sereno, ninguna situación que me tuviera de simple observador, podría ser el punto de partida de mi carrera hacia el prestigio y la congratulación, por más que estuviera relacionada con la inmoralidad o la corrupción.

Transformar la realidad propia, modificar las circunstancias condicionantes del inconsciente, a través de la conciencia, o simplemente superar los obstáculos que uno mismo se pone para no alcanzar los objetivos anhelados, debe ser por lejos, una de las metas más harto complicadas de realizar. Incluso, cambiar el mundo, revolucionar, con fines positivos a la sociedad en la cuál uno se desempeña o deslizarse cada día en una comunidad mejor, puede resultar una tarea sumamente sencilla, bastaría con un lápiz y un papel, cómo para imprimir con palabras los deseos que podrían aparecer como ineluctables o inalcanzables. Es más si uno se abstiene de la mentada salida, que quizá peque de romántica, podría desandar la ruta de emigrar a otras ciudades, forjarse microcosmos, donde imperen en forma parcial la abstracción, la distracción o el divertimento y en definitiva poder entender, en toda su dimensión, lo dificultoso que resulta el modificar algún aspecto íntimo o que provenga de uno mismo y que atenta contra los propios deseos o la propia realización.
Por más trillada que resulte la frase, el primer paso es reconocer el problema, claro que no basta únicamente con ello. Cuando por esas laberínticas razones, casi inexpugnables, los ojos se enturbian y empiezan a percibir la realidad bajo una tonalidad renegrida, o cuando los oídos aprecian los desafinados y exasperantes tonos de las melodías más tristes y melancólicas, o cuando por las fosas nasales ingresan los aromas más nauseabundos y horripilantes, dignos de un lodazal putrefacto; todo se inicia, cuál perfecto círculo vicioso. El misterioso comienzo no hesita ni se amilana y avanza con magnánima fuerza para activar otros pasos que desembocaran en una percepción, de uno mismo, tan desajustada como negativa.
Los sentidos reproducen equívocamente lo percibido, por la activación en el cerebro de un mecanismo que se obstina en decodificar los mensajes del exterior como señales negativas o directamente como agresiones directas a la propia subjetividad. Por lo general, se suma amablemente, la ansiedad, que impulsa a una falsa desesperación como para cambiar lo que se da por cierto, pero que proviene de una fuente errónea. Las percepciones negativas en compañía de la ansiedad, se mezclan y buscan en forma frenética al dolor. A este por lo general se lo consigue, al recordar, también con injusticia, hechos o sucesos dramáticos o trágicos. Con estos letales elementos, en conjunto, se dispara la destrucción (autodestrucción) de la estima (autoestima) que fluye vía una fuerte crisis de llanto, el inicio de una depresión o un nudo gordiano en la garganta.
La Metafísica de los pobres

Me volvía a encontrar con los fantasmas, con la angustia y con la profunda necesidad de olvidarme de pensar, de especular de razonar y, por tanto, de existir. Visitaba cementerios por las mañanas y bares por las noches, de tal manera despilfarraba mi tiempo. Lentamente este submundo me hubo de llevar al paradisíaco edén de las drogas. Rodeado de nuevos amigos iniciábamos la jornada con marihuana, la extendíamos con ácidos y por lo general acabábamos con cocaína o heroína. El tiempo se detenía, las sensaciones se volvían más intensas, los semáforos hablaban y los automóviles se transformaban en hormigas. Las mujeres nunca osaban negarse y todos parecían estar plagados de tolerancia y bondad. Del asfalto surgían simpáticos pitufos y del cielo bajaban cómicos dragones. Botellas leales, abrían las turbias aguas del alma y rociaban mi cuerpo, envenenando mi organismo y embriagando mi alma. Noches amorfas, noches bizarras, teñidas por la claridad de la destrucción y ocultas por la oscuridad del alba. Tiempo estancado en el vértigo de la nada, eternidad estampada en el seno de la voluntad aniquilada. Tales sensaciones absorbían mi espíritu, cegando mis pensamientos, que pugnaban en forma vana por hálitos de coherencia y calma.

En tal averno hube de conocer la metafísica de los pobres, la verdadera filosofía inherente a la condición humana. Comentarios desgarradores, historias de horror, impregnadas de sufrimiento y espasmo. Menesterosos y parias que permanentemente hablaban de amores, traiciones y valores. Eximios docentes que daban cátedra acerca de la vida, de sus tragicómicas caras. Los pobres y sus desdichas, los cuales los llevaban a una reflexión permanente de la naturaleza del ser, contrastaban seriamente con la visión de los pudientes y sus máscaras, pues expropiados de lo superficial, impedidos de acceder a los objetos materiales y obligados a permanecer en el mundo de la escasez, ostentaban, con soberbia humildad, el más preciado de los bienes; La libertad del pensamiento y con ello la reflexión profunda. A mis oídos llegaban frases comunes, que poseían lo conciso y certero de la experiencia, relatos plagados de dolor, que ocultaban lo angustiante de las lágrimas, pues los carenciados no entregaban la cruel verdad de sus palabras y en cambio transmitían la sabiduría elevada, esa que habla de las mortificaciones y placeres permanentes, constitutivos, por antonomasia, de la esencia más enconada. Pese a que mi cerebro, abotargado de drogas y excesos, no podía coordinar coherencia alguna en la voz de los menesterosos, encontraba el bálsamo justo y con ello el baño bautismal en sacras y templadas aguas.

Paralíticos, drogadictos, niñas violadas, conformaban el coro de ángeles que la existencia me brindaba. Cervezas, drogas o charlas, las excusas perfectas como para descubrir luego la metafísica de los pobres y con ello la verdad del alma. La universidad, mi futuro, Maruja y el trágico pasado habían cedido en forma rapaz ante una vida tan disipada. Muy dentro de mí, sentía que nada podía llegar a sorprenderme y en aquellos interminables días, empalagado por el calvario, pensaba en que ninguna circunstancia habría de cambiar un destino sentenciado. Cada una de mis células percibían el final tan anunciado y tan sólo aguardaba la triste decisión de los prestidigitadores celestiales.
Huyendo de mi mismo, escapando de mi arrojo a la existencia, evadiendo a la colosal condición de ser humano, me encontraba rodeado de excesos. Pastillas de múltiples colores, botellas a medio terminar, dentro de una densa y perniciosa humareda, me demostraban que continuaba traicionándome a mí mismo y que por tanto ninguna acción de vida podrían llevar la etiqueta de la lógica o la coherencia.
¿ Cómo poder evitar los preceptos indiscutibles del sistema social? ¿De que manera manifestar cuán equívocos resultan para el hombre? ¿Bajo que medio hacer expresa una Crítica?, ¿Me escucharán acaso?, ¿Tendré la oportunidad de ofrecer mis conclusiones?, ¿ Le interesará a la gente que tan preocupada esta en poder tener dinero como para comer?. Interrogaba, ya sin pasión, con un dejo de angustia la joven mujer, al vaso de vodka, que inmutable y con la mudez misma de un objeto, tomaba la silenciosa y arrogante voz de la sociedad toda.
La solución de un problema, crea otro conflicto, puesto que ni los problemas ni las soluciones son universales, es por ello que adquirieron el grado de eternas gracias a la finitud del hombre que en el afán de hacerse con la inmortalidad va creando la génesis de los conflictos; es decir, los intentos de solución.
Gauchito Gil, Chamamé y Carnaval

La cuestión Latinoamericana, la cuestión indigenista, o en verdad, para llamarla tal cual es, la cuestión de nuestros orígenes, de lo que somos, de lo que nunca tuviéramos que haber dejado de ser, tras la sangrienta, barbárica y civilizadora conquista Europea, no tiene que servir sólo para que un par de barbudos, se llenen sus progresistas bolsillos con el erario público, pagando de tal manera la batalla cultural de cambiar de nombre un instituto, una calle o un billete.
La cuestión de nuestra identidad, enajenada, ultrajada a más no poder y zaherida de muerte, tras centurias de apostolados de cómo deberían ser las cosas, tiene que ser entendida desde la perspectiva profunda y sintética de cómo ha sido, es y será nuestro modo de ser en el mundo.
Por tanto vale destacar, la raigambre política que permite este análisis, el arribo en la región de gobiernos signados por el denominador común, de entender, respetar y recuperar los valores, tradiciones y los aspectos identitarios que hacen a la esencia de los pueblos. Esta aclaración sirve tanto, como para reconocer la gesta de estos gobiernos, muchas veces tildados de autoritarios, populistas y demagógicos, por los descendientes de los conquistadores, como para señalar que pese a que la posibilidad de un análisis, que atañe a estas cuestiones esenciales se circunscriben y son posibles en el tiempo o en el momento político actual, se precisa de una mirada que integre algo más que la política en sí misma, es decir no servirá el tratar de entender determinadas cuestiones de hace quinientos años atrás, haciendo un bacheo, creando un programa de propaganda, o trabajando sobre la inclusión, se precisa de esto y de algo más.
Se pretende arriesgar la hipótesis que en nuestra provincia de Corrientes, encastrada en Latinoamerica y con base indigenista propia (mayoritariamente los Guaraníes) el trabajo, como elemento indispensable para la realización humana y colectiva, no es entendido del modo que pretendieron y siguen pretendiendo nuestros educadores (que valga la aclaración se rigen por pautas e instituciones extranjerizantes y conquistadoras desde lo cultural y educativo) y más allá de que esto no signifique una novedad, se intentará argumentarlo a los efectos de entender que el trabajo, el ordenamiento social y la forma en que nos ganamos la vida, quizá tenga mucho más que ver en cómo la entendieron nuestros antepasados, que en como nos lo quieren hacer entender desde la conquista a esta parte.
Nuestros sistemas educativos, sociales y políticos, básicamente desde la llamada generación del ´80 hasta sus actuales sucedáneos, los liberales, establecieron un sistema de cosas “Mirando a Europa” fenómeno que escapó al obvio sincretismo cultural que se dio desde la conquista, pasando por las olas inmigratorias, es decir hubo una decisión política de orientar a un estado, despojado de su territorialidad, de sus nombres, a tener desde leyes (Constitución, Códigos) religión ( la conquista) y costumbres (animales, alimentos) Europeas.
Generación tras generación, esta supresión de nuestra esencia cultural de pueblo, nos socavó al punto, de tan sólo aspirar a convertirnos en seguidores obedientes y aplicados de políticas económicas y sociales llevadas desde los centros de conquista, es decir no sabíamos ni que fuimos ni lo que esencialmente éramos, sino que inercialmente, desde aquel genocida punto de vista de la conquista, debíamos contentarnos con ser los hermanos menores de un mundo del que siempre teníamos como referentes a quiénes, se escudriñaran en nombre de la civilización, en nuevos genocidios como los de los ambas guerras, el nazismo, bombas atómicas y demás matanzas a lontananza defendidas por ideologías, provenientes de luminarias extraídas de alguna universidad Europea.

Pero la esencia, es inmodificable, la genética, marcada a fuego, o quizá la intervención de Tupá, para no decir Dios que sería lo mismo, tal como esos nietos recuperados, que pese a ser criados por represores, con cultura represora, modo de ser en el mundo represor, tras saber de su verdad, hoy son fervientes defensores de un modelo nacional y popular, tal como seguramente lo hubieran sido sí vivían su vida con sus padres desaparecidos.
Esa naturaleza que sale, pese a la educación, que no tiene que ver ni con sistemas ni con programas, sino con lo estructural, pese a la alimentación (la introducción de bebidas, de cadena de comidas rápidas, un ejemplo sería que en Brasil, “el combo” o menú es el pescado y la bebida la guaraná), pese a la vestimenta (aún hoy, las grandes marcas de la moda, son de Nueva York, Paris, etc), pese a la política (nuestro sistema electoral de “balottage” es de origén Francés), pese al sistema de valores y tradiciones instaurado, es la esencia que aflora, desde nuestro interior y que ha resistido y lo seguirá haciendo, a la supresión de los sistemas culturales, educativos, políticos y sociales impuestos.
Por algo, en nuestra Provincia de Corrientes, tres fenómenos que se dan en Enero, tiempo según el calendario Gregoriano (hace falta aclarar que el calendario que nos regimos proviene de ese afuera señalado, Napoleón uno de los últimos que pretendió modificar esto) de descanso, de no productividad, son quizá los que desnudan y hablan a las claras de que es lo que sentimos, como religiosidad, el Gaucho Gil, que música es la síntesis de lo que somos, festival del Chamamé y como exteriorizamos nuestra alegría, los Carnavales.
No se trata de fortalecer, una construcción conceptual, como la esgrimida por partidos politicos provinciales, la famosa “Corrientes República aparte”, se trata de que nos entendamos un poco más, sobre todo, aquellos y me incluyo, que pretendemos de nuestra Corrientes, de nuestro pueblo, algo distinto de lo que tenemos.
No debe ser casualidad que fui educado en un Colegio que llevaba el nombre de un psicólogo Suizo y que fui a un jardín y una universidad en Buenos Aires, esas estructuras educativas extranjerizantes me instalaron conceptos inaplicables en nuestro pueblo, en nuestra idiosincrasia, probablemente en un Mitaí Roga, en una Escuela EFA, se enseñe mejor, a ser Correntino, a ser Latinoamericano, a entender el Guaraní, escuchar el Chamamé, fiarse al santo pagano y a hacer un payé. Tampoco sirve que idealicemos este modo de ser en el mundo y nos conformemos con mostrar este exotismo para reventar estadísticas turísticas y generar negocios para algunos. Tenemos que tener en claro que esta forma de ser en el mundo, establece también que sólo sean esos algunos los que caminan el sendero señalado por Tupá, es decir los que tienen y tendrán la magnificencia de conducirnos, la clase dirigente que nos señale el horizonte y el camino seguirá siendo un círculo de pocos, sus amigos y familiares, y todo lo que digamos en cuanta institucionalidad Europeizante y civilidad no dejará de ser un lindo cuento inaplicable proveniente de las escuelas. Necesitamos tan poco esfuerzo, ese sacrificio del trabajo arduo, no es para nuestras tierras plagadas de fertilidad, del agua dulce circundante, de los esteros, de un clima que nos obliga a permanecer a la sombra de un lapacho, esperando una oportunidad, que Tupá mediante su casta de elegidos, nos convoque, nos llame, y en caso de que no suceda, disfrutar de este paraíso en la tierra, a la que le cantan nuestros poetas, surgen nuestros santos, le bailan nuestras guaynas para disfrutar de la vida, tratando de no ceder al imperialismo de las redes sociales, de los 140 caracteres, de la pantalla táctil, del consumismo desenfrenado, de esa democracia incierta, plagada de indignados, de gente que pretende lo que nunca le será dado, como ha dicho uno de nuestros próceres, por causalidad, Correntino y Libertador, “Serás lo que debas ser o no serás nada”.

Lo normal y la locura, visto desde lo político y lo social

Todo acontecimiento que involucre al individuo como ser social, debe ser analizado desde ópticas que contengan el conjunto de manifestaciones que hacen a la problemática। A partir de este sagrado principio intentaremos interpretar de que manera en la actualidad, nominada cuasi universalmente como postmodernismo, (es decir aquello que está más allá de la moda o realizando una visión más historicista, lo que supera a lo moderno, creemos que inferir que este intento de superación; que está dado básicamente por la infinitesimalidad de los conceptos o una abrumadora contingencia dada para la elucubración de los principios que permiten el desarrollo de un sinnúmero de creaciones, sean científicas o de cualquier índole, pueden desviar nuestro objeto de análisis pero no por ello dejamos de esbozar un breve comentario a algo trascendente) en donde las visiones a cerca de las enfermedades mentales caen en bruscas confusiones, no sólo desde el abordaje profesional sino desde un amplio espectro social, en donde lo más problemático sea quizá en que hoy el concepto normalidad padece de una seria patología innata, agravada por una terrible infección adquirida.


A modo de agrupar con mayor precisión técnica y de comenzar con el análisis, nuestro propósito es el de; analizar la normalidad a través del pensamiento y el lenguaje (no sólo como procesos fisiológicos) ateniéndonos a una realidad social determinada (optamos por la Grecia Antigua, básicamente por su condición de generadora de las ciencias más abarcadoras) con el fin del que el lector traslade (con su pensamiento) y transmita (por intermedio del lenguaje en el sentido más amplio) sus conclusiones para diagnosticar con fehaciente precisión el estado actual del término normalidad.

El término normalidad debe su raíz al griego nomos, que expresa un sinificado de regla o norma, se encuentra fuertemente enraizado en una idea de ordenamiento social o para seguir con el griego de sofrosyne.Es de vital importancia considerar la fuerte dependencia que este vocablo posee con respecto a lo social, es decir su fuerte distanciamiento con lo individual. De esta manera nos encontramos con una aporía de gran antigüedad, la cuestión de la acción personal en cuanto a la interacción social.
Al situar este conflicto debemos dar un primer paso elemental , el hecho de descartar las patologías referentes tanto a la construcción del pensamiento (sea bradipsiquia, tradipsiquia etc) como a la forma ( ideas fuertemente arraigadas, ideas delirantes) ya que nuestro objeto de análisis pertenece a una esfera más general que el simple hecho de interpretar las condiciones particulares de lo que trata nuestra hermeneútica, es decir el considerar todas las perspectivas individuales bajo una crítica precisamente de todo lo que engloba a aquellas, es decir lo que significa realmente un estado dde normalidad.
Al abordar la problemática in situ nos enfrentamos a otro particular inconveniente, el de considerar la causa, como condición necesaria, en un sentido Aristotélico que nos revele la génesis misma de lo que se muestra como pensamiento canalizado en lenguaje.
Los caminos son claros pero intrincados ya que nuestro planteamiento no puede recurrir a argumentos empíricos por la simple cuestión de que nuestro objeto es una construcción del sujeto que termina siendo objeto del primero.
Es de vital importancia nombrar de que manera el determinismo genético se encuentra entrelazado con el idealismo que plantea un concepto de libertad, dentro de este campo lindante con lo filosófico es necesario aclarar estas arduas cuestiones.
Lev Vygotsky (en su texto ¨Pensamiento y lenguaje¨) critica tanto a Piaget (en su idea de pensamientos encadenados que parten desde el autista no verbal al habla socializada y al pensamiento lógico) como a Willian Stern (con su idea de personalismo) ya que dejan de helado las raíces genéticas del pensamiento y el habla y basan sus presupuestos en pruebas fácticas observables, el primero, y en construcciones teóricas, el segundo. Esta crítica no nos sirve dentro de nuestras consideraciones, ya que si bien, comprobado es el hecho de que las formaciones genotipales influyen directamente en una futura construcción de personalidad, resulta imposible predecir las modificaciones que podría ejercer el factor social, de esta manera nuestro circularidad de objeto–sujeto necesita una interpretación teórica, ya que la formación conceptual del término normalidad trasciende los límites fisiológicos y empíricos, trastornando tanto su ambigüedad en la definición como su abarcabilidad en la práctica.
Por tanto, y no es el caso de realizar un texto académico, no queda más que establecer con claridad meridiana, que desde un inicio y por todo el transcurso de los diferentes formas de concepciones filosóficas de la humanidad, la normalidad, hasta incluso asociada a lo orgánico o medicinal, (sobre todo después de Foucault), no deja de ser más que una etiqueta, utilizada por sistemas de poder, que imponen, cuando no, por discursos únicos, en realidad lo que debe ser (y no en el sentido Kantiano, sino sistémico) y no lo que es, desde un sujeto, que puede, pensar, amar, sentir y modificar sus propios parámetros como los ajenos, sosteniendo la construcción de lo no-normal o en realidad lo no establecido, que es ni más ni menos, que la consideración de la locura, por parte de los otros dominantes, pero que se traduce en el grito humano de la libertad en su máxima expresión, generando a su vez, expectativas hacia un futuro que se salga de lo establecido, permitido y normal.
El no normal, es un transformador innato, que debe cargar con la etiqueta negativa en su presente coyuntural, pero debe esforzarse por sostener sus principios e innovaciones a los efectos de apostar, no ya por él mismo, sino por parte de la humanidad que lo trasvasa, a un futuro probable y posible, donde las cosas se vean, se sientan, se lean y se interpreten, diferente.
Esperar al tiempo

En la actualidad, transitan por vaya uno a saber que ciudad o pueblo individuos
que dentro de un tiempo serán vivados y endiosados por la masa. No tendrán
defectos y sus virtudes, se verán maximizadas, mientras tanto estos futurosprotagonistas, viven apremiados por quien sabe que ambición, ignorando losdesignios del tiempo y por ello, junto a la masa, alabando y rindiendo pleitesía, a los célebres que fueron consagrados por el pasado, quienes pesea solo tener virtudes, o ser carentes de falencias, no pueden ostentar tal congratulación, puesto que el antes que premia con la notoriedad exige acambio la finitud o la mortalidad, por el hecho de que es más fácil endiosar a un cadáver que aplaudir a un mortal,(El caso Nestor K en la politica).Esta inveterada costumbre Argentina, constituye una de las tantas paradojas
que nos desnudan como una sociedad hipócrita y pendenciera. Cortázar, hoy tu obra resalta y recibe tributos por doquier, esos que, este mismo país, te
escatimó  en vida, y que de alguna manera, te impulsaron a partir al
extranjero. No es casualidad, que lo mismo le hubo de ocurrir a Borges,
Marechal y todo Argentino destacado, que no encontró eco, en un país, que se
compromete muy poco con las expresione artísticas de sus ciudadanos.
Es más fácil recibir aplausos en la hora postrera, en la fetidez de una
tumba. En el hediondo clima de los huesos putrefactos. Porque hay que ser
grande de espíritu, para reconocer a un hombre vivo y destacarlo por sus
logros. De todas maneras, el ruin veneno de la envidia, mas tarde que
temprano, se corroe, y deja liberado un reconocimiento vergonzoso, tardío,
empobrecido, pero reconocimiento al fin. Cómo una especie de justicia
divina, pero demasiado humana y que se expide en la tierra. Por eso las
personas que se destacan por su capacidad, artística, laboral o por su
simple condición humana, encuentran, en diferentes lugares, el laudo
merecido. Los homenajes circenses postreros, simplemente son eso, vanos sonidos, de la pedanteria mas efimera, tal como lo podria ser gestionar o administrar en vez de gobernar, prescindir de las ideologias y las convicciones por la sensibileria de la amistad, cuando no del negociado. Demasiado para un texto totalmente olvidable, como tantos, textos y personas, mas no ciertas obras y postulados, referentes eternos y guias en la tormenta de la nada del sentido.
Nada debería haber sido de otra manera.

Intentó creer que todo pertenecía a la misteriosa órbita de lo onírico. Su rostro hinchado, indicaba que había dormido mucho, la pesadez de su cabeza sentenciaba que había tomado en demasía. La gris mañana, pese a todo, le arrancaba una sonrisa. Y su pipina como siempre estaba simplemente ahì, esperando ver ese rostro casi romano que le indicaba que vivía en un sueño hecho realidad. La panza de tres meses de su amada, le indicaba que en seis meses más sería padre. Tamaña responsabilidad, en aquellos sombríos tiempos de crisis, de todas maneras, el matrimonio se las arreglaba como para que nada faltare en el pequeño hogar y por sobre todo la presencia omnisciente del amor, auguraba un feliz porvenir. La pipina, tal el sobrenombre que venía desde los tiempos de noviazgo, preparaba con amor y paciencia unas deliciosas tortas fritas, su marido, algo perturbado por un tormentoso sueño, prendía la televisión, como para enterarse de las noticias del día.La pava hervía, y la mujer depositaba la séptima cucharada de yerba en el mate. La conversación discurrió sobre aspectos varios de la realidad de la pareja. Es decir de las andanzas de la joven perdiz soledad, una abogada de clase media empobrecida, que vestía con ropas de primeras marcas y que cenaba en restaurantes de alta cocina, y que pese a esto aún no podía resolver que deseaba de su vida y junto a quién lo pensaba realizar. La plática matinal del mate, también incluía al joven profesional Van Kemenade, una verdadera excentricidad posmoderna, es decir un hombre sumamente narcisista, a quién su propia inteligencia lo eclipsaba de tal manera, que sus raros peinados, su elegancia, y sus comentarios agudos, quedaban siempre en un segundo plano. Desde ya, que entre mate y mate, aparecía la adusta figura de Zulma, hermana de sangre de la pipina, madre del pequeño y travieso franco, de tan sólo dos años de edad, y esposa del simpático y bonachón Nico, dueño de una pequeñaempresa familiar. Tras charla y charla, sonó el timbre, un ruido que hubo de interrumpir los sabrosísimos mates. Buscaban a la pipina, es decir a Viviana, a la Doctora Viviana, era ni más ni menos otro doctor, quién juntamente con la esposa del pipón debían presentar un escrito en tribunales. La mujer lo hizo pasar y lo presentó a su marido. El docto, con un dejo de soberbia, saludó al hombre, con una mirada pertinaz y por sobre el hombro, tomó asiento y juntos esperaban que la doctora terminara de cambiarse. El pipón, optó también por cambiarse y dejó sólo al doctor. Una vez en la pieza, el matrimonio intercambió información acerca de lo que iban a hacer en el día. Salieron presurosos los tres, los doctores abordaron un taxi, el pipón en cambio tomó la línea D de subterráneo. En la estación Callao, bajó con las expectativas que aquél sería un gran día, caminó media cuadra y se encontró con un hombre de mediana estatura y gran porte, se presentó como Tito Luraschi, unantiguo amigo de su amada, y le entregó un sobre manila de color madera. El pipón sorprendido por tan raro encuentro prosiguió con su caminata rumbo al trabajo, se detuvo en un kiosco para comprar sus infaltables cigarrillos. La kiosquera, en vez de entregarle el atado, le dirigió la palabra, le comentó que se llamaba Florencia, y que le faltaban dos materias para recibirse de abogada, y que tiempo atrás había sido compañera de facultad de la pipina. El pipón, más sorprendido aún, comentó que hacía cinco minutos que se había encontrado con un tal Tito Luraschi y optó por dejarle a Florencia el sobre de papel madera. Se alejó del kiosco y tras media cuadra, un hombre parado en la esquina de la calle corrientes y callao le entregó un panfleto que tenía impreso lo siguiente: Resulta difícil explicar la complejidad de sucesos que nos tocan muy de cerca, es decir de aquellas problemáticas que cada uno de nosotros las vive día a día. Pero más difícil es aún determinar, la felicidad que nos embarga, cuando vivimos en un estado de completa tranquilidad, de sorprende paz y armonía. Llamar a la Médium Quiroga Karina. El pipón recordó que tal persona había sido amiga de su enamorada, entonces ante la sorprende cadena de casualidades entró a un locutorio como para llamar a la Médium. La línea daba permanentemente ocupada, salió de allí el hombre, a esa altura algo ofuscado por tanta casualidad y se dirigió al trabajo
Tan solo un vano ruido de palabras.

La condición Morfoestática como posibilidad en la postmodernidad

Lo que se quiere analizar en este pequeño informe, es simplemente de qué manera una realidad social, puede estar más próxima a la concatenación de acontecimientos que deriven en un fin escatológico, es decir el análisis del planteo de un conjunto de particularidades, dados en un segmento específico de tiempo, analizados bajo una perspectiva (si se quiere lindante de un cierto pesimismo) decontruccionista de varios teoremas tanto filosóficos, históricos y sociales.
Ahora bien el título del texto plantea la posibilidad de ciertas interpretaciones ambiguas, dado el uso de ciertos términos que pecan de esta falta semántica.
Morfoestásis es un vocablo técnico aplicado básicamente en sociología, pero aquí además hay que tener en cuenta que está utilizado bajo la forma particular de “proceso de intercambios complejos que no producen cambios en la forma, en la estructura o estados dados de un sistema”.. esta definición lógicamente hay que interpretarla bajo el contexto del análisis de las relaciones de la estructura y el agente o de la interacción recíproca del individuo y la comunidad (teniendo siempre presente las formas de consistencia lógica y consenso casual).
Postmodernidad es un neologismo que intenta encerrar el conjunto de manifestaciones, producciones, acciones, organizaciones y todas las circunstancias dadas en un cierto período que conforman la realidad social. Esta acepción aquí es utilizada no solo como una definición temporal, sino como el polémico y rebuscado término que provoca innumerables controversias que paradójicamente lo transforman en un vocablo más que preciso para lograr este tipo de análisis.
La condición morfoestática está dada bajo el desarrollo de la teoría social que desemboca necesariamente en la elaboración cultural. Es decir que forma parte (para interpretarlo de un modo Hegeliano) de la antítesis que deviene en la síntesis que desarrolla de que manera y bajo que condiciones (siempre manteniendo los tecnicismos, ya sea el de consistencia lógica para explicar interacción pura o al margen del poder, como también el de consenso casual para demostrar su opuesto) se logran los pasos sociales. Estos a su vez poseen categorizaciones cimentadas en las ideas de progreso y retroceso o ascenso y descenso, argumentadas en una ideología historicista, sin entrar en cuerpos axiológicos que tiendan a instalar crisis acerca de la teleología de la humanidad.
Tales así que la idea de morfoestásis, es decir el proceso que no permite un avance en el sentido de la interacción cultural (tal como lo define la postura clásica, volveremos a este punto) es sólo una etapa transitoria en la que se van gestando diferentes tipos de acciones que necesariamente desembocan en un proceso morfogenético o instalador de cambios, sin tener en cuenta la conveniencia o la productividad.
Es decir que dentro de las realidades sociales existen períodos dominados por movimientos tendientes a generar cambios y otros sopesados por la inactividad. Hay que siempre tener presente que esta es una visión enteramente macroscópica de la realidad, para brindar mayor claridad y a modo de ejemplo, cuando se dice que la etapa morfoestática es un período reinado por la inactividad, no se lo debe interpretar como cierto tiempo dominado por un parate financiero o político, sino como una generalización de la poco táctil y sopesable relación del agente con la estructura.
Esta suerte de construcción teórica trasladada a un período de tiempo resulta aún más interesante, pero veamos de que trata o que contiene el tiempo determinado postmodernismo.
Se pueden nombrar un sinnúmero de acontecimientos que marcaron el inicio de una nueva etapa a nivel mundial. Algunos consideran clave la caída del muro de Berlín, otros le asignan mayor importancia a la eliminación de la política de Welfare State, están los que se vuelcan por el arrollador desarrollo de os elementos tecnológicos o también los que consideran de vital importancia la interdependencia a nivel general que impone un mundo sin fronteras. Lo cierto es que tratar de dilucidar que acontecimiento originó o fundamentó esta nueva realidad, nos descarrilaría completamente de nuestro rumbo, convengamos que todos los acontecimientos anteriormente nombrados poseen una interesante importancia y más allá de los planteos formales que se puedan llegar a hacer para instalar nuevas controversias, lo realmente valedero es que todos estos sucesos nos condujeron a la simple polémica postmodernidad.
El centro sustancial de nuestra realidad neoliberal, no es más que la acumulación directa de bienes, dominada por una ideología, regida no tanto por fundamentos teóricos, sino más bien por verdades fácticas (mundo unipolar), a esto se suma un desmesurado crecimiento del área técnica (en su sentido más Aristotélico) embarcada en un sitio que no posee fronteras. Es decir que la humanidad al no poseer otra alternativa política, avasallada por el mundo que no deja de circular por sus ojos, entusiasmada por la aceptación de la mayoría, se sumerge inocentemente en las profundidades postmodernas. Es verdad que podemos pegar de omniscientes si generalizamos de un modo tan rotundo, ya que de hecho existen individuos que creen en las modalidades del nuevo mundo y se sumerge a ella con el mismísimo placer que siente un nadador al ingresar a su medio predilecto.
También hay grupos que al no encontrar una salida se abrazan a dogmas y se evaden de la realidad u otros que simplemente hacen esto último.
Como un análisis más profundo, se puede interpretar al objetivo último de la postmodernidad como un intento “del dominio del saber”, pero este siempre va estar sujeto a los parámetros que delimitan a aquella realidad, es decir que a la larga esta intención del dominio de saber desemboca necesariamente en la simbolización fáctica o acumulación de capital.
Estos procesos (los cambios abruptos de realidad) generadores de movimientos o de acciones (más allá de considerarlas positivas o negativas) fueron criticados, hace mucho tiempo, no por el hecho de instalar determinadas modificaciones, sino simplemente por ser vistas como etapas previas a una situación de llegada.
El caso más claro es el texto de Marx, en el que considera al modernismo y toda su rutilante significación como “algo sólido que pronto se desvanecerá en el aire”.
Esta crítica nos parece sumamente interesante, no solo por el hecho de quien la realice, sino por una cuestión de que, contiene no solo un rechazo por el contenido del momento, como la casi totalidad de la críticas de intelectuales a sus mundos (Horkheimer, Nietzche, Sartre, Borges, por citar algunos nombres), la crítica está centrada en que se vive bajo una interacción, pero que no tiene como fin algo interesante para la esencia de la humanidad, por supuesto todos sabemos que era lo interesante en el caso particular de Marx.
Ahora la cuestión radica en que si esta relación de agencia – estructura (de las cuales se derivan la morfogénesis y la morfoestásis), que no solo está limitada al rígido concepto de interacción, ya que el individuo también posee, aunque no se evalúe una energía intrínseca de esperanza o pulsión de vida, según Freud, que puede intervenir directamente en interacciones sociales, posee un constante retorno de sus movimientos, es decir, que no existe un cambio notable o verificable (que puede ser la presencia de la morfoestásis, pero posee más valor el hecho de comprobarlo en la realidad social, ya que en la teoría la cosa siempre se puede relativizar y más en el campo de las investigaciones sociales) por simple conclusión se terminaría diciendo que la postmodernidad, es solo una etapa que lleva a la otra, rica en cambios y evoluciones.
Lo primero que habría de aclarar es porque se considera a esta etapa sopesada de inactividad, acaso un ejemplo de movimiento, no es el mundo globalizado o los proyectos genoma y demás producciones postmodernas. La inactividad no radica en conceptos establecidos como lo enteramente físico, lo exclusivamente intelectual, en estas grandes escalas sociales significan la sistémica eliminación de la soprosyne humana, el equilibrio, la armonía.
Esto tampoco está relacionado con conceptos puros, es decir que la falta de esa soprosyne, es precisamente lo que impone de alguna manera el postmodernismo. Ya que en la historia mundial, nunca se dio una suma de todos estos acontecimientos (no precisamente caratulados como negativos) que provocan un estado de movimiento continuo, que hacen perder la esencia de cada particular, que esta sumergido porque quiere o porque no tiene otra posibilidad. Pero esta pérdida de esencia, no se debe por no compartir las condiciones de vida o los manejos del mundo, se debe básicamente a que no permiten al hombre ejercer un acto de pensamiento, y aquellos que dirigen (serían los que se sumergieron de modo consciente y los que permanecen en lo más alto del sistema) no se les permite el acto de pensar (la realidad del mundo prestidigitada por todos o por vaya a saber quien) por el hecho de que se encuentran obnubilados de lo que ellos consideran esencia.
Siempre a lo largo de la historia se dieron los procesos morfogenéticos y morfoestáticos, el segundo como causa necesaria del primero y de esta forma los individuos sostenían determinadas teorías fundadas ya sea en un argumento filosófico, como en un movimiento artístico o una simple expresión de las pretensiones reales del ser humano. Tales es así que no solo existieron diferencias de concebir la realidad, sino también propuestas de los sectores más desfavorecidos para mejorar la situación, mayor independencia de los grupos comunales que se traducen en abanicos de formas de interpretar la realidad, nunca faltó el calor de las discusiones ideológicas sustentadas en la idea del bien comunitario, jamás pidieron faltar las alternativas económicas, nunca se ausentaron los grandes líderes carismáticos con alguna simple propuesta además de su don natural.
Técnicamente se está atravesando un proceso morfoestático, pero dado que está ahora no nos brinda soluciones (la técnica) y sumado que las demás realidades no llevan cada vez más rápido a un abismo muy pronunciado. No sería más conveniente impulsar una propuesta que por lo menos nos haga analizar en que entramada situación nos encontramos, para luego tomar un camino sin analizar mucho la posibilidad, de positivos o negativos, ya que cada minuto que pasa es un avance mas de la fosilización de la condición morfoestática en la postmodernidad.
Somos hablados.

Hemos sido hablados, o lo venimos siendo por el conocimiento, la religion, la ptoduccion, las corporaciones y en este interregno por la necesidad de producir discursos en las redes sociales. Matrix ha ganado y no existen ni la pastilla azul ni roja, la subjetividad nunca existio.
“La exterioridad como reflejo y consecución del hombre como ser social, posee diferentes medios por el cual se hace presente. Es de obligada necesidad nombrar el certero axioma que postula la aparición del lenguaje como una consecuencia obligada de las contradicciones que parten desde la naturaleza misma de la oposición.
Es decir que esta manifestación contundente encuentra argumentos ineluctables en la profundidad misma del ser (entendido este como simple nominalizad particular de un género abismal). Tal es así que el continuo devenir o la ficcional temporalidad que acaece en el interior del hombre y se traduce en el hecho de ser social, comprende un sinfín de lucubraciones que parten desde una cuestión de inexpugnable realidad innata, o sea desde un punto estrictamente ligado con las entrañas mismas de la esencia (entendida esta como lo menos influenciado por el factor social).
Es por esta razón que la soledad pura, enmarañada en un sinfín de espejismos, no puede manifestarse de un modo contundente, a tal punto que sus medios que intentan llegar al corazón mismo de una definición solo abordan complejas conceptualizaciones que por circunstancias sociales equívocas discurren en teoremas que derivan en simples opiniones.
Es de vital importancia tomar parte de estos preceptos, ya que de algún modo indican el porque de los fracasos y el porque de las ficticias representaciones a las cuales el ser humano se sostiene tan cómodamente.
La representación, el símbolo, dieron comienzo a una serie de sistémicas manifestaciones con el fin de garantizar una organización obligada, ya que la solución o toda situación problemática orillaba por la exterioridad.
Creemos que la partogénesis en un imaginario agrupamiento de genes, indicaba este camino, el pequeño animal sabía donde encontrar sus nutrientes.
Una de las proteínas más rica en energía fue nominalizada con posterioridad como dimensión temporal. Esta de algún modo se transformó en un gran vicio para el pequeño animal, una substancia cuasi ineluctable. Sabemos, de que modo los irrefrenables deseos superfluos perjudican a la víctima de estos. Intentaremos esbozar un vital tratamiento que no solo ataque de raíz al problema, sino que además apunte al verdadero tópico neurálgico.
Desde el momento mismo en que surgió una diferencia terminante entre los movimientos del sol y sus constantes juegos con la luna se desarrolló una arrasadora programación temporal, que como punto final de los extremos verosímiles, que participan en los cuadros computables de cuerpos axiológicos certeros, lleva el nombre de Grenwich.
Esta especificación objetivamente (o sea sin contar los efectos causa consecuencia que pueda llegar a ejercer) modificó una relación del hombre para con su hábitat. De esta manera el ser adquiría un particular atributo que luego terminaría siendo una parte constituyente de él mismo. Es decir, un objeto de vital energía, con el poder suficiente de direccional ciertas conductas y manifestaciones.
Lamentablemente todo se fue aglomerando tras esta magnánima pantalla, los acontecimientos fueron catalogados según esta dimensión, el hombre fue considerado según esta magnitud, que ya tenía un carácter de inevitable, y todo seguía tal cual alguna vez no había sido un espacio dirigido o capitaneado por el tiempo”
El Peronismo es por naturaleza Irreverente y Contestatario

Pese a que los que se dicen peronistas, intentan desvirtuar al movimiento desde sus conceptos más profundos, planteando que la política tiene que ser pro-positiva, destacar sólo los aspectos bellos y armónicos, y destemplar y apartar las críticas y los reclamos, el origen del peronismo y sus principales actores (Caso Evita y Néstor) siempre rescata, valora y propicia la insatisfacción y la irreverencia permanente.
Sólo el peronismo edulcorado, o el peronismo tibio o el peronismo conservador popular es capaz de plantear las ganas, los anhelos y los deseos de todo un pueblo, por intermedio de un mensaje por una red social. Sólo ese peronismo, alimentado por años de enajenar los recursos públicos, obtenidos por la sangre, sudor y lágrimas de miles de compañeros, para rellenar las panzas obscenas de un manojo de capitostes y otros tantos secuaces puede plantear la diabólica perversión de querer quitarle al peronismo su espíritu irreverente, contestatario, inconformista, para intentar “vender” que la política se hace sólo mediante la difusión de “lindas noticias”.
A un peronista que le corre sangre por las venas, le duele, no ya lo obvio (es decir que un gobierno radical no haga peronismo) sí no, más que nada lo inentendible que los que se dicen compañeros, emulen en la perpetuidad de sus cargos a figuras simbólicas de los conservadores como Juan Ramón Vidal, dispongan que la bandera de un proyecto nacional y popular, la lleven como insignia quiénes propulsaron el terror social de los ´90 o la complicidad con los capangas que gobernaron Corrientes o que simplemente los hechos políticos se digiten desde una oficina que más se parece a la del partido liberal, que a las decisiones que debería tomar un partido comprometido con lo popular y el cambio radical de los usos y las costumbres conservadores.     
Lamentablemente, la sociedad en su conjunto, en cada una de sus diversas acciones y actitudes de sus diferentes miembros, consiente, en el paroxismo de la genuflexión, con este sistema feudal, que en la historia no hubo de ser vencido conceptual o culturalmente, sino más bien, superado por la aparición de la peste negra (que arrasó con la población) y por tanto, continúa cobijándonos con sus hipócritas y vetustos principios, e imposibilitándonos el acceso a la condición de ciudadanos.
 
Como ocurre con otra de las manifestaciones que señalan la poderosa vigencia del imperio cultural del horror, y se vislumbra, en la voz y en la pluma de quienes piensan que la responsabilidad absoluta, del estado de cosas, corresponde únicamente a ciertos hombres y nombres. Este atropello flagrante no ya a la inteligencia, sino al mero sentido común, ha permitido que los platos los paguen un fulano o un mengano, cuando todos hubieron de comer y de servirse en los distintas cenas orgiásticas, que nos sentencian a repetir como sociedad, una y otra vez, el espectáculo circense de sentarnos en una mesa engalanada de lujo, dentro de un castillo medieval.  

Estos hombres necios o lugartenientes de algún representante de la nobleza, disparan balas que nos llevan al pasado o salvas que nos conducen al escenario internacional. Cobardes o ignorantes, que terminan siendo funcionales a lo que en público dicen desdeñar y en privado apañan sin dudar.

Nada que suceda afuera de nuestro latifundio, modificará nuestra realidad, primero debemos reflexionar bajo una profunda autocrítica, más allá de que resulte más fácil señalar la criminalidad extranjera o pasada, nos debemos cada uno de nosotros una confesión, que colabore con un silencioso cambio de actitud.

Como hijos de esta sociedad feudal, nos ha costado interminables batallas personales, él poder liberarnos, de los vestigios claudicantes y oprobiosos, que ofrece a sus vasallos, este sistema conceptual y cultural imperante, que se mantiene desde el medioevo.

 

Hemos participado de las fiestas aristocráticas de los hijos del poder, en donde la mayor virtud consistía en dejar encinta a la oportuna morochita de barrio, o transgredir cuanta ley se oponga, a deseos patológicos y adolescentes, cómo agredir a un siervo vestido de policía o iniciarse sexualmente con la criada de la familia.

 

Hemos prestado nuestro convencimiento, a decenas de inescrupulosos y mequetrefes, que no tenían mayor finalidad que la de enriquecerse obscenamente, y que a costa de años y años de displicente obsecuencia, se transformaban en candidatos políticos.

 

Hemos cantado el salmo a algún profeta, en diferentes Iglesias, en honor al casamiento de alguna niña bien, que pese a llevar a la práctica, hasta el hartazgo, las poses del kamasutra, tomaba por esposo a un reconocido homosexual, siendo unidos en matrimonio, por un cura del cuál se comentaba su predilección por los infantes.

 

Hemos comprobado la frase de Napoleón, que todo hombre tiene su precio, y hemos observado como un periodista puede, rápidamente, cambiar el ángulo de la información, si hay un dinero de por medio.

 

Hemos compartido los encuentros decimonónicos culturales, en donde se discutía bizantinamente el sexo de los ángeles, y los reconocidos adalides del saber, se mostraban como mercenarios de las letras y traficantes de prestigio cultural, a cambio de algunas nueces.

 

Hemos expresado incluso, “no sabes quien soy”, en forma engreída y altisonante, a quienes oportunamente nos incomodaran, logrando finalmente nuestro triste y pusilánime cometido de amedrentar.

 

Hemos compartido la idea de “bajar a los barrios o villa”, cuál si estuviéramos mirando la realidad desde la altura, para ofrecerles a los que no estaban arriba, alguna quimera inventada por vaya a saber que mesiánico de turno.

 

Por nuestra experiencia, por que estas acciones hipócritas nos cercenan el alma, tenemos el derecho y la obligación moral, de señalarles a quiénes se dicen peronistas, que esto es lo que tenemos que cambiar, que esta es la realidad, que desde sus panzas gordas y atoradas de vano poder oligarca, no los dejan pensar, como peronista, irreverente y contestatario, como lo fueron Evita, Néstor, y el General.
Más viejo y más rico, igual a más conservador


Los que no creen en verdades, sino en circunstancias, es decir quienes no tienen principios sino intereses, se dirigen indefectiblemente a donde calienta el sol o donde sopla el viento, por tanto no pueden ir a otro lugar que no sea el exitismo que propone nuestra posmodernidad.

Razón por la cuál, quieren ganar discusiones y no discutir, quieren destrozar al contertulio y no llegar a un entendimiento. Estos hombrecillos de poca monta, se dicen experimentados, se jactan de peinar canas, cuando en realidad acopian fracasos, tiran arriba de la mesa, el colosal saco de su derrotero, envestido en probidad por la mera y ridícula suma de años.

Sucede, que piensan cómo Abel Posse (por citar un ejemplo de un hombre pro cultura “conservadora”), que somos una generación a la deriva y que buscamos comprensión. En el fondo, lo que precisamos es que la autoridad se funde en la razón y no en los años acumulados en cargos públicos o en las canas que peinemos. Enfrentar con coraje nuestra caída, debe comenzar con la valentía esquiva y nula de quienes desde la cima dirigencial de nuestro país, se obstinan en creer y pensar que serán eternos, subyugando a quienes con esfuerzo, dedicación y propuestas nos vemos continuamente eclipsados, por dinosaurios, que magistralmente, escaparon de la extinción.

Cuando todo se vuelve previsible y esperable, no hay que apuntar con ignorancia a los poderes proféticos de quiénes señalan lo obvio, simplemente hay que adjudicar el mote de ineptos a los que esperan que suceda lo que finalmente sucede, y lamentablemente, esperar, que desgracia mediante, se tomen las medidas adecuadas y correspondientes. Por sí el lector ha pecado de incauto, esta nota apunta a la generación dirigente, fracasada y obstinada en dar lugar a la nueva sangre, dado que es el nudo gordiano de nuestros problemas.

Los que formamos parte de la generación menor de cuarenta años no padecemos de “una sociedad que calla y no sabe integrarnos”, ni tampoco saltamos bajo un ritmo estupidizante, cuál rito chamánico (en relación a lo que se describen el disfrutar de un baile o música), simplemente porque “nadie supo encender la pasión educativa, la cultura del trabajo o un sentido atractivo de la vida”. La ausencia de análisis, en sendos artículos o pensamientos, como el caso de Abel Posse por señalarlo como paradigma, en referencia a la responsabilidades, que el escritor adjudica mayormente a la clase política y que luego generaliza a la caída cultural, educativa y espiritual de nuestro país, omite irresponsablemente, los cargos que le corresponden a toda la clase dirigente (cultural, religiosa, académica, gremial, etc) y que hace caer al autor de los Demonios Ocultos en un flagrante equívoco.

La sociedad que calla y no sabe integrarnos, en realidad es una sociedad que observa y que no permite, intencionalmente, que las nuevas generaciones suplan a los vitalicios septuagenarios, que se oxidan en el bronce ennegrecido de las capas dirigentes.



Finalmente es tan asequible lo de proclamarse experimentado, un lugar tan común y trillado, que sí alguien se encuentra con estos personajes afectos a este vicio y mala costumbre, lo único que tiene que hacer (antes que hacerle una síntesis de este texto que no entenderán ni medio) es recordarle (una vez otorgado el triunfo) que Pinochet, Videla y tantos otros ya fallecidos, también tendrán seguramente, elementos indispensables, por lo vivido, que tendríamos que escuchar.

Los límites de los años.

Una de las mayores controversias que genera una animadversión litigiosa en la sociedad en relación a los actores políticos, es la reiteración de los nombres para ocupar cargos públicos. El fenómeno se podría denominar como “calesita electoral”, dado que los hombres que los partidos políticos ofrecen a la ciudadanía van rotando indefinidamente, permitiendo que el otrora concejal en la elección venidera se postule cómo diputado provincial, para luego hacerlo en otro cargo representativo. A priori esto podría obedecer a una lógica normal de la democracia. La persona que ha ejercido con probidad y que obtiene el respaldo popular, naturalmente debe asumir mayores responsabilidades políticas, o al menos tener la oportunidad de presentarse ante el electorado. La normalidad se transforma en patología social, cuando observamos fehacientemente, que un grupo de profesionales políticos de diferentes partidos, acumulan decenas de años en cargos públicos, sin encabezar las listas (es decir que van detrás de figuras con mayor popularidad) y que pasan con holgura la edad que establece la ley para la jubilación, afianzándose o atornillándose en cargos representativos, conformando o resucitando, la máxima estipulado miles de años atrás en el nacimiento del imperio Romano o imitando el condicionado régimen de la República de Chile, por el poder de los ex dictadores, pero sin la institucionalidad de los sistemas mencionados, y cobijados por el oscuro y lúgubre manto de la ausencia de normas que fortalezcan un verdadero sistema democrático y republicano.

Consideramos que establecer una representación máxima para aquellos ciudadanos mayores de sesenta y cinco (65) años no sólo que no lesiona o perjudica a los adultos mayores, sino que por el contrario, los dignifica y enaltece, dado que significaría un manto de ecuanimidad inexistente para todas las actividades y por tanto para sus actores. No existe razón alguna, ni parangón normativo, que se precie de justo, que otorgue a los que se dediquen en forma profesional (es decir con una amplia trayectoria de cargos públicos) a la política, la facultad de no atenerse a un régimen jubilatorio, tal como todos los argentinos varones, mayores de sesenta y cinco años (65) y desocupados de sesenta (60), encuentran en tal momento de sus vidas para el cese de sus actividades.

Existen razones naturales, que imprimen límites insalvables, cómo los biológicos o clínicos, que fijan agudos problemas a los que se expone un adulto mayor, tanto a él mismo cómo a la actividad en la que se empeña en seguir desarrollando, si no cumple con su retiro garantizado por la ley de leyes.

A partir de una determinada edad, los problemas suscitados por el envejecimiento, se disparan o se desarrollan, por intermedio de la pérdida de habilidades cognitivas (memoria, lenguaje, cálculo, pensamiento abstracto) que pueden desembocar en demencias o enfermedades como el alzheimer. Se encuentra científicamente comprobado, que a una determinada edad, los riesgos de toda índole (desde padecer accidentes a diferentes enfermedades complejas) se incrementan notablemente, por una cuestión que obedece a un mandato de la naturaleza. El ser humano desde su nacimiento hasta la finalización de su desarrollo físico, se encuentra en un proceso definido cómo anabólico (desde las células hasta los sistemas se encuentran en desarrollo) hasta llegar a una etapa de consolidación o madurez definitiva. La edad bisagra que señala el peligroso descenso de capacidades, por motivos naturales, y que al no ser tratadas se pueden transformar en patologías, para los científicos internacionales y los análisis y estudios que desarrollan, se ubica entre los sesenta (60) y sesenta y cinco años (65).

Necesitaríamos de una norma que les imponga un límite, una barrera, sustentada en las raíces más puras de la Constitución Nacional, a los que desde hace tiempo manejan la cosa pública, y que conformaron una cofradía de características masónicas, para que oferten a las ciudadanía, candidatos que tengan currículum y no antecedentes, y para evitar que estos vacíos normativos, se transformen en oportunidades para destrozar la institucionalidad, cómo el hecho de instaurar una lógica vitalicia encubierta.

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Pensar el Periodismo con la Navaja de Guillermo de Ockhan

  

Uno de los principales objetivos de los filósofos es tratar de encontrar sentido a lo magnánimo de la vida, develar las razones de una caprichosa existencia, hacerla coherente para sí y para los otros, identificar un orden dentro del caos, o profundizar el caos para que tal infierno apacigüe las llagas de lo que muchas veces se presenta como la nada misma.

 

Guillermo de Ockham (un filósofo medieval), como tantos otros, pero a diferencia de muchos, nació a finales del siglo XIII, en tal momento, no existía mucho margen, como para pensar otra cosa que no fuera que de la inmensa potestad de Dios, provenían las razones más trascendentales como las acciones más nimias de quiénes tuvieran la posibilidad de nombrarlo.

 

En la búsqueda intensa de expresar los sentidos que brinden un sistema de razonamiento que nos permita manejarnos con cierta lógica, uno comunica, o al menos lo intenta, esos canales son arterias indispensables, vasos comunicantes, entre la sociedad y sus actores.

 

El pensador medieval a quién hacemos referencia, pocas veces ha sido sacado del ostracismo académico, al que lo someten, quiénes consideran, que tanto él, como cientos de sus colegas, sólo pueden dialogar entre sí y los actuales interesados en obtener una licenciatura en filosofía.

 

Algo muy similar ocurre fronteras afuera de la ciencia madre, en los ominosos terrenos de la política, no la teórica, sino la práctica, la del día a día, la del poder concreto y efectivo. Sólo quiénes conforman el universo de funcionarios, y de ciudadanos electos por el voto popular (más los amigos de estos), hacen y deshacen, construyen y destruyen la realidad de cada uno de los soberanos. A diferencia de los filósofos, los políticos son comunicados, por tanto, los vasos comunicantes o medios de comunicación, piden, solicitan y reclaman información cotidiana, para cumplir su rol, para dotarse de sentido para sí y para los otros, en esta interrelación, más allá de la obligada comunión de intereses, se forja una costumbre, inamovible, perenne.

 

La Navaja de Guillermo de Ockham (tal como es sintetizado y metaforizado su pensamiento), tuvo el filo necesario, para en pleno medioevo cortar la unicidad entre razón y fe (huelga aclarar que esto le costo al mencionado ser declarado hereje) mediante un razonamiento que planteaba la inexistencia de los universales (es decir no existían “los hombres”, sino Juan, Pedro, y demás, y las causas vinculantes sólo se podían comprobar mediante la experiencia y no la fe o la razón forzada o barnizada por la fe) pero ha perdido su filo, al quedar preso en ámbitos académicos, en tristes pupitres universitarios destinados a producir en serie, profesores que transmitan apuntes fotocopiados a futuros profesores que eternamente reproduzcan lo mismo.

 

Nada muy diferente, del secuestro perpetuado en la arena política, hombres y mujeres, que se dicen pertenecer a sendos partidos que defienden determinadas ideologías, son hablados, y no hablan, por los medios de comunicación, tanto porque en su afán de tener poder no se preparan para pensar y construir, sino para reproducir no fotocopias, sino slogan de campañas o gritos del capanga de turno, o porque los medios y muchos de sus hombres, en la prisión del no pensamiento, de la inmediatez del cierre o del subir una nota, en vez de buscar la política en otros lugares, o investigar lo que realmente ocurre (pensar lo que se va a comunicar y no comunicar por inercia o solamente por intereses corporativos), reinciden en la cárcel del político funcionario o representante, que no tiene nada para decir, y mucho por repetir, replicando el vacío, reiterando hasta el hartazgo conceptos vacíos, que necesariamente caen en descalificaciones personales, que a tal altura son producto tanto del político ceba-mate y hueco sin concepto, como del periodista haragán o interesado que sólo pregunta y reproduce por un interés corporativo o de la patronal.

 

Entonces, en este sin-sentido, tienen que aparecer los Guillermo de Ockham, los filósofos, no los secuestrados en los pupitres de las universidades, sino quiénes se juegan por pensar, por dotar de una razón a lo que ocurre y en caso de pensarla, sentirla o vivenciarla como algo negativo, tratar de transformarla.

 

Pero la humanidad en sus conductas, es tan reiterativa, que sí en el Siglo XIII se condenaba a quiénes buscarán otras lógicas a las existentes, en el presente siglo, el pensar la política, desde fuera de un cargo, es patrimonio de loquitos de librepensadores.

 

La mayoría de los medios y sus hombres, no publican lo que no entienden, lo que no factura, o lo que es lo mismo, lo que no proviene desde las usinas del poder.

 

Tenemos políticos que repiten, que no construyen desde los conceptos, sino que articulan desde la lógica del amigo-enemigo, del que obedece y desobedece, hombres de medios que tampoco piensan lo que transmiten y amplifican las repeticiones huecas, haciendo aún más hueca y agravando el sin-sentido, pensadores presos en sus pupitres y una sociedad presa del sueldo estatal, o del gran presidio, donde la mayor condena es no pensar.

 

Los loquitos o librepensadores, antes herejes o desaparecidos, no son hablados por los medios y sus hombres, por más que reclamen que se cumpla efectivamente una ley para que las declaraciones juradas sean públicas y no estén presas de un sobre lacrado, o de la sospecha permanente que los políticos son todos delincuentes (la razón práctica por la que no lo hacen los funcionarios, es porque temen ser secuestrados al mostrar cuanto tienen) tampoco tendrán el acompañamiento de los que sólo repiten y se asustan de las iniciativas que no provengan del poder escuálido de conceptos y de sentido y prefieren generar cizaña para que los políticos se acusen de ser oscuros personajes de historietas.

 

La Navaja de Guillermo logró cortar un período de pensamiento, inaugurando otro, más allá de sus contratiempos, mas allá de que aún hoy uno tenga que escuchar en una misa que un cura párroco, pida por la salud de la hija de un ex gobernante, negándole su identidad (recordar que la navaja de Guillermo consistía en no pensar las generalidades, sino en la individualidad) y mencionándola como la hija de.        

 

Los medios y sus hombres, tienen la gran posibilidad de pensar cómo y que comunican, extrayendo lo mejor de nuestros políticos (para que a su vez estos nos ofrezcan sus mejores exponentes y no los más conspicuos lugartenientes levantamanos), sacando a los pensadores de las cárceles dogmáticas para comunicar lo que han pensado, integrando a los loquitos y librepensadores a un sistema que los necesita no para perseguirlos, sino para que aporten sus visiones, a los fines de tener una sociedad más justa y ecuánime.

 

El presente es mi más sincero homenaje a la actividad periodística que me ha permitido subsistir, conocer a políticos valiosos y a loquitos que más temprano que tarde tendrán razón, y por esta deuda moral que siento con una actividad que se me ha cruzado en el camino, es que esbozo estas reflexiones, porque al conocerla como a quiénes la hacen, sé que dotada de un poco de pensamiento, podrá ser una piedra basal para construir una sociedad mejor para todos.     
La Dictadura del Hacer

Muchos hombres de acción, equivocadamente, piensan y sienten que los cuestionamientos del pensar, son dardos teledirigidos hacia sus cabezas, y con el manejo, mediático y sobre supuestas usinas “intelectuales”, quieren dejar en evidencia, que el pensamiento crítico es sólo la jactancia de las minorías, el inconformismos de infantes sociales, que tendrían que agarrar una pala para no pensar, dado que esta actividad no generaría, para sus conceptos, nada redituable, socialmente hablando. La condena de buscar respuestas donde no las hay (las filosóficas) es un encadenamiento eterno, el no arribar a una libertad absoluta, no significa que tengamos que abandonar una causa que viene con nuestra naturaleza, por más que la dictadura del hacer, nos someta a creer que sólo somos seres destinados a plantear desdichas sin objetivos prácticos. Para terminar con la introducción, que muchos agarren una pala, merced a que pocos gestionan la pala, no significa que algunos se pregunten, ¿para que se agarra la pala?    

Todo sigue igual, no sé porque algo tendría que cambiar, sí los mismos de siempre, no han perdido sus prerrogativas. Sí los olvidados eternos, no pueden o no quieren, otra realidad. Otra vez, ¿para que hacer la heroica?, ¿de que ficción literaria, habrá salido eso de la moral, de la dignidad?, ¿en que lugar del planeta, o del alma, se premian las supuestas buenas acciones? La desventaja de no creer en un más allá, me respondo, ¿que sentido tendría ir por el bronce, en una provincia que no sale del barro? me desgarro con una nueva inquietud,  esta vez no tengo respuestas.

 

Pero la espada, cada tanto asoma, cuál virus inesperado en un cuerpo decíamos, o sí se quiere como castigo providencial a una tierra plagada de mal, que deja morir por egoísmo o haraganería a su propia gente
La Dictadura del Hacer

Muchos hombres de acción, equivocadamente, piensan y sienten que los cuestionamientos del pensar, son dardos teledirigidos hacia sus cabezas, y con el manejo, mediático y sobre supuestas usinas “intelectuales”, quieren dejar en evidencia, que el pensamiento crítico es sólo la jactancia de las minorías, el inconformismos de infantes sociales, que tendrían que agarrar una pala para no pensar, dado que esta actividad no generaría, para sus conceptos, nada redituable, socialmente hablando. La condena de buscar respuestas donde no las hay (las filosóficas) es un encadenamiento eterno, el no arribar a una libertad absoluta, no significa que tengamos que abandonar una causa que viene con nuestra naturaleza, por más que la dictadura del hacer, nos someta a creer que sólo somos seres destinados a plantear desdichas sin objetivos prácticos. Para terminar con la introducción, que muchos agarren una pala, merced a que pocos gestionan la pala, no significa que algunos se pregunten, ¿para que se agarra la pala?    

Todo sigue igual, no sé porque algo tendría que cambiar, sí los mismos de siempre, no han perdido sus prerrogativas. Sí los olvidados eternos, no pueden o no quieren, otra realidad. Otra vez, ¿para que hacer la heroica?, ¿de que ficción literaria, habrá salido eso de la moral, de la dignidad?, ¿en que lugar del planeta, o del alma, se premian las supuestas buenas acciones? La desventaja de no creer en un más allá, me respondo, ¿que sentido tendría ir por el bronce, en una provincia que no sale del barro? me desgarro con una nueva inquietud,  esta vez no tengo respuestas.

 

Pero la espada, cada tanto asoma, cuál virus inesperado en un cuerpo decíamos, o sí se quiere como castigo providencial a una tierra plagada de mal, que deja morir por egoísmo o haraganería a su propia gente
El Problema del Otro, o es el otro, o la otredad no existe


Tanto la ley química del todo o nada, como el sistema filosófico de Nietszche (eterno retorno), como la digestión misma, la circularidad del dinero y en definitiva como para cerrar esta pequeña lista de ejemplos (que por existir en gran variedad, el modo de elección peca de un profundo anarquismo) la vida en sí, son la representación fidedigna de cómo entre los conceptos encontrados, se encuentra una tercera posibilidad, que brinda una alternativa, que en definitiva, no es ni más ni menos, que el mero desconocimiento y la inexplicable esperanza. Por intermedio de esta particular interpretación de la vida en sí (que creemos que es la más esquemática y la que más se acerca a lo que no tiene un asidero fáctico) avanzaremos en pos de demostrar, una situación, que parece muy evidente, pero que creemos se encuentra poco investigada. Partimos a modo de ser precisos, de una categorización concreta acerca de la ontologización, como argumento racional y creador de los conceptos de otredad y mismidad. Esta definición, que se enmarca dentro de la conceptualización, del estudio del ente, en cuanto ente, encierra un problema ya que habría que considerar esta definición, a través, de ópticas que configuren un mapa algo más particular, que la monstruosa generalidad, que nos da la definición clásica del estudio del ente. Tales así que la cosa debe segmentarse en (solo nombrando la facción en la cuál sostendremos nuestro análisis): el ente en la mente humana, por el conocimiento, nominalizada como ontología gnoseológica ya que contiene un margen suficiente como para ser utilizado por saberes que intenten clasificar objetos que se presenten delante del sujeto como exterioridades (influenciadas o no por el sujeto, depende de la corriente de análisis) presentes y constituyentes del ente en cuanto ente.
Al tomar este concepto ya estructurado, la antropología centra su objeto de estudio con una base perfectamente argumentada.
La problemática a la que apuntamos es la consideración teleológica de esa ontología gnoseológica, ya que observamos un hecho particular, con la situación de la modernidad, que en definitiva, no es más que una construcción histórico cultural, a la que no se le proporciona (en nuestro humilde parecer) un análisis certero, precisamente por la falta, a la que anteriormente hacíamos mención.
Es fundamental iniciar nuestro camino, observando los procesos argumentativos por los cuales la antropología, se desliza, en pos de la aprehensión de la porción de la ontología gnoseológica, que le permite una cierta base ideológica, para su construcción metodológica del saber, al cual se intenta ocupar.
Varios son los caminos, que tropiezan, con la falta de rigurosidad, ante una teleología, que es más que condición necesaria, para la estructuración, de una construcción histórica, que de alguna manera haga evidente la naturalidad a la cual tiende el ser humano .Tanto en un modo particular como universal (apoyandonos en un principio Durkheniano si se quiere).Nos urge delimitar el camino de la definición que parte desde la cosa misma(en un sentido estrictamente ontológico) para atrapar una realidad de lo otro. Tomamos la definición Heideggeriana (en su texto La Pregunta por la cosa) de que la cosa es una pregunta histórica. Tales así que al recorrer el camino propio de la definición, se debe tener en cuenta la proposición; es decir el predicado, o en una extensión algo más rebuscada, pero no por ello menos argumentada, el entorno al cual la ¨cosidad¨ se debe. Aquí nos enfrentamos ante otra cuestión peculiar el hecho de formar la definición con un presupuesto (criticado y actualmente olvidado, más por una supina ignorancia o por un temor sostenido en la dificultad misma de la interpretación) en el cual el ser posee determinadas posibilidades (en Aristóteles sería potencia) ante una estructura que le es inherente, sea generada (pensamiento clásico) creada (pensamiento medieval) o producida por la disputa de poderes tendientes a la imposición de los instintos (pensamiento moderno).De aquí se induce, que este ser en cuanto tal, posee determinaciones estrictas, como por ejemplo las categorizaciones de espacio-tiempo (lo cual se observa de manera brillante en Kant en su Crítica de la Razón Pura) lo cual lo involucran en un área particular y a la vez esencial de la definición.
Hasta el momento poseemos los elementos temáticos de la metodología que nos permitirán esbozar un argumento, para nuestra observación, pero también debemos prestar atención a los momentos y a las definiciones, que actualmente, son el sitio específico en el cual se centra el verdadero problema , que al no toparse con solución alguna ofrece un abanico de lugares en el cual se refugia la no definición, o que es lo mismo una apariencia de tal (la finalidad equívoca en el cual se centran ciertas corrientes antropológicas).
La construcción del otro, por la diferencia, se constituye básicamente con el supuesto Darwiniano de evolución, que parte desde una construcción teórica – biológica que ampara un progreso del ser en cuanto tal, evidente en la constitución evolutiva del mono al hombre. Este sistema aplicado por Morgan y Taylor en las definiciones antropológicas, considera una condición social determinada, como receptora de atributos que sobresalen de las demás expresiones de cultura y de esta manera se encuentran diferentes manifestaciones graduadas de sociedades.
Podemos observar que el interés solo se condiciona a una idea ilimitada de progreso o evolución o lo que es lo mismo, a no determinar un telos a la condición u objeto de estudio antropológico, con el argumento de no poder anticipar los progresos debidos a los decretos azarosos de la genética (campo de discusión para la bio-ontología) los principios de esta corriente no definen una particular finalidad de lo mismo con respecto a su otro (la diferencia que actuaría como condicionante necesario) si no que solo se limitan a resguardarse en una diversidad histórica (en los aconteceres sociales que hacen a la diferencia) que no deja de ser una mismidad, en cuanto a la realidad del sujeto, en cuanto tal (sostenemos esta aseveración parapetados en los magníficos desarrollos Aristotélicos del sujeto y su acción presentes en sus obras titulas Metafísica y Física).
El otro por la diversidad latente en Malinowski y en Lévi-Strauss avanzan en un camino crítico de la anterior postura. El primero funda sus construcciones en la diversidad dada por la necesidad. Esta cuestión es interesante, ya que se aparta de una idea de reglamentación axiológica para centrar sus presupuestos en diferentes ideas de otredad. El gran inconveniente que encontramos, es que esta corriente, cuenta con la innovación en la observación participante solo considera al género como una agrupación tendiente a satisfacer sus naturales necesidades fisiológicas. Es decir que comparando al género supremo o poseedor de razón con su inferior o carente de raciocinio, no existiría diferencia alguna. Por tales motivos es imposible situar para nosotros esta perspectiva como satisfactoria o valedera para tratar de buscarle una solución a nuestro conflicto.
Lévi –Strauss al plantear la unidad Psicobiológica del hombre, traslada todo su análisis en ciertas comparaciones, que delimitan la diversidad en cuanto a la particularización de cada cultura. El principio universal de prohibición del incesto toma a cada manifestación cultural como una naturaleza única y a la vez múltiple ya que el Belga se concentra en análisis sociológicos para nominalizar las diferencias. De esta manera centra su atención en las manifestaciones que hacen al ser social. Luego veremos el problema de este sistema, una vez explayada nuestra observación.
Los Neomarxistas construyen al otro por la desigualdad. Amparándose en las distinciones Marxistas que parten desde las consideraciones políticas en cuanto a las clases sociales como reacción de un estado social particular. De esta manera nos encontramos ante un análisis que presenta un fin, el de la disputa o la adecuación exacta de un sector social a una determinada circunstancia histórica. Observamos con cierto interés esta construcción ,pero su base Hegeliana, dentro de un marco social no filosófico nos permite desechar este sistema.
Una vez recorrido someramente estas lucubraciones nos vemos obligados a desarrollar nuestras conclusiones. La temporalidad social definida como Modernismo (en realidad hoy hablamos de postmodernismo, pero esta consideración daría para otro trabajo hermeneútico ) en donde las diferencias están sujetas a la acumulación de la mismidad (la producción en serie) producen un estado de inseguridad ante lo que no se debería presentar como tal, la afirmación presente en el texto de M.Bermann ,¨ Todo lo sólido se desvanece en el aire¨ nos parece tan ajustada y sintetizadora que la tomamos como máxima para abordar la situación que nos atañe.
Dentro de este marco en donde la identidad esta dada bajo parámetros económicos y en donde la diferencia se podría encontrar en la exclusión (ver el trabajo de V.Forrestier ¨ El horror económico¨ ) nos es fácil encontrar el porqué del fracaso continúo de las diferentes corrientes que intentan abordar la problemática antropológica en nuestros tiempos. También consideramos que toda construcción que no contenga una finalidad del género en cuanto tal , discurrirá en opiniones que no pertenezcan , según nuestro parecer, a la misión del saber antropológico.
De esta manera debemos retomar la definición de la cosa como para encontrar un ideal de otredad y mismidad . Esta ,debe considerar los predicamentos del ser (entendido este bajo sus naturalezas inherentes e inexplicables) como una consecución o un devenir en búsqueda de precisamente este ser- ahí (Dasein), para esto primero habría que preguntarse por el ser mismo, ya que las definiciones se encargan solo del ente o de los predicamentos de los predicables, pero situarnos dentro de este campo nos obligaría a abandonar nuestra actual observación. En líneas generales, lo que se exige es tomar las consideraciones ontológicas- gnoseológicas para de este camino situar las diferencias e igualdades que la inseguridad del mundo de las apariencias no nos permite divisar. Pero precisamente el tratar de buscar el elemento esencial de lo universal nos permitirá dejar de helado las imposiciones que el mundo moderno nos impone con un ciego preguntarse.
Dejando de lado, el texto académico, lo que se intenta expresar, bajo conceptos plagados de giros que saben a humedad de biblioteca, es básicamente porque los seres humanos, y por sobre todo, los que nacimos y nos educamos en culturas occidentales, reaccionamos ante el otro, ante al extraño, ante el distinto a nosotros mismos, con una suerte de rechazo social. Para ponerlo en buen romance, y casi en guaraní. ¿ Que impulsa, a un correntino de clase alta, a mirar por sobre el hombre, o con soberbia, a un comprovinciano suyo que vive en un barrio bajo?.
La narración, academicista, no sólo ha sido una clara muestra de sapiencia de quién suscribe, tampoco un texto intelectual, con citas clásicas de hombres de la antropología, simplemente se constituye en un ejemplo, en un cobayo, de lo queremos señalar, con respecto a la mirada que se tiene de los otros.
El presente análisis, jamás será siquiera leído, por alguien que no haya alcanzado al menos, una educación secundaria, tampoco le dedicarán tiempo, aquellos quienes no se molestan en interrogarse, aspectos fundantes, profundos, íntimamente relacionados con los problemas culturales de una sociedad.
Los pocos, que lleguen hasta el final, y que puedan rescatar algo del planteo, por más que el texto se haga publico, sabrán que aún nos encontramos a ciento de décadas, de poder al menos poner por encima de la mesa, cuestiones, que tienen que ver con el sufrimiento diario de miles y millones de personas, que son marginadas, culturalmente por sus pares.
Todos los célebres citados, los giros metafísicos y gnoseológicos, que envuelven en una cima intelectual al texto en general, no tendrían sentido de ser, sí por las noches, cruzamos de vereda, al ver a un pobre o desposeído, temiendo ser atacados o asaltados por el extraño.
Como final, ofrecemos uno de los grandes problemas del alto pensamiento, o del análisis profundo. Este tipo de recorridos, no pueden ofrecer soluciones, o respuestas a los conflictos descriptos. La teoría, sólo sirve para describir, narrar o comentar un tema cultural en concreto.
Las soluciones o respuestas, sólo provienen de las sociedades que desean y anhelan cambios, pero para ello, primero hay que saber que existen otros modos, otras formas de vida, que los infiernos cotidianos, claro que se precisa, para sortear este segundo eslabón, el conocimiento o las ganas de ello, y como se dijo, esta es un simple muestra, que demostrará el poco interés que existe, en una sociedad determinada, de replantearse al menos, aspectos críticos que manifiestan, en conjunto sus ciudadanos.
De la Noche a la mañana, sólo cambian los minutos…


Sucedió, en una tarde lluviosa de octubre, esas que se recuerdan por obra y gracia de las benditas baldosas rotas, que se transforman en trampas letales para la elegancia, dado que al pisar la parte floja, el chorro de agua embarrada se dispara con vehemencia, adhiriéndose, a la ropa। Luego de desayunar en el café Oviedo, propiedad de un español, que pese a sus más de setenta abriles, aún conservaba el tono castizo en su voz, salí presuroso a la parada de colectivo। La rapidez no se debía a que estuviera apremiado de responsabilidades laborales, más bien tenían que ver con las enormes gotas de agua, que castigaban el asfalto y todo lo que se interpusiera en su camino. Una vez guarecido de tamaño diluvio, encendí, con inimaginable dificultad un cigarrillo, para acompasar la espera del ómnibus. Al promediar la mitad de la longitud del tabaco prendido, el micro se estacionaba casi en el medio de la calle, debido a las complicaciones del tránsito en días de lluvia y, porque no, a la torpeza del conductor. Hube de dejar pasar, a dos mujeres de mediana edad, que se encontraban detrás de mí en la cola para el ascenso, luego de la gentileza caballeresca, milagrosamente, encontré una silla vacía, en donde ocurriría lo inesperado.



El lapso de mi viaje se reducía a menos de treinta cuadras, un viaje corto, para el trayecto que llevaba el colectivo que se extendía bastante entre las dimensiones contrapuestas de la ciudad. Las gotas que se agolpaban, irrefrenablemente, en el techo y las ventanas de la unidad, brindaban un raro sonido, que podría ser tomado por un optimista como una especie de música funcional.
Tras dos paradas, luego de mi ascenso, ella se sentó. El colectivo volvía a avanzar sobre la avenida, mientras la llamativa mujer, ataviada con un elegante traje, color crema, y bañada en un empalagoso perfume, se acercaba, frugalmente al asiento de a lado. Sigilosamente, hubo de mirarme de arriba a abajo, para finalmente, depositar su mirada en el horizonte, que se perdía entre tanta agua y tantos automóviles maniobrando. Miró su reloj, de un amarillo opaco, que semejaba a oro. Yo también lo observé. Eran como las tres de la tarde. Cruzaba y descruzaba las piernas, con cierta ansiedad e incomodidad, en tal momento las cuadras no transcurrían, la parada en donde tenía estipulado bajar, parecía cada vez más lejana. Meneó su cobriza y encrespada cabellera, su labio carmesí, amenazaba teñir lo gris del día, tomó con fuerza su cartera, y estirando su grácil pierna, sorpresivamente, se paró y tocó el timbre para bajarse.
Justo en el mismo momento, en el que descendía por las escaleras y abría su paraguas ganando la calle, me detuve a observar el asiento que la sugestiva mujer dejaba abandonado, un sobre de color blanco, había quedado librado a su suerte, en el pliegue, símil a una zanja, entre los dos asientos. Sin pestañear, sin pensar y sin respirar, tomé presurosamente el sobre. Me hubo de embargar la sensación de que estaba cometiendo un delito, si bien mi acción no revestía, ni una finalidad, ni un proceder delictivo, sentía en tal momento que todos los pasajeros del ómnibus depositaban sus miradas, en mis desesperadas manos que se hacían del sobre de la mujer.
Bajé repentinamente del colectivo, la lluvia no cesaba. Los automóviles, coreaban una detestable melodía de bocinas, la gente trotaba pegada a lado de la pared y los paraguas se chocaban unos con otros. Pese a los escasos segundos que me llevó encontrar un bar, para reparar en el contenido del sobre, mi cabeza chorreaba un torrente de agua, proveniente del cielo. Ingresé en la confitería Ucase, la concurrencia hubo de levantar la mirada ante mi ingreso desprovisto de elementos textiles que combatieran la lluvia. Nada me importó, en lo único en que pensaba era en el sobre. Mi corazón latía al borde de la taquicardia. Antes de tomar asiento, en una mesa próxima a la ventana, le realice una señal al mozo, como para que me alcanzara un cortado americano. Prendí un cigarrillo, la llama del encendedor me indicaba que precisaba una recarga de bencina, tras la primera pitada, coloqué el sobre por encima de la mesa.
Al abrirlo me encontré con una fina lámina de plástico, casi del mismo tamaño que el sobre. Dentro de la cual, se encolumnaban una serie de estampillas, que por el aspecto que poseían, parecían datar de un lejano pasado. Por influencia de mi condición de cinéfilo, desde el momento en que hube de ver el sobre, en el colectivo, habría presentido que se trataba de dinero. Nada menos cinematográfico que un par de sellos postales, que seguramente no poseían valor material alguno. De todas maneras mi mente, dentro de ese lejano espacio conocido como inconsciente, se esperanzaba con la utópica posibilidad que las estampillas perteneciera a una serie extinta, que cotizara alto en el mundo de la filatelia. Al llegar el mozo, un hombre caucásico, entrado en años, e intentar dejar mi pedido, torpemente y sin explicación, derramó el café por encima de la mesa. Con rapidez de felino, pude salvar a los sellos antes de que tomaran un inesperado baño de cafeína. Los pedidos reiterativos de disculpas, por parte el torpe trabajador, me molestaban más que la situación en sí. Mi reprimenda fue feroz, anulé el pedido y comparé el error del mozo, con la paupérrima situación que vivíamos en el país. Estamos como estamos por gente como usted, hube de exclamar, ante la sorpresa del destinatario y la concurrencia. No estaba a más de cinco cuadras del trabajo. Partí raudamente, sin amedrentarme ni por el aguacero ni por la fortuna que no había sido tal.
Empapado e indignado, para completar, un día que no se presentaba como de los mejores, casi resbalé en la entrada del edificio. Realmente no podía imaginar, y carecía de voluntad para hacerlo, quién podría ser el destacado cerebro que tuviera como ocurrencia encerar lustrosos pisos un día de lluvia. Al borde de la abnegación, atravesé los molinetes de seguridad, que desde su instalación no funcionaban bien, y me paré frente al ascensor, al que le faltan bajar trece pisos, para que yo pudiera subir. Tiempo para prender un cigarrillo, pensé. No hube de tener en cuenta, que la bencina del encendedor, había expirado en el bar.
Desafiando las inclemencias climáticas, volví sobre mis pasos, y me dirigí hacia el quiosco. Debía cruzar la esquina y seguir absorbiendo agua, no me importaba mucho, tenía ganas de fumar y la lluvia no me lo iba a impedir. Los autos violando el principio legal y moral de dejar el paso a los transeúntes, se agolpaban, al no poder doblar con velocidad, y arremetían mediante bocinazos, por sobre la humanidad de los caminantes, que debíamos hacer malabares ente el agua, los paraguas, los coches y los ancianos de andar lento, para ganar la acera. La expresión acabada de que la ciudad es una selva, me dije, mientras pedía una caja de cerillas, a los fines de alimentar la necesidad de nicotina. Me detuve a contemplar el espectáculo que brindábamos los hombres, certificando que la vida es ni más que menos un gran sálvese quien pueda. Exhalaba mi primer bocanada, orgánicamente me hube de tranquilizar un poco, de todas maneras tenía las estampillas, que en un primer momento me hubieron de hacer pensar que en realidad eran un manojo de deseosos y apetecibles billetes. Debía salir de la fantasía, del deseo infantil y muy generalizado, que uno recibe la gracia de dios cuál maná que cae del cielo. Yo hube de salir del estado fantasioso, pero por obra y gracia de la realidad. Ya ante la evidencia, luchaba heroicamente conmigo mismo, para no maldecir porque en el sobre no hubiera dinero. Que boludo que soy, expresé mientras reía solitariamente. Porque mierda tenía que haber guita en el sobre del orto. De última están estas estampillas que no son mías, que no me interesan y que no hice nada para tenerlas. Al pensar esto último, dejé en el tacho de basura del quiosco el sobre con los sellos y crucé la avenida para ingresar al edificio y ponerme a trabajar.
Tratado sobre el mal

Dolor, tristeza, espasmocidad, sufrimiento. Toda esta aglomeración de sensaciones profundas son causa directa de la terrible confabulación que elabora el intelecto con el fin de no aceptarlas como tales.
La gélida y adusta mirada soberbia de una bella mujer, rápidamente se convierte en un primer paso para una rutilante conquista.
El pujante y cálido consejo de un padre, se transforma en una bonita prueba de inseguridad existencial.
La inexplicable desaparición de señal alguna por parte de las divinidades, son una ineluctable prueba para la fe.
La falta de lógica en los manejos sociales, deriva en la irresistible tentación de imponer un cierto orden dentro de una grandilocuente anomia.
La segmentación molecular de la temporalidad, anima a la creación de una despampanante y pegajosa rutina.
La voluptuosidad radical de las realidades fisiológicas es consecuencia obligada de una infecciosa enfermedad terminal.
Los elaborados y acompasados ritmos de una música se troca en una cuestión de vil metal.
Las tranquilizadoras y gustosas bocanadas de tabaco, son canjeadas por serios riesgos de adquirir una grave patología.
La inconmensurable génesis del saber, lentamente va adquiriendo la forma de la ignorancia más supina.
La armoniosa y valedera conversación con un amigo deviene luego en un simple momento de distensión.
El frondoso y entusiasta espectáculo, sea de cualquier índole, llega a banales momentos de compenetración animosa.
El paróxico grito de la angustia más profunda por considerar esta insoportable pesadez no puede convertirse en un valiente postulado que afirme “Eh aquí la vida donde dentro de este conjunto de nefastos elementos, yo que soy condición misma de estos, me encuentro parapetado aceptando tal condición”.
Y por esta elemental circunstancia el mal siempre va a estar presente, porque si se lo abordara en su completa conmensurabilidad solo existiría este. Y como ya sabemos gracias a la esencia misma del hombre, todo se transformará en una bella luz cristalina en donde el mal deberá transformar sus imponentes principios para hacer pie en la excelsa trampa que el hombre le puede llegar a tender. Es más que obvio que las palabras encarceladas en un papel no pueden convertirse en otra cosa que no sea un exitoso libro y este es el espacio en donde el mal tiene asegurada su batalla. Ésta es la desgarradora voluptuosidad de nuestro enemigo. Ésta es la inexpugnable defensa que convierte al adversario en invencible. Ésta es la sensación que todos perciben en algún momento y al que no dedica ninguno. Esto es una reacción, como puede ser un estruendoso llanto, un lastimero grito, un estudiado suicidio, una linda poesía, una bella obra de arte. Reflexionemos entonces cual puede llegar a ser el medio más fuerte para combatir contra el gigante y si casualmente no es la reacción a la que nosotros estamos acostumbrados, resignémonos a aceptar la salida optada (sea consensuadamente o no), total un poco más de dolor no creo que signifique algo de gran importancia.
La música cómo sonido social y político
Argentina musicalmente es un crisol de sonidos, extraídos de vertientes diferentes de ritmo, de letras y de la condición social de los cantores। Otra de las tantas prebendas de la democracia, que posibilitaban la conformación los varios tipos de música, con sus consiguientes seguidores que catapultaban a los grupos a un cierto éxito. El rock había tomado fuerza con el vendaval de los Beatles, mimetizados con rasgos contestatarios e ilusiones utópicas, propia de los setenta, lograba adjudicarse un respetable público. Tanto en calidad como en cantidad, pues los fieles seguidores levantaban las banderas de la lucha, de la transformación social y del deseo de algo mejor, contando para ello una fuerza propia de la juventud y una exaltación más que idealista. Los exponentes de tal movimiento con letras concisas y claras expresaban el disgusto social con loables acordes musicales, por tanto, con excelente calidad. Giras, estadios repletos, ventas inusitadas y toda la parafernalia del mercado fueron convirtiendo a tal fenómeno en una cuestión de números. La gente empezaba s ser vista como el valor de la entrada y las canciones con jugosos contenidos, un canto a la gloria para las grandes empresas responsables de las ediciones de los éxitos. El rock internacional conseguía adeptos capaces de comprender idiomas ajenos al propio, describiendo horrores particulares que los consumidores se veían obligados a generalizar y con ello formaban clanes o sucursales que llegaban a tener un poder suficiente como para clamar la presencia de los intérpretes, que seducidos por un público nuevo y por las grandes sumas que estos erogaban, confirmaban su presencia tan aclamada, como necesaria. Las tribus iban poblando con firme convicción los espacios de un nuevo terreno. Enfundados con remeras, gorras, binchas y todo tipo de insignias, conquistaban bares, calles y hasta barrios, en donde expresaban, cantando con epicismo, la adoración al grupo musical perteneciente. Las canciones se transformaban en himnos, las giras en cruzadas y los cantantes en deidades. La nueva religión, con varios cismas por dentro, no exigía sacrificios a sus adeptos y, sin embargo, adquiría la completa fidelidad de más y más evangelizados individuos. Seducidos quizá, más por una necesidad de identificación que por un argumento firme, día a día rendían tributo a los nuevos habitantes del paraíso terrenal. Ofrendas que surgían en forma espontánea y que lentamente oficializaban las actividades de cada uno de los templos, Las homilías repetían hasta el hartazgo temas como; amores no correspondidos, actitudes iconoclastas y la injusticia del mundo. Los fieles, lejos de mostrar aburrimiento, estallaban de emoción ante cada palabra santa, se comulgaban en forma frecuente, escuchando algún que otro tema, y nunca escatimaban esfuerzos en entregarse en forma absoluta a los dictados provenientes del cielo, es decir, a las opiniones de los cantantes, devenidos en dioses. La llamada música popular revalorizaba los aspectos del paganismo, cosechando fieles que exacerbaban la pasión hasta el paroxismo. La escasez económica, la cruel desaprobación y discriminación a los cuales se veían expuestos y sometidos no hacían menguar la fe, por el contrario la alimentaban hasta grados inimaginables. Acusados de pertenecer a una orden religiosa que desprestigiaba la música, combatían contra viento y marea por lo que hasta la vida dejaban. Por lo general morochos y de largas cabelleras, de la casta sagrada de los estratos sociales mas bajos, cantaban sencillas historias de amoríos y de la condición de la hombría, transformando a los ritmos de la cumbia, la salsa y el cuarteto, en oraciones y mandamientos, tan claros y prístinos como sagrados e inviolables. Iglesias de chapa y de material, semejantes a grandes galpones, con algún que otro foco pintado y con varios parlantes, servían para oficiar la misa. En donde los fieles en vez de persignarse se desgargantaban, tomando alguna bebida barata a modo de comunión, con carteles escritos y banderas pintadas realizaban la señal de la cruz y con llantos de emoción y lágrimas de agradecimiento, juraban fe eterna a los cantantes prendidos a los micrófonos, o lo que es lo mismo a los dioses en las palabras del monseñor.


El tango, ese ritmo que tanto nos identificaba, esa mezcla única de bolero, jazz y canto poético, esa comunión de instrumentos varios que se realzaban con la voz grave de algún célebre porteño engominado. En estos últimos tiempos tomado como una reliquia, como una cita obligada con el todopoderoso, olvidado por la frescura y por el heroísmo de su hijo. Recordado sólo por los melancólicos seres solitarios que con la compañía de un vaso de whisky y bajo una pena económica, de amor o sometido a una cruel traición, oraban a los dioses de antaño que con todo crudeza y con excelsa armonía, cantaban las miserias de la vida. Gloriosas tumbas, visitadas por turistas extranjeros, que buscaban en un sinfín de émulos, poder escuchar las recreaciones de las voces del linaje fundador de la religión moderna de los pueblos; la música.
El chamamé es una conformación musical ubicada hacia 1870, cuando en el acordeón de dos hileras de "cantos" y ocho bajos - conocido popularmente como "verdulera" - llegó a Corrientes de la mano de los inmigrantes europeos. Así, y en combinación con la voz humana, el bandoneón, el contrabajo y las guitarras, terminaron por definir el "sonido" de esta música argentina. Existen varios tipos de Chamamé, que reflejan a su vez diversos estados emocionales o circunstanciales de sus cultores.
En el culto de los dioses guaraníes la danza tuvo un papel destacado aunque su función específica haya sido solamente la de auxiliar la hechicería de sus brujos o magos. Su carácter general era mímico a pantomímico, porque se creía que imitando una cosa se adquirían sus poderes.
Hacia el año 1970 y por Decreto N° 3.454 del entonces Gobernador de la Provincia Dr. Rodolfo Navajas Artaza declara a Mburucuyá " Sede del Festival Provincial del Chamamé", es por ello que en ese año y por decisión de la Comisión Directiva se realiza la 3º edición del Festival Provincial del Chamamé.
En el año 1973 se efectúa la construcción del Anfiteatro en el lugar donde actualmente está emplazado y que además en homenaje a Don Eustaquio Miño lleva su nombre.
El H. Senado y la Cámara de Diputados de la provincia de Corrientes, sancionaron la ley 3278 en el año 1975, a través de la cual se instituye el día 15 de Septiembre de cada año, como "Día del Chamamé", reconociéndose de esta manera la importancia de esta danza, representativa del espíritu mismo correntino.
Esta radiografía del chamamé nos permite observar de que manera, este ritmo musical, pese a ser un fenómeno muy fuerte en una localidad determinada del país, es un patrimonio de nuestra cultura, pues trascendió y trasciende las fronteras nacionales, ubicándose dentro de los preciados bienes de los más destacados ritmos internacionales.
La ley 24.684, declara al Tango como parte integrante del patrimonio cultural argentino, este mismo reconocimiento es precisamente el que se solicita para el chamamé, dada su historia, su mística, su vitalidad, su actualidad, su trascendencia.
Debemos tener en cuenta que tanto la Ley Nº 25.636 (establece que todas las radiodifusoras y cadenas de televisión nacional, licencia mediante, inicien sus respectivas emisiones con el Himno Nacional), como la Ley Nº 23.980 (Creación del Instituto Nacional de Tango), o la Ley Nº 24.684 (Declaración del Tango parte integrante del Patrimonio Cultural) refieren con exhaustiva claridad al valor de lo considerado Argentino, en una actividad tan pluralista y laxa en parámetros como la música. Legislaciones como las citadas, que forman parte de nutro amplio compendio normativo, reafirman una política institucional dispuesta a avalar, sostener, apoyar y promocionar los productos vertidos por el intelecto y materializados por intermedio del arte musical, siempre y cuando sean considerados esencialmente propios de nuestra identidad nacional. Rescatamos el valor cultural que poseen las normas, y por lo tanto introducimos la presente reforma de manera tal de aprovechar los medios de difusión dependientes de la órbita de la Presidencia de la Nación, con el fin ulterior de consolidar los valores y las pautas culturales que convalidan los aspectos más neurálgicos de nuestra identidad.
Es innegable que la música, más allá de las satisfacciones espirituosas que produzca, puede convertirse en una poderosa arma de imperialismo cultural. Al ser una producción proveniente de los recónditos más esenciales del espíritu humano, y por ende de las costumbres, usos, tradiciones y pensamientos del creador o autor (influenciado por la sociedad o cultura en donde nace, se educa y desarrolla) introduce por intermedio de logrados y armoniosos acordes, sensaciones, experiencias y deseos, a través de lenguas foráneas, pautas culturales y hasta educativas a los diferentes adeptos diseminados en los distintos países del mundo. No por casualidad, las músicas de intérpretes internacionales, que brindan y otorgan a sus autores facilidades de toda naturaleza, para que esas voces alcancen los rincones más de entender recónditos del universo. Y con ello, logran introducir también una forma de entender la vida, la filosofía social, un acervo moral, y hasta ideologías políticas.
Nuestro país no escapa a esta realidad descripta, sin que sea necesario verter datos estadísticos, en cada oportunidad que un conjunto de música internacional se hace presente, los lugares en donde se llevan a cabo los recitales, atesoran una concurrencia masiva de espectadores, generando una especie de furor, que se mide hasta por los acampamientos de los seguidores en los sitios en donde descansan los visitantes. Tanto lo mismo ocurre cuando alguna afamada banda o conjunto, lanza algún material discográfico nuevo, los negocios se atestan de un público ávido de poseer la novedad.
La música, por ejemplo en Corrientes, nos habla de algo más que de sonidos, por ejemplo del fenómeno Cumbiero y sus seguidores, el tradicionalismo Chamamecero, los nuevos festivales que se dan en la Capital, con artistas de renombre del Rock, el Jazz, el Regatteon.
Sería una hora propicia para que los dirigentes, políticos y sociales, piensen a la música en función de una política de estado, que no sólo sea una linda excusa para juntar gente, y camuflar un recital con un acto político, la música nos habla desde el sentimiento y por ella y sus ritmos, las diferentes expresiones de las comunidades que conforman un pueblo.