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Que este 2012, no sea como vienen siendo los años políticos en corrientes desde el ´73

Que la falta de ideología o en el mejor de los casos de convicciones, arremeten con crudeza en nuestra paupérrima clase dirigente (no solamente la política como se acostumbra a asociar), cuando determinados tópicos se cuelan en nuestra agenda, se entrometen, cuál virus nocivo en un cuerpo, inesperadamente, sin permiso y señalando la debilidad esencial.

Podríamos delinear la vergonzosa agenda, que históricamente, trazan en sintonía comunicadores, políticos, empresarios, partes interesadas y público en general. Las ciento de miles de personas en el gauchito, los carnavales para pocos, la fiesta del chamamé, el mes de Corrientes, la peregrinación a la virgen de Itatí, las pescas del dorado y surubí, la caña con ruda, la estudiantina, las fiestas patronales de los diferentes pueblos y con, matices más, matices menos, la problemática energética, los reclamos salariales y su disputa con la patronal, los niveles de pobreza e indigencia, las mega obras que siempre están en proyecto como el Puente Goya-Reconquista, Alvear-Itaqui o la represa de Garabí, sumado a los acontecimientos de color o picarescos, que si se quiere son los que más varían, sí una maestra del interior tuvo sexo en un colectivo o remis, sí el perro de un anciano es víctima de posesión demoníaca, o sí el gobernador de turno habla mucho o poco, o sí tal funcionario municipal pidió una coima o prometió lo que no cumplió, ventilando la situación de acuerdo a que partido sea, tanto el escriba como su víctima, son en definitiva, el corpus, sustancioso y portentoso, de lo que ocupa y preocupa a la clase dirigente y por ende a la gente.

Con razón Corrientes es la provincia que más portales de noticias en internet posee, es más que sencillo hacer esta clase de periodismo, dado que con un año de trabajo, se puede no trabajar por diez, dado que las crónicas y noticias se repiten, con alguna simple variación de protagonistas.

Con razón cualquier neófito sin convicciones accede a lugares de poder, en funciones públicas sólo se trata de, en el mejor de los casos, optimizar lo que se viene realizando desde hace tiempo, cambiando los proveedores del estado, claro está.

Pero la espada, cada tanto asoma, cuál virus inesperado en un cuerpo decíamos, o sí se quiere como castigo providencial a una tierra plagada de mal, que deja morir por egoísmo o haraganería a su propia gente.

Cuando los conceptos de campaña, los slogan o frases generales, se tiran a rodar, no hay diferencias, todos queremos lo mismo, los medios publican a quiénes les pagan más, los partidarios son partidarios, para ver como pueden aumentar sus ingresos sí llegan al poder, y el pueblo privilegiado, el que no vota por una bolsa de alimentos, es víctima de los asesores de campaña que le dicen a los candidatos, como decir de una forma diferente la misma tontería.

Pero la espada asoma, cuando Industrialización se transforma en la posibilidad de radicar una pastera en nuestra provincia. ¿Qué diferencia conceptual existe, ante esto concreto, entre el oficialismo y la oposición?, ¿Encontramos acaso en las cartas orgánicas o plataformas de campaña de los partidos, una posición respecto al medioambiente, a los riesgos de una industrialización o los beneficios de la misma, a los efectos de generar empleo, en pos de una menor calidad ambiental?, ¿Podríamos encontrar a funcionarios o legisladores de cualquier partido, dispuestos a argumentar o trabajar sobre estos temas, o solamente encontraremos a viejos y nobles cebadores de mate, dispuestos a repartir los nombramientos de acuerdo a los caprichos de la lapicera del jefe?.

La espada se incrusta, ¿Cuándo un periodista podrá confrontar con otro, por una posición social, por un tema en concreto, por una idea, porque no por una convicción?, hasta la virulencia que se da actualmente en la Nación, mediante los periodistas de los grupos concentrados y los afines al gobierno, son una cabal muestra, más allá de los excesos, de cómo se confrontan posiciones y modos de ser y de interpretar la vida.

La espada amenaza, cuando se pide que no duerman las causas de un gobierno que se fue, sospechado de corrupto, de un gobernador que dice que no permitirá la misma en su equipo de gobierno, de una oposición que ya tuvo problemas, inventados o no, pero sí ventilados, con alguno de sus peones por irregularidades. ¿Sabrán nuestros políticos, que en nuestra provincia, existe la ley 5.911 de ética en la función pública, símil a una nacional, que entre otras cosas, exige la declaración jurada de bienes de legisladores y funcionarios?.

Es entendible la angustia de vivir entre la espada y la pared, es decir ante el prisma que vivimos en una sociedad donde nuestra clase dirigente, salvo contada excepciones, no posee, no ya principios, ideologías o ideas base, sí no una mísera noción de cómo pararse ante dilemas, que cada tanto aparecen, pero que nunca se pueden dejar de lado, porque vienen con nuestra historia, con nuestro ser.

Fronteras afuera ocurren cosas, el mundo eclesiástico se debate por la criminalidad de sacerdote pedófilos, se plantean cambio de hábitos alimenticios por la introducción de agentes extraños (desde hormonas a glifosato), cumbres mundiales para tratar la modificación climática y la participación decisiva del hombre en la misma, cumbres financieras por la crisis en países europeos y las economías emergentes, en el país, se debate sí el periodista debe tener o asumir una posición social o cómo esta condicionado de acuerdo al grupo periodístico que le paga, se enjuician a ex funcionarios de un actual gobierno, en base a su declaración jurada y tantas cosas más, que acá no pasan, decididamente.

Acá sólo ocurren nuestros infiernos privados, que los compartimos en nuestras fiestas, de música, pesca o religión, que se repiten hasta el hartazgo y que nos depositan en un lugar tan especial, tierra sin males diría alguno, o un recóndito lugar en la tierra digna de un estudio antropológico. A mi humilde entender, la salida lógica a la angustia colectiva de vivir entre la espada y la pared, la sentencia de no tener y no conformar una clase dirigente que nos brinde la oportunidad de ser un poco más felices no sólo en tiempos de fiestas, que ni siquiera son forjadas por nosotros mismos, sino que son herencia de nuestras anteriores generaciones, que nosotros, como casi todo, simplemente maquillamos, para ponerle a la fachada el año en curso.

Que nada de esto sea moneda corriente, y que el 2012 sea el preámbulo de que se dicuta política en corrientes, con convicción militancia y corazón, gane quien gane en el 2013

Perdón me equivoque

He comprado el buzón de suponer que las convicciones, la creatividad, el pensamiento crítico y el apostar a un colectivo, que trascienda la individualidad somera, fría, y esquiva de resolver un problema personal, hasta incluso material, son actitudes ante la vida que más allá del regocijo espiritual, son validadas por compañeros y por buena parte de la sociedad.
He pretendido vencer el tiempo, en la vanidad de que tal lucha sería recompensada en un plazo razonable, a expensas de entregar minutos, horas y días, solapados por la angustia, el descrédito y la descalificación de quiénes sentados en las sillas de las decisiones, se encargan de enrostrarte que la política sólo se construye con el silencio cautivo de decir a todo que sí, hasta que la diosa fortuna se encargue de ungirte.
He fantaseado, con la revolución inspirada en minorías ilustradas, que cautiven con escritos y con palabras a las masas adormecidas, para que el milagro bolchevique, francés o peronista, vuelva a ganar las calles, esta vez en Corrientes.
He soñado, que las cosas se logran con esfuerzo, con capacidad y con tenacidad, no así con oportunismo, con amiguismo o con estar en el momento justo y en el tiempo indicado.
He sufrido tantas veces por ver que las cosas no son como una las desea, como te enseñan los libros, o como dicen los profesores, docentes, músicos y poetas.
He militado, creyendo sin entender, apostando sin recibir, comprometiéndome hasta el tuétano, escudado en quiénes detentaban las banderas de Juan Domingo, de Eva y de Néstor.
He rechazado con énfasis los consejos de quiénes me alertaban que abandonara la tesitura platónica, romántica y hasta adolescente, de seguir los impulsos de mi corazón, las inspiraciones de mi mente y el brillo de mis ojos.
He descartado subirme al tren de la trayectoria, de otro cercano, mi padre, para acumular poder y desde allí, y pese a la espera solapada, erigir mi camino.
He intentado ser auténtico, fiel a mis principios, a mi pasión, dejar de lado el facilismo y el travestismo de mostrarme tal cuál no soy.
He caminado acompañado de la sensación de que en algún momento todo sería posible y que nada evitaría el cambio.
He amado la adversidad, los obstáculos, entendiendo a quiénes consideraba que aún no entendían de que se trataba, pero que en tiempo menos, serían parte de la mayoría que formáramos el todo para iniciar el despegue.
He decidido equivocarme, o quizá dejar de hacerlo, y plantear, que así no es cómo se debe ser en el mundo, en la Argentina o al menos, en Corrientes.
He decidido tomar la pastilla imaginaria que borre las fibras más intimas de mi ser.
He decidido dejar de ser, y confundirme, o fundirme en esas masas escabrosas que antes me parecían lúgubres.
He decidido equivocarme.
Sólo una cosa no sé, y te pido que me ayudes a dilucidar, a clarificar, a entender.
¿O hasta ahora viví equivocado y me he logrado recomponer, pidiendo las disculpas del caso, o es en este instante que me estoy equivocando al tratar de ser lo que no soy, pero parece que es?
Fuegos Artificiales

Los que prenderán los fuegos artificiales, para festejar la natividad de Jesucristo, en realidad lo harán por el mero hecho de hacerlo. Porque es una tradición, porque al otro día no se trabaja, porque se come y se toma mucho. Porque se ven esas caras que sólo en ese tipo de cenas se observan.


La mano del hombre, entre tantas cosas, ha obtenido en la técnica, un brazo imprescindible, que le permite recrear o regenerar lo natural, por intermedio de artificios o simulaciones. Jean Baudrillard, un ensayista Francés, describe en sus diferentes textos, de que manera lo artificial, la reproducción de lo natural, se transformó en nuestra actualidad, en lo real, en lo auténtico, en lo valedero.


En la guerra del Golfo, el primer ataque a Irak, Baudrillard, despertó del ensueño a los cronistas y al público, señalando que tal conflicto bélico no se había producido, lo que en realidad hubo de ocurrir, fue un teatro de operaciones de simulacro, meramente virtual.

Claro que al lector común, esta apreciación le sonó como música para sus oídos. Existía un culpable, el águila imperial, que pérfidamente engañaba al mundo. Lamentablemente para esos lectores de billiken, para el ensayista Francés, para los conceptos que vertía, él análisis era más amplio, contemplaba las conductas del hombre contemporáneo, del ciudadano común de hoy en día.


Entonces, ¿qué derecho tenemos a criticar cuando vemos a un político en televisión, lo escuchamos por radio, o su cara cubre las calles, diciendo que será el próximo gobernador de la provincia, por el simple hecho de serlo?. En realidad ninguno, es consecuente con lo que somos, hasta habría que felicitarlo, es sincero y nos representa.

Se ha dado y se seguirá dando, por ejemplo un debate concreto acerca de los que algunos llaman aborto y otros interrupción de embarazo.
Todo los sectores sociales y las corporaciones que responden a una definición social, política y religiosa, que llevan “perdidas” las batallas para declarar a los homosexuales anormales, y los métodos anticonceptivos como embriones de cámaras de gas, en relación a la decisión de que las mujeres decidan sobre sus cuerpos, o sobre la interrupción del embarazo, han asestado “golpes” argumentativos bastante sólidos, pero no inexpugnables, mucho más grave, son falacias que esconden, una forma cultural abonada a lo que se conoce como machismo, veamos.
Estos sectores han instalado en el discurso mediático la definición del “aborto” como sí se está a favor o en contra. El sonido de la palabra aborto, ya posee un sesgo peyorativo, sí bien, es la interrupción del embarazo hasta el tercer mes, o la posibilidad de que las mujeres decidan sobre sus cuerpos lo que esta en discusión (esto se discutirá más adelante), convengamos que aborto, es una terminología que ya induce a no estar a favor, sería lo mismo preguntarle al oído a una chica que tenemos en conquista, ¿queres coger conmigo? Antes que decirle, suave y románticamente sino desea hacer el amor.
¿De qué se asustan los católicos practicantes, ante la exposición de un octogenario artista busca-fama, que pone a los santos en una licuadora, sí también pone un cartel en la entrada que alerta de la posibilidad de herir susceptibilidades?. La verdad es que se dan prensa mutuamente, a costillas del crucificado que unos dicen amar y respetar y otros odiar y desconsiderar.


La realidad se oculta detrás de estas máscaras, que nosotros mismos ayudamos a consolidar. Nuestra actitud cómplice, fomentada y difundida por mercenarios de la comunicación, nos sentencian a eternizarnos en este mundo de fábula y mentiras.

Baudrillard, narra que el sida es una enfermedad paradigmática, dado que en el acto íntimo de una relación sexual, uno debe intermediar con un preservativo, al hacer el amor sin protección, podemos contraer una enfermedad terminal cómo traer un hijo al mundo. La técnica siempre es determinante en estos tiempos que corren. No deseo ir muy lejos, pero sin los recursos tecnológicos, quizá no escribiría esto.

El problema no son los fuegos artificiales, existen y quién se divierte con ellos adelante, lo único que hay que tener en claro es que duran muy poco, y largan mucho humo. Cómo los políticos con alta presencia mediática y sin propuestas, cómo los eméritos doctos que defecan en la ética, cómo los artistas e intelectuales que brillan por la mera provocación o por el roce social, cómo los miles de súbditos que por unas migajas no conocen lo que es la libertad.
Tarea pendiente


Transformar la realidad propia, modificar las circunstancias condicionantes del inconsciente, a través de la conciencia, o simplemente superar los obstáculos que uno mismo se pone para no alcanzar los objetivos anhelados, debe ser por lejos, una de las metas más harto complicadas de realizar. Incluso, cambiar el mundo, revolucionar, con fines positivos a la sociedad en la cuál uno se desempeña o deslizarse cada día en una comunidad mejor, puede resultar una tarea sumamente sencilla, bastaría con un lápiz y un papel, cómo para imprimir con palabras los deseos que podrían aparecer como ineluctables o inalcanzables. Es más si uno se abstiene de la mentada salida, que quizá peque de romántica, podría desandar la ruta de emigrar a otras ciudades, forjarse microcosmos, donde imperen en forma parcial la abstracción, la distracción o el divertimento y en definitiva poder entender, en toda su dimensión, lo dificultoso que resulta el modificar algún aspecto íntimo o que provenga de uno mismo y que atenta contra los propios deseos o la propia realización.
Por más trillada que resulte la frase, el primer paso es reconocer el problema, claro que no basta únicamente con ello. Cuando por esas laberínticas razones, casi inexpugnables, los ojos se enturbian y empiezan a percibir la realidad bajo una tonalidad renegrida, o cuando los oídos aprecian los desafinados y exasperantes tonos de las melodías más tristes y melancólicas, o cuando por las fosas nasales ingresan los aromas más nauseabundos y horripilantes, dignos de un lodazal putrefacto; todo se inicia, cuál perfecto círculo vicioso. El misterioso comienzo no hesita ni se amilana y avanza con magnánima fuerza para activar otros pasos que desembocaran en una percepción, de uno mismo, tan desajustada como negativa.
Los sentidos reproducen equívocamente lo percibido, por la activación en el cerebro de un mecanismo que se obstina en decodificar los mensajes del exterior como señales negativas o directamente como agresiones directas a la propia subjetividad. Por lo general, se suma amablemente, la ansiedad, que impulsa a una falsa desesperación como para cambiar lo que se da por cierto, pero que proviene de una fuente errónea. Las percepciones negativas en compañía de la ansiedad, se mezclan y buscan en forma frenética al dolor. A este por lo general se lo consigue, al recordar, también con injusticia, hechos o sucesos dramáticos o trágicos. Con estos letales elementos, en conjunto, se dispara la destrucción (autodestrucción) de la estima (autoestima) que fluye vía una fuerte crisis de llanto, el inicio de una depresión o un nudo gordiano en la garganta.

En tiempos de Reflexiones, algunas para políticos en funciones

A esta altura, si usted se considera un privilegiado, escogido, tocado o ser especial, por crear, generar y emprender acciones públicas, es porque se encuentra en serios problemas que deberá resolver usted mismo, dado que nadie lo podrá sacar de una posición tan alejada e incómoda con la realidad. Tiempo le llevara y los medios o formas no son precisamente taxativos. En el momento dado, la pared tendrá cierta consistencia y guarecerá a varios, podrá construir toda la vida y dejar el techo para la posteridad o construirlo usted mismo.
Ni el camino se hace al andar, ni conviene que se quede al costado. Todo esta hecho, realizado, las modificaciones que quiera o que piense que realiza, solo se encuentran en su cabeza y en las que pueda convencer.
Sí momento a momento, construye zócalo a zócalo, la pared que se ha propuesto, pocas cosas perturbaran su calma.
No será el resultado inmediato que le demanden o la desesperanza que le transmitan quienes lo envidien, elementos que puedan tirar abajo su meta.
Avance sin vacilar, ya se ha respondido varias veces las dudas que le otorgan jactancia a los supuestos intelectuales. Esa etapa, crispada, angustiosa y macilenta le observa la espalda.
No se enceguezca, cuando impensadas personas se sumen a usted y lo crean lo más. Conviértalos en zócalos que sumen a su objetivo, no se detenga a pensar en sus fines o principios. No tuvieron la oportunidad, o en caso de haberla tenido, la desperdiciaron, son muchos más los que necesitan, acompañar, ver, soñar y vivir, a través de las realizaciones y los ojos de hombres como usted.
No se tendrá que encargar de internas una vez en el poder, ya las habrá resuelto antes de llegar al mismo, dado que no corrompe la gloria abstracta de lo que otorga el premio mayor de la política, tan sólo devela, desnuda, por el simple echo de que más ojos estarán sobre usted.
Las agendas no le serán conformadas por oportunistas o por mercenarios de la comunicación, no precisará de amigos de abultados bolsillos que se le sienten en la campaña, condicionando su accionar. Con el horizonte claro, un par de medidas, alguna que otra descollante u original, podrán saber con que se las trae, hacia donde pretende marchar y guiado bajo que constelaciones.
Su armado, debe comenzar, como indica la lógica obrera, cavando el pozo para que se asienten los cimientos, si supura líquido, mejor, ya lo irán criticando y tendrá cabal conocimiento ante que se expone. Pero sí su raíz, es fuerte, absorberá lo abyecto, lo hará más fuerte.
Nunca se olvide, que por más que lo sienta, que no tiene que reconocer un triunfo como propio, deje tal estima no para el periodismo, sino para la historia. Sí algún dinero le falta y las arcas del estado le sientan tentadoras, piense de donde viene, recuerde aquellas épocas de vacas flacas y sobre todo reflexione donde y como quiere terminar.
Sin más, si se deja guiar, por quienes piensan la política desde otro lugar, por el sólo hecho de pensar, su gestión, su obra, su construcción, será diferente y todos le recordaran, por siempre, pese a que no lo mencionen a diario, y en los diarios, cuando, en ese fractal de tiempo, le sea otorgada la placidez del poder.
Lo cotidiano, aquello que se lleva puesto a los estrechos de mente y que recién dan cuenta al fin de su mandato, es sólo circunstancial, el tiempo no pasa, nosotros transitamos en él.
Comúnmente se utiliza el adagio “me ahogue en un vaso de agua”, cuando se supera un obstáculo que a priori nos parecía inabordable y magnánimo, y tras dar con él y vencerlo, tomamos real conciencia que sólo se trataba de un simple episodio en nuestras vidas.
Sí ante un problema, la desesperación, ansiedad y nerviosismo, le ganan a la racionalidad, la tranquilidad y entereza, muy probablemente un simple charco nos parezca un inmenso océano.
Lo que ocurre a nivel individual, repercute y se dimensiona a nivel general, sí esto mismo le acaece a un funcionario público o a alguien enquistado en el poder, somos en definitiva todos los ciudadanos los que nos vemos luchando a brazo partido en un supuesto mar embravecido, que no es más ni menos que una jarrita que más tarde podría transformarse en la base de un delicioso mate vespertino.

En un día a pleno, en funciones, en vez de encargarse de decidir sobre a quién recibir, a quién llamar, o a quién enviarle una soberbia señal de poder, usted logra que sus riendas le cambien el destino a una sola persona, en una año serán la mitad de mil y en cuatro la mitad de diez mil, sí a eso le suma la familia y las amistades, cuando su período vaya concluyendo, no necesitará lanzarse a la reelección, la pedirán por usted, le irán a golpear las puertas, no a usted, clamando por que se quede.
En definitiva la construcción política, no difiere demasiado de la conquista de una mujer, sí a una dama, la apura, la aprisiona, la atosiga, le pregunta todos los días sí su amor es correspondido, no logrará más que distanciarse, ahora en cambio sí se abre de corazón sin pedir nada a cambio, un buen día la tendrá a sus pies, suplicándole que nunca la abandone.
Los Problemas históricos y estructurales atentan contra las buenas intenciones de un presupuesto federal.

No se trata, como sí fuera fácil, de torcer el rumbo y el destino de una patria que fue pergeñada a partir de un diseño colonialista, merced a una conquista antojadiza y genocida, se pretende que el próximo presupuesto, sea “considerado federal” en todas sus partes y artículados, se prescinde de almenos, mencionar un contexto histórico que nos situé en cuadro para ver donde estamos parados.
Cuentan ciertos historiadores, que Florencio Varela, en el año 1843, enfilado en los campamentos unitarios, descolló con la brillante propuesta política de, augurar o gestar, la independencia de las provincias de Corrientes y Entre Ríos, tal como años antes, en aquel entonces, hubo de ocurrir con la provincia Cisplatina (luego la Banda Oriental y finalmente la República de Uruguay), para contar de tal modo, con el apoyo irrestricto, de las fuerzas ofensivas de los imperios británicos y franceses, que más allá de disputas entre sí, tenían como objetivo común, la libre navegación por las aguas del ex virreinato del Río de la Plata, hecho al cuál, se oponía férreamente, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y representante ante el exterior, de la Confederación Argentina, Don Juan Manuel de Rosas.




Florencio Varela, a quién nuestro país lo congratularía más tarde, con la denominación con su nombre, a un partido del Conurbano Bonaerense, entre otras cortesías, llevaría la propuesta de crear un estado independiente, conformado por las provincias mesopotámicas, como prenda de cambio, para que las fuerzas militares de los actuales países unidos por el canal de la mancha, sacaran por las armas, al dictador Federal y tenedor de la suma del poder público, según destacaron, incansablemente, los unitarios, fusiladores de Dorrego y vencedores en Caseros.

Finalmente, en la Batalla de Potrero de Vences, Corrientes (o una de las posibles provincias con destino de país independiente) quedo definitivamente integrada a la Confederación, que bajo férreo y dictatorial accionar Rosista, además de desconocer tantos derechos elementales, también otorgó a la eminente nación, una unidad territorial que se mantendría en el transcurso de los años.

Sobrevendrían años más tarde, combates fraticidas, como la sangrienta Guerra de la Triple Alianza, en donde la valiente decisión de los trabajadores de los astilleros correntinos, quedaría en los anales de la historia, al declararse en huelga, para no seguir construyendo armas que fueran utilizadas para aniquilar a los hermanos paraguayos.

La historia no detendría su curso, e independientemente de la visión ideológica que se tenga de nuestro pasado, ni la generación del ´80, ni los conservadores, ni los radicales, ni los peronistas, ni los desarrollistas, ni los militares, ni las diferentes expresiones de los grandes partidos que ocuparon el poder en la democracia, se han encargado de generar una política de estado, propicia y atinente, a los fines de desactivar, el grandilocuente y paralizante, centralismo unitario, que aún continúa desde aquellos tiempos, en donde se estaba conformando nuestra nación.

Se podrían escribir tratados enteros, con datos estadísticos y con citas de documentos oficiales, para avalar, lo que es conocido y reconocido por todos, pero que sin embargo, pese al paso del tiempo, seguimos arrastrando, cuál estigma diabólico, que podría constituirse, como uno de los pilares, de los males que nos atañen como país.

Aún se encuentra vigente la Ley Nacional, impulsada por el ex presidente Alfonsín, para trasladar la capital gubernamental a una ciudad patagónica. Proyecto retomado, por un ex candidato presidenciable, en los últimos comicios, el Dr. Rodríguez Saá, con la variante, de que el traslado se haga a una ciudad cordobesa. Habría que remitirse sí no, a los trámites parlamentarios de ambas cámaras de la nación, o incluso consultar a cuanto legislador nacional haya adquirido la condición de tal, para que comenten, desde hace cuanto (y sobre todo en el punto de la coparticipación federal) se intenta trabajar sobre proyectos, que desactiven, al menos paulatinamente, el centralismo unitario que arrastramos y nos lacera.

Claro que esta aquí, nos remitimos, a lo que se puede documentar, y porque no decirlo hasta aspectos sumamente obvios.

Pero, como toda acción comunitaria, existe un corpus cultural, que sostiene y subyace, esta realidad lamentable e irresuelta, que nos condena a vivir bajo un régimen de unitarismo centralista, más allá de las declaraciones de la carta magna y de los relatos de los libros de historia.

Manifestaciones, acciones y costumbres que traccionamos desde las épocas en donde nuestro país, ni siquiera era conocido por su nombre actual.

Hoy, tataranietos de aquellos gestores de nuestro pasado, nos seguimos comportando, bajo los preceptos antagónicos y de confrontación, como los que hubieron de llevar, a los primigenios Florencio Varela, Juan Manuel de Rosas y demás, al espeluznante conflicto sangriento y civil.

Es un secreto a voces, que en la actualidad, el hombre del interior es discriminado en todos los sentidos, por un capitalino o un porteño. Incluso más, quién ha nacido más allá de la general paz, sabe y tiene conciencia de su situación de ciudadano de segunda. La calle, el vulgo o la gente, se dirige con términos más concretos y más hirientes. Un Jujeño o Salteño, es llamado directamente Boliviano, otro tanto ocurre con Correntinos o Formoseños, que son calificados como Paraguayos. Llega a tal punto, el aferramiento a las pautas culturales, de nuestro país centralista unitario, que muchas veces se dice, con humor por cierto, que todo lo que este límites afuera de la capital federal, pertenece a la barbarie. Innumerables cantidad de ejemplos, se podrían mencionar y que dan entidad, al pensamiento colectivo, que sostiene, la no concreción de un verdadero federalismo. Habría que preguntarse, que van a buscar los cientos de miles de provincianos, que pueblan las villas miserias del conurbano, para estar más cerca de Dios, dado que este, según el adagio, atiende en la capital. Tendría que preguntarse, usted, caro lector, sí es que habita en el interior, cuantas veces tuvo que recurrir a un viaje, para resolver un tema de salud, estudios, de negocios o de divertimento, a la tan cálida y a la vez unitaria metrópoli. En el caso de que habite en la Capital o sus adyacencias, seguramente ya ha recordado, alguna vez, que al menos pensó con términos despectivos hacia sus coterráneos, nacidos en el interior.

Por supuesto que este aspecto fundacional de una república, irresuelto como en nuestro caso, no se solucionará de la noche a la mañana, menos aún si llevamos más de 160 años de continuidad, con el modelo unitario centralista.

Al menos debería constituirse en una bandera, que sea mucho más que proyectos o buenas intenciones, como lo hasta aquí demostrado por nuestra dirigencia en este punto. Incluso debería ser un desafío para intelectuales e historiadores, que siguen pugnando por defender el accionar de diferentes héroes. A la altura de las circunstancias, cabe preguntarse, lamentablemente y en defensa de un verdadero federalismo, sí no hubiera sido mejor que el proyecto llevado a los anglo-franceses, por el unitario Florencio Varela, resultara triunfante, por sobre la, supuesta, política de unidad federal, que forjó Don Juan Manuel de Rosas.


La Correntinidad al Palo

Por sí algún entusiasta, trasnochado o consumidor de sustancia que obstaculice el raciocinio, la matriz social y política de la provincia de Corrientes, no variará un ápice en sus conceptos fundamentales, que la destinan como el conservatorio de los principios morales más destacados de tradiciones decimonónicas, cuando el mundo estaba lejos de tanto relativismo y posición libertaria. Librepensadores, loquitos, faloperos y todo quiénes osen exclamar un estado diferente de cosas, tienen un único destino, el psiquiátrico, dado que partidos provinciales, los nacionales con sus delegaciones y delegados y por sobre todo la filosofía de vida instituida por el Catolicismo cultural, el que tanta sangre india regalo a su tríada divina para imponer, enajenar y establecer un status quo, una forma de ser, una vela, una oración, muchas iglesias, santos, días festivos, todo permitido pero para unos pocos, que jamás deben reconocer, ni siquiera entre ellos que hacen cualquiera, menos para el afuera, en el afuera hay que condenar, suprimir, al diferente, a las familias, por más que sean miles, que están más allá de las cuatro avenidas, divina división, a los putos, redondos, trolos, por algo la primera pareja que oso casarse en Corrientes, ya esta en Buenos Aires, en esa surte de Sodoma y Gomorra, donde tantos van a cometer sus pecados a vivir una vida inaceptable para la santa y sagrada correntinidad. Correntinidad que se refleja en tan pocos, que tienen posibilidades, por más que no les sea dado, por más que no se esfuercen, ni tengan capacidad, no importa, están dentro de ese núcleo selecto, recalarán en la justicia, en la legislatura, los más aventureros tendrán un emprendimiento, productivo o de servicio, que le venda al estado, que lo enaje, sí ese estado esta para ellos, ¿cuántas serán? Doscientas o trescientas familias, a lo sumo, se podrán incorporar algunas más, pero no intentando cambiar, sino cumplimiento obcecada y obedientemente el conjunto de reglas que ya viene preestablecido, que se ha llevado puesta las transformaciones de Perón y del Kirchenrismo, dado que en Corrientes, nadie quiere ni más inclusión, ni más derechos, que es eso?, para que? A lo sumo y como mucho, a los negros, a los crotos, pan dulce en las fiestas, el plan, una pala, una netbook (porque viene de allá nomás) y listo, que más pueden querer, la provincia es de este grupo, de sus fiestas, sus tradiciones, sus premiaciones, sus héroes, su relato. Todo lo que se diga en contra, incluida esta sarta de sandeces, amerita la condena, el repudio, el escarnio y porque no en nombre de las mayorías pudientes, la cárcel y el destierro a quién se pronuncie de tal manera, por ello y más que nada, por lastima nos reservamos la fuente.





El Valor de Recuperar la ideología en la historia

A quiénes derraman tinta meliflua, seguramente provienen del muladar de las almas egoístas, y el gobierno nacional y popular les debería cobrar un impuesto por estigmatizar, con esa hipócrita concepción de que pelean por la libertad y la esencia de la humanidad, cuando tan sólo persiguen el pueril objetivo de ver engordadas sus cuentas bancarias, por intermedio de sus gordos patrones que circulan en voluptuosas camionetas a doble tracción.

De lo contrario no se entiende; en caso de que se hayan educado en instituciones privadas enjuiciar a los directivos, o en caso de haber asistido a las públicas, volver a sentarse en los pupitres, o lo que sería más fácil y justo, dejar de engañarse a ellos mismos y a la comunidad toda, y más aún cuando esparcen sus garabateos en el teclado y le dan un enviar desde sus cuentas de correo electrónico, para decir que la historia es, fue o debería seguir siendo la sistemática tontería de billiken de héroes infantiles y fechas marcadas a fuego, el viejo y querido concepto cipayo, extranjerizante, vergonzoso, la befa tenaz a la inteligencia y la cultura general de que mediante la gaseosa y la hamburguesa, que remonta al pan y circo, al inacabable show de televisión, escudados en estos nuevos opios del pueblo, para decir que todo es gestión, administración, todo es aire y sol, nada se discute, todo es sonrisa, ninguna palabra levantada, ni rostro enjuto, el club de la buena onda, mientras ni siquiera estos escribas, ni sus padres educantes, manejan la cosa, lo hacen sus patrones, esos gordos egoístas, y hablamos de la gordura no en cuanto enfermedad, que la es, sino como actitud egoísta, de dominio clasista, esas panzas abotargadas de vinos caros, de carnes grasosas, de lujuria vip, de palcos, de excesos, todo lo que muy pocos sabemos, porque la gran mayoría aún sigue sin saber, pero con la diferencia de que no todos tenemos o hemos elegido la triste, petulante y masturbatoria finalidad de tratar de ser como otros, de esos otros encima que son como son, como ya los describimos y usted los conoce, sino simplemente ser mejores, como lo quiera dios o quién diablos, pero al menos un poco más justos y solidarios.

Como el oculto pacto, sellado en la exultante corte de san Valentín, de un opulento seno materno succionado por una vergonzosa membrana que va tomando forma de labio de un pequeño o del conmovedor encuentro entre una temblorosa y desvencijada mano con un firme y lustrado bastón. Como el declarado concilio, firmado en el facineroso palacio de Cupido, de una reluciente joya introduciéndose con angelical parsimonia en el miembro extendido del amado, o de un virgen diploma entregándose con académica solemnidad en manos de un ansioso profesional.

Nada más y nada menos que el versátil, fulguroso y mítico circuito de causa consecuencia.

Nos los existentes, del mundo nominalizado Universo, reunidos en una porción de espacio físico, por voluntad y decisión de nuestro libre albedrío, en cumplimiento de preocupaciones profundas, con el objeto de constituir la unión de los particulares, afianzar la libertad, consolidar la verdad, proveer el espacio necesario al saber, promover un movimiento cultural de vasta amplitud y asegurar los beneficios del bien como fin último: Para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del Universo que quieran participar de este movimiento; ratificando la irrevocable decisión de constituir un mundo socialmente armónico, económicamente independizado de la voluptuosidad de las representaciones que puedan sujetar el espíritu y políticamente locuaz acerca de una idea que persiga al saber e invocando la protección de toda divinidad o de ninguna, exclamamos, brindamos y establecemos este texto para toda la inconmensurable cantidad de seres humanos.

“Ser libre es actuar para transformar lo que existe¨.
C. Marx
Pobrezas Mutuas


Noches amorfas, noches bizarras, teñidas por la claridad de la destrucción y ocultas por la oscuridad del alba. Tiempo estancado en el vértigo de la nada, eternidad estampada en el seno de la voluntad aniquilada. Tales sensaciones absorbían mi espíritu, cegando mis pensamientos, que pugnaban en forma vana por hálitos de coherencia y calma.
En tal averno hube de conocer la metafísica de los pobres, la verdadera filosofía inherente a la condición humana. Comentarios desgarradores, historias de horror, impregnadas de sufrimiento y espasmo. Menesterosos y parias que permanentemente hablaban de amores, traiciones y valores. Eximios docentes que daban cátedra acerca de la vida, de sus tragicómicas caras. Los pobres y sus desdichas, los cuales los llevaban a una reflexión permanente de la naturaleza del ser, contrastaban seriamente con la visión de los pudientes y sus máscaras, pues expropiados de lo superficial, impedidos de acceder a los objetos materiales y obligados a permanecer en el mundo de la escasez, ostentaban, con soberbia humildad, el más preciado de los bienes; La libertad del pensamiento y con ello la reflexión profunda. A mis oídos llegaban frases comunes, que poseían lo conciso y certero de la experiencia, relatos plagados de dolor, que ocultaban lo angustiante de las lágrimas, pues los carenciados no entregaban la cruel verdad de sus palabras y en cambio transmitían la sabiduría elevada, esa que habla de las mortificaciones y placeres permanentes, constitutivos, por antonomasia, de la esencia más enconada. En la voz de los menesterosos, encontraba el bálsamo justo y con ello el baño bautismal en sacras y templadas aguas.
Paralíticos, drogadictos, niñas violadas, conformaban el coro de ángeles que la existencia me brindaba. Excusas perfectas como para descubrir luego la metafísica de los pobres y con ello la verdad del alma.
El hombre de letras busca el beneplácito, y con ello el aplauso, del público, porque es la única medida de su éxito. Tal congratulación no lo convierte en un buen o mal literato, simplemente lo transforma en un escritor con lo que ello significa. Los hay soberbios y humildes, adinerados y miserables, sufridos y felices, premiados e ignorados. La edad, el lugar de nacimiento, el color de la piel y lo agraciados o no que puedan ser, poco tiene que ver con la condición de un verdadero hombre de letras. Algunos las musas, algún santo pagano, cristo o satán, los nutren a otros un mal de edipo, un amor no correspondido o una tragedia insuperable los transportan al desahogo por intermedio de la escritura. Existen también los que toman la actividad como un oficio, se entregan con estricta rigidez a un horario pasando arduas jornadas como para llegar al logro de un texto acabado.



En fin, como todo oficio los medios son varios como para acceder al objetivo, que, sin embargo, es único, recabar en las profundidades del ser humano para llevarlo a la superficie de lo verdadero y de lo comprensible.

Como en cualquier actividad también hay que demostrar capacidad, sólo que esta no pende de un examen académico o a una prueba laboral, más bien guarda relación con un permanente sortear de obstáculos de índole existencial, pues el escribir esta estrictamente relacionado con la soledad no solo físico sino también espiritual, la cuál muchas veces insta al escritor su vida abandonar, de tal combate es harto difícil salir triunfante y por lo general se acaba solo, loco o junto a las estrellas por un apresurado deseo de lo eterno alcanzar.
¿Por qué escuchar la supuesta erudición de algún dinosaurio del pensar?. ¿A que se debe que los miles de galardonados catedráticos sólo repitan hasta el hartazgo bellas construcciones teóricas, sin siquiera pensar en lo que dicen o dejan de decir?. ¿Cuál es el motivo que los alumnos detentan como para interesarse exclusivamente en sus nimias existencias, decoradas por ciertas pavadas de momento?. ¿Dónde ha quedado la grandeza del hombre, esa que hace pensar abstracciones generales, que indaga en las eternas preguntas sin respuesta, esa que transforma en inmortal a un simple ser dominado por la carne?. ¿En que nos hemos convertido, acaso en fantasmas influenciables por rancios libros y por petulantes y vacuas ideas que los medios de comunicación nos propinan, acaso en meros títeres payasescos que deambulan en el espectáculo circense llamado vida?

¿Y los escritores donde están?, y ¿los artistas?, lo que debería darse en llamar ¿progresismo?, ¿la supuesta oposición conceptual al conservadorismo?, juntos o separados, parece que a nada de esto se le animan, los que deberían estar dando la pelea grande.
La falta de ideología o en el mejor de los casos de convicciones, arremeten con crudeza en nuestra paupérrima clase dirigente (no solamente la política como se acostumbra a asociar), cuando determinados tópicos se cuelan en nuestra agenda, se entrometen, cuál virus nocivo en un cuerpo, inesperadamente, sin permiso y señalando la debilidad esencial.

El azar, la necesidad y esas sandeces

Invitado a pensar que la realidad, hace un lugar, a quienes proyectamos, desde el inicio de la conciencia, un plan una idea, pletórica de contenido y sentido. Respiro feliz, cierto aire de realización, triunfo, invade aquello abstracto que se convierte en el alma palpable, tangible, presente, algunos han pensado al azar como necesidad, elemento vital para la teleológica propuesta, del primer padre, sea por desconocer la existencia de este trazado, por adolecer, de esperanza o por pensar sin yugos protectores y ante la indómita, soledad de la nada, la suerte se me figura como el armazón, natural y gratuito de los débiles, las almas mustias, se transforman en algo merced a barquinazos, producidos por el libre y caprichoso danzar del azar, que de tanto en tanto, salva de su condición a quiénes no tienen nada más que su nominalizad, no debería ser motivo de infelicidad que la improvisación, en manos de estos neófitos, que por un golpe de suerte se transformaron en algo, pero ocurre, dado que el mundo nos pertenece a todos y a nadie a la vez, Siempre estuve y estaré en mis propias manos, que garabatean, vocablos insolentes para el sentido, he aquí mi huella, inmortal, por más que sólo acuda a ella, antes de regresar de donde provine. Sin mendigar ni protestar por la ausencia o presencia del azar, evitando que el viento, deposite la hoja donde su curso imprevisible lo indique, habrá pasado, y con ello, uno se irá, sin depender de nada igualmente, en un rincón. La memoria, obligara a la diosa fortuna, a advertir, palabras, que me consta ,que al menos le hacen pensar.

No preguntes más nada


Me había quedado muy claro, nada se lograría sin la aquiescencia de quién tuviera el poder, independientemente de cómo lo haya obtenido, o lo que es peor, de cómo lo conservara.
Nada, me volvió a agarrar ese ataque, esa picazón en las zonas pudendas, como una especie de ladilla metafísica que se sitúa en los órganos velados por la ropa, porque demonios no tranquilizarme acaso, no desear ser eso, no querer hacer nada más que respirar felicidad rodeado de los míos, comer, dormir, nada más o mejor dicho, que más, para que cambiar, la ideología y esas cosas enfermizas, aceptar el legado, el destino, el karma, la voluntad de dios, recostado en un lapacho, abotargado de vino o agua mineral, el principio budista de no desear, o el cristiano de aceptar, todo sea, por algo que no implique esas ganas de algo, de ese algo soberbio, petulante, estúpido, de cambiar, de poder, de transformar, con palabras, ideas, filosofía, política, porque la desgracia de no ser feliz tan solo con patear una pelota, mirar televisión, darle de comer a las palomas o simplemente caminar, porque ese vértigo, ese fuego fatuo que me impulsa a decir estas cosas, a la burda maniobra de pretender zaherir al poderoso, o los que el poderoso lego su poder en la tierra, que lástima, que mala fé, que desperdicio, cuál será el punto final para este sometimiento de ser esclavo de lo que uno pretende cambiar, y sí en definitiva la eternidad es precisamente lo mismo, es decir la repetición de, entonces ya ni siquiera la muerte es salida, y queda el resquicio de ese rincón del costado, ese milagro no esperado, de que de una buena vez uno amanezca curado, por arte de magia, porque el prestidigitador se aburrió de nuestro padecimiento, porque la ciencia invento esa pastilla tan necesaria de conformarnos con lo que tenemos, erradicar el maldito espíritu crítico, esa mosca en la oreja, esa picazón, la náusea, el momento en que todo se nubla, el minuto después del partido de fútbol, o del sexo, tan sólo un instante, esa temporalidad que también es demoníaca, sentirse como en los tiempos de estudiante universitario, teniendo una mujer demandante, una casa a mantener, un hijo creciendo y padres grandes, es como que nada se detiene, que no hay fondo, que todo es caída libre, que uno no aprendió nada, que el cuerpo, más flácido, más envejecido, ya no te aguanta los excesos, te hace temer, y nada uno ahí estoico, grandioso, inmejorable, aferrándose a esa puerilidad de la esperanza, a esa vacío sin tiempo, o para que un buen pedazo de vacío sea todo el tiempo la única preocupación, ocupación, negar todo, olvidarlo, las luchas, los porqués, los deseos, hacer un back up, del espíritu, que todos los santos te nutran día a día, ser albañil y nunca haber pensado, tan sólo, ser esclavo sin conciencia de, vomitar y defecar, al unísono de tantos conceptos, libros, teorías, estupideces de locos, truhanes y enfermos como uno, que legaron tanta pavada junta, para que otros nos contagiemos de ese cuestionamiento permanente, esa insatisfacción que el psicólogo o la psicología no pueden explicar, esa basura enlatada que debería ser expulsada de este mundo para que vivamos felices, sin preguntarnos más nada.