Si partimos de la tesis de Leibniz en la Teodicea de que "Vivimos en el mejor de los mundos posibles" arribaremos prontamente a la afirmación sin origen verificable del mantra "sí sucede, conviene". Este optimismo radical, equilibra la noción que por naturaleza conlleva la filosofía de ser una posición ante la vida atribulada de críticas y cuestionamientos.
Quiénes, actualmente, transitamos el devenir que llaman tiempo, debemos ser inteligentes (es decir adaptarnos lo mejor que podamos a las circunstancias) y nadar junto a la corriente y no ir contra ella ni tampoco pretender validar ningún otro tipo de nado singular.
La hegemonía del resultado es el imperativo categórico de época. Nada de reconocer valor a lo abstracto, a lo intangible, o lo considerado como "espiritual".
Somos un algoritmo, la combinación azarosa de fluidos que reproducimos la irredenta conducta inercial de seguir haciendo lo mismo, traducir y obtener con ello, resultados.
Cada acción, debe ser registrada, validada en lo que nunca dejará de pertenecer a los circuitos del intercambio. De lo que hagamos debemos obtener un rédito claro. Sea una inversión de tiempo, llamado trabajo, y de allí sueldo u honorarios, o un posteo en redes, un video o foto, monetizado o con la necesidad de tener corazoncitos o pulgares arriba, o la cuenta final de la cantidad que ello han observado.
¿Y dónde encontramos la conveniencia de filosofar? Todos aquellos a los que las cuentas no le den bien (es decir que el saldo no les de positivo, sea en sus cuentas de banco, como en sus redes, y en sus vidas) son conspiradores en potencia. En términos reales, es decir matemáticos (los únicos válidos para el actual estado de cosas) es imposible que a la mayoría les den bien tales o todos los números (entendiendo además lo subjetivo que significa el espacio de sensaciones, emociones, pasiones o vida en general, dónde las traducciones y resultantes son más sutiles y menos objetivas) por tanto, a los que les va bien, realmente, es decir a los que no les servirían otras reglas de juego que no sean estas, la filosofía les puede representar una herramienta maravillosa, para constituir un escenario en dónde, mediante lo inexistente, de conceptos, palabras y lo intraducible del pensamiento, de la crítica y del cuestionamiento, sean remansos o responsos, de sujetos que se conformen con poco o casi nada, materialmente hablando.
Los guardianes del sistema, saben que los recursos son escasos y por tanto crítica la administración de los mismos. También que los que tienen, siempre querrán más y por tanto, es imprescindible una narrativa o un relato, que discipline o conforme a los que no podrán tener, pero que es peligroso que deseen. Como desear es vivir, y no se puede mutilar tal pretensión, se busca convencer bajo nociones filosóficas que no tiene sentido acopiar bienes, que no se es más feliz, acumulando posibilidades, dado que eligiendo se produce la angustia de desechar por todo lo no elegido, que siempre será más en cantidad que lo escogido y fundamentalmente afrontar la incertidumbre tajante y cruel de que hacer de la vida de uno, cuando no se tiene la oportunidad real de enfrentarla con los recursos que la vida o el sistema te demandan para considerarte sujeto o validarte como tal.
El Presidente Argentino Javier Milei en una conferencia internacional, asoció su ideología que comparte con Trump y la nueva derecha internacional, con la escuela filosófica de los estoicos, que entre algunos principios declama por la prudencia, la serenidad y el trabajo individual e interno para no poseer ambiciones desmedidas a los efectos de lograr la felicidad o al menos no padecer la existencia.
No lo estamos diciendo solamente nosotros, lo dicen y lo hacen desde el poder político, claro que la filosofía no se agota en una sóla escuela (de hecho los admiradores de la austríaca fueron en busca de la estoica) y en la diversidad de las mismas, está la posibilidad de que la libertad sea más amplia que su mera declaración.
Finalmente, sí con la presente demostración acabada de la conveniencia de filosofar, seguís dudando o evitando preguntarte por la misma, es porque seguramente tus traducciones y números siguen en positivo saldo, de lo contrario, estás perdiendo en todos los ámbitos y planos.
Por Francisco Tomás González Cabañas.